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ABC VIERNES 21 1 2005 La Tercera GEORGE W. BUSH, 2005- 2008 E L presidente George W. Bush inauguró ayer su segundo mandato. Se dicen muchos lugares comunes en estos casos, la fría mañana de enero, la solemnidad, las escaleras del Capitolio. Pero América es, y esto no es una frase hecha, el país más poderoso de la tierra. Después nadie. Después Europa, China, Japón. A lo lejos India, Rusia, Brasil... América no será libre, -ha dicho Bush- si no hay libertad en el mundo. No aceptaremos la tiranía permanente como no aceptaremos la esclavitud permanente Esta ha sido la tónica general del discurso. Bellas palabras. Los buenos especialistas sostienen, sin embargo, que este mandato, ganado en una elección por incuestionable margen, puede complicarse. Sobre todo por tres razones: guerra de Irak, desequilibrios económicos, tensiones entre unilaterales y multilaterales. Para empezar por lo último: algunos inteligentes conservadores- -Robert Zoellick, nombrado número dos del Departamento de Estado- -han advertido al presidente. Con el 21 por ciento de la producción y el 4,6 por ciento de la población del planeta, no es fácil para Estados Unidos exigir de los demás actores obediencia y disciplina. Hay que mandar, pero hay que pactar. Por lo pronto con dos potencias, Europa y China. Europa es, para Zoellick, una vieja tortuga política, persistente, tozuda y acorazada por muchas conchas. Pero es un temible rival comercial, financiero, tecnológico y quizá pasado mañana militar. China es una realidad apremiante para Estados Unidos. El porvenir del dólar depende del ahorro chino, asiático y europeo. Su actual índice de crecimiento parece insostenible. Pero si desciende al 7 ó 8 por ciento, China alcanzará más o menos en treinta años a Estados Unidos. Desde tiempos de Deng Xiaoping, la clase política china ha demostrado una habilidad excepcional para cabalgar el tigre. No nos atrevemos a escribir esta clase de resúmenes: pero los científicos sostienen que el equilibrio de China dependerá de la dosis de reforma y el mantenimiento de las estructuras que consiga el partido único. Segunda cuestión: es posible que Bush cambie los equilibrios económicos. Las iglesias tienen sus doctores, pero los ciudadanos vemos grandes riesgos. No hay potencia que pueda hoy sustituir a Estados Unidos. El volumen creciente de su déficit presupuestario y la magnitud de su deuda, pública y privada, se han disparado al espacio sideral. La propuesta de Bush, privatizar la parte mayor de la seguridad social, creará posiblemente nuevas bolsas de pobreza en una sociedad opulenta, si bien cercana a la suspensión de pagos. La experiencia británica enseña cómo al menos el 75 por ciento de aquellos que hicieron privadamente, año tras año, una aportación a su cuenta para la vejez no han logrado el ahorro necesario para alcanzar una pensión digna. La propuesta privatizadora de Bush producirá liquidez para estos cuatro años, pero será un golpe para la prosperidad general. La seguridad social británica disponía de activos muy superiores proporcionalmente a la americana. Gran Bretaña Antes de un mes el presidente desembarcará en Europa. No dirá que la Comunidad es la primera potencia en soft- power del mundo, pero lo pensará ha tenido magníficas compañías privadas. Pero también ha habido empresas aseguradoras sin escrúpulos, especializadas en burlar la ley, defraudadoras. El Estado no suele defraudar. Hay conquistas estratégicas de las que es difícil volver atrás. George W. Bush es un gobernante intuitivo, simpático, extremadamente rápido, consciente de sus plazos, cuatro años más. Su cortoplacismo puede, no obstante, constituir un peligro. Pero quizá surja algo que le advierta, en este segundo mandato, de la existencia de la Historia, ignorada por él en sus cincuenta y nueve años. La Historia puede decirle a solas en el despacho oval que la gobernación de la primera potencia no es sólo cuestión de formas ovales. La aparición de la tortura en América, que no trataremos hoy, deshonra a la gran república. La invasión de Irak, las decenas de miles de muertos, revelan algo inquietante. Atención: el tsunami se ha cobrado 200.000 vidas en un día, pero el respeto no se mide sólo por el número de muertes, sino por el modo de morir. Existe bajo la apariencia civil una capa espesísima, aguas profundas, seis u ocho mil metros de barbarie, venganza, carnicería, crueldad... Sobre ese oscuro mar hay una capa flexible, plástica, que llamamos civilización. Es una capa fina pero adaptable y, a juzgar por los resultados de estos veinticinco siglos, resistente. El cambio introducido por Ben Laden y sus colaboradores el 11 septiembre de 2001 casi ha logrado romper la capa de contención. La inmensa mayoría de los americanos están avergonzados, según explicó la recién desaparecida, llo- rada Susan Sontag. La tortura no es solo inútil: acarrea enormes costes. La destrucción de ciudades (Faluya) o el encarnizamiento con los prisioneros sólo se practica por quienes pierden las guerras. El escándalo ha sido inconmensurable. Bush, con inteligencia táctica, trata de rectificar en Irak. Ha reconocido que la insurgencia, más la resistencia, más la delincuencia, forman un peligrosísimo caldo de cultivo, un infierno que es necesario compartir, por lo pronto con los aliados occidentales. Tenía razón Antonio Garrigues al escribir ayer en este mismo espacio: Alemania, Francia, España, pero también Canadá, Brasil, Suráfrica, habrán de plantearse cómo ayudar, sobre todo a Irak, y en qué condiciones. Es cierto: mientras Bush hace invocaciones abstractas a la gloriosa democracia, aumentan los atentados, crece el número de muertos. Por el momento no hay plan estratégico alguno de Estados Unidos en Irak. También por esa razón Bush empezará una relación distinta con la Unión Europea: una relación de respeto, lo contrario de lo ocurrido en 2000- 2004. Antes de un mes el presidente desembarcará en Europa. No dirá que la Comunidad es la primera potencia en soft- power del mundo, pero lo pensará. Reconocerá el peso de la Unión Europea y reconocerá cómo ese poder no ha hecho sino crecer y afirmarse en los últimos cincuenta años. Ha sido un error atacar y dividir a los aliados europeos. Pero la rectificación llegará, ha llegado ya, en parte con el escéptico e inteligente Zoellick. Un paréntesis antes de terminar. La influencia, el peso del dinero como único valor superior ha sido señalado por muchos autores, entre otros el admirable William Pfaff. Nadie niega la fuerza de los medios de pago. Pero si el dinero lo pudiera todo, la vida sería una mera pelea por obtenerlo. La creatividad, la inventiva, la generosidad, el sentido del sacrificio, la gratuidad del arte por el arte que han dado vida a América, se vendrían abajo. La fuerza que ha caracterizado a europeos y americanos es la pasión por lo desconocido. Ya sabemos que para investigar son indispensables la organización y los medios. Pero el dinero entendido como principio y fin de todas las cosas es mal rollo, omnívoro y destructor. Mandamos, cómo no vamos a mandar, nuestra felicitación a GWB. Pero le pedimos algún respeto a la realidad, en la que él cree que cree. No conviene confundir, como en los cuatro años pasados, la realidad con el deseo. La realidad es un conglomerado misterioso, que obliga a adaptarse a las gentes más duras, incluso a las gentes de Texas. Los grandes países asiáticos han demostrado su decisión al enfrentarse a la pobreza: y ha sido la política, la elección de grandes políticas, la que ha comenzado a sacar de la escasez a China e India. Ambos se han mantenido firmes, inflexibles ante el terrorismo. Pero ambos saben que es necesario invertir, emplear a los desempleados. ¿Quién se atreverá a negar la relación entre miseria y terror? DARÍO VALCÁRCEL