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ABC VIERNES 21 1 2005 Opinión 5 Sin rodeos Terció ayer Manuel Fraga en la polémica sobre el uso del preservativo para asegurar que toda mi vida he dicho verdades sin condón y pienso morirme sin ponerme ninguno Genio y figura, el presidente de la Xunta echa mano de la retranca en una buena muestra de lo que es predicar conel ejemplo y mostrar, sin ambigüedades, lo que cada uno piensa. Fraga, libre, se queda con la Iglesia. Oportunidades de enero El reciente acuerdo escenificado en La Moncloa entre el presidente del Gobierno y el líder del PP no ha impedido que la inquietud siga circulando entre quienes observan con temor los efectos colaterales del plan soberanista del lendakari, con ETA al fondo. La mínima oportunidad que Zapatero dijo el pasado miércoles que trataría de aprovechar para establecer un diálogo con la banda terrorista fue ayer descalificada por Rajoy, quien insistió en la idea de que la única vía de aproximación a ETA pasa por el abandono de las armas. Lo demás es echarle gasolina a una máquina de matar y de mentir. Espectacular Ni siquiera Mar adentro de Alejandro Amenábar, logró salvar los muebles del cine español en 2004, año que se salda con una pérdida de tres millones de espectadores para las películas nacionales. Aunque aumenta la taquilla, de la que se benefician las producciones americanas, el cine español sigue sin tocar fondo en su caída, seguida con desinteréspese a su hollywoodense espectacularidad. EFE Paisajes urbanos. Miles de musulmanes residentes en España se reunieron ayer en mezquitas, centros culturales y polideportivos para celebrar la tradicional fiesta del cordero y conmemorar con amigos y familiares el sacrificio de Abraham, al igual que hicieron la mayoría de las comunidades islámicas del mundo. El cordero degollado es el elemento principal de la fiesta y, tras encargarlo a los mataderos, se reparte en tres trozos: uno para la familia, otro para los amigos y allegados y el último para los necesitados. En la imagen, el imán de Almería, Abdalah Mhanna, se dirige a los musulmanes que asistieron a la concentración del parque de la Almadravillas, en pleno centro de Almería. TAN NORMAL ROSA BELMONTE UANDO Don Juan Carlos y Doña Sofía van a Marruecos se sienten como en casa (o mejor como reyes, porque hay que ver cómo los tratan) Cuando Mohamed VI venga a España no sé si se sentirá como en casa, pero, desde luego, el vecino del norte le va a resultar de lo más familiar (más allá de la Alhambra, la Mezquita de Córdoba y todas las localidades que empiezan por Al) Ahora sería C el momento adecuado, teniendo en cuenta la celebración de la fiesta mayor del calendario lunar musulmán, que comenzó con la oración (en mezquitas, polideportivos o parques) y continuó con el cordero degollado. La fiesta del sacrificio conmemora ese episodio de la Biblia, recogido por Mahoma, en el que Dios pone a prueba la fe y la obediencia de Abraham al pedirle que sacrifique a Isaac, su único hijo (que su mujer, Sara, había tenido ya centenaria; eso sí es una primípara añosa, todavía más que esa intrépida e insensata rumana y no digamos que las jóvenes parturientas de 40 años) Abraham se muestra dispuesto a hacerlo, pero, en el último momento, Dios permuta al niño por un carnero. Menos mal que pegó el cambiazo, si no menudas celebraciones tendríamos ahora. Mis vecinos de edificio, que no han leído la Biblia, ni el Corán, ni la Torá, ni siquiera Juan Salvador Gaviota llevaron hace unos años al orden del día de una reunión de propietarios el asunto del borrego asado en la azotea (que no es un título de Tintín) Parece que alguien fue a tender la ropa y se encontró con una barbacoa regentada por los inquilinos del 1 B, que no hay ni que decir que eran musulmanes y celebraban la fiesta del cordero o del sacrificio. Adi al- adhá, dijo alguien. A la bimbombá, respondió la que pretendía tender la ropa antes de ir a chivarse de la extraña reunión. Mis vecinos siguen sin haber leído la Biblia, pero que los inquilinos musulmanes celebren la fiesta del sacrificio (aunque no en la azotea) les parece ahora tan normal como asistir a los Oficios de Jueves Santo. O disimulan muy bien.