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ABC VIERNES 21 1 2005 Espectáculos 65 La vida es un milagro Madame Brouette El amor en tiempos de guerra FEDERICO MARÍN BELLÓN La realidad se come a la ficción ANTONIO WEINRICHTER Mejor músico y peor cineasta que Woody Allen, aunque tenga en su improbable vitrina Palmas, Leones y Osos, Kusturica atesora un estilo tan reconocible por los sentidos como el de Fellini, capaz de apasionar o aburrir incluso al mismo espectador. En La vida es un milagro el director yugoslavo pone sobre el tablero balcánico las luchas intestinas que han resquebrajado a sus habitantes, frustrado carreras, mutilado vidas... pero que han sido incapaces de aniquilar el amor. Kusturica no se deja abatir por esa guerra incomprensible y se parapeta tras su cámara armada de música y de vida, infestada de animales y sonrisas zíngaras. El cineasta muestra a un pueblo bullanguero, con un talento desorganizado para lo bueno y para lo peor. Hasta Berlanga parece un primo lejano por sus escenas de caza, sus encuadres abigarrados y sus negocios sucios entre caciques y francotiradores del pelotazo. Kusturica no lucha contra el carácter de sus semejantes, lo asume y exprime la pasión que mantiene vivo a un pueblo que no ha tenido una generación sin al menos un par de guerras en su memoria. De esa proximidad con la muerte tiene que surgir tanta energía, esa forma de agarrarse al amor de Luka, delicioso protagonista serbio enamorado de su prisionera musulmana. El ingeniero Luka no ve el mal ni cuando estalla ante sus ojos. Él sabe bien que cuando sólo importa el amor hasta la paz puede ser una mala noticia. Con esta y otras contradic- Dirección: Emir Kusturica Intérpretes: Slavko Stimac, Natasa Solak, Vesna Trivalik Nacional. Yugoslavia- Francia, 2004 Duración: 155 minutos Calificación: ciones crece la cinta, sin la falsedad del cine bélico de siempre, ni las simplificaciones de los medios de ahora. Entre tanta destrucción cabe el plano más hermoso: Natasa Solak compartiendo una rebanada con un gato, los amantes rodando por la ladera, el deseo buscándose bajo la cascada... Son demasiadas pistas para un mismo circo, pero si no se creen su imposible final feliz con el amor asomando del túnel más negro que ha horadado el hombre es que están muertos. Parafraseando al profesor Godard, podríamos decir que la tradición audiovisual de un país africano como Senegal cae del lado de la no ficción: reportajes televisivos y documentales que rinden cuenta de la miseria, la epidemia o la devastación son la única noticia, la única imagen que conocemos de un país tercermundista. Pero ¿cómo sería un cine de ficción africano? Las muestras nos llegan con cuentagotas y ésta película de Moussa Sene Absa, que debe ser la primera en estrenarse desde aquellas de Cissé o Boughedir, parece sugerir este patrón: una cierta pobreza de medios o de acabado, que tampoco importa demasiado, y una preferencia por un tipo de relato sencillo o ingenuo que remacha los puntos que quiere establecer con unos diálogos que a veces caen en lo explicativo o en lo telegráfico. Es decir, narrativamente estamos a la altura de... el cine subjuvenil con que nos anega Hollywood. La verdadera novedad de la película de Sene Absa proviene de la forma en que la realidad invade su pequeño relato con moraleja: los personajes y las situaciones pueden estar diseñados con cierta brocha gruesa, pero cada momento, cada esquina del plano, se ven invadidos, desbordados por el mundo sonoro, colorista y vital, que rodeaba al equipo de rodaje. En ese sentido, aquello que no controla el cineasta, o por darle un voto de confianza, lo que el cineasta deja pasar del intenso mundo real que se agolpa a las puertas de su teatrillo, es lo que le Dirección: Moussa Sene Absa. Intérpretes: Ousseynou Diop, Rokhaya Niang, Aboubacar Sadikh Bâ Nac. Senegal, Canadá, Francia, 2002. Duración: 104 minutos Calificación: da verdadero sentido al proyecto: como decíamos, el tercer cine parece condenado a lo real... Por lo demás, la película cuenta con pertinencia un caso de abuso doméstico y emancipación femenina no tan exótico entre nosotros; y, fiel a la tradición oral autóctona, va comentando la acción con la presencia de un delicioso coro griego- africano que anima bastante la función.