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94 JUEVES 20 1 2005 ABC Deportes Owen, que marcó el único gol del Madrid, muestra desde el cépsed su decepción por la eliminación de su equipo en la Copa del Rey a manos del Valladolid IGNACIO GIL El Madrid se autoexpulsa de la Copa Una penosa primera parte del equipo B provocó la salida de los galácticos Raúl, Ronaldo y Zidane después del descanso, pero su labor careció de empaque para aguantar el gol de Owen JOSÉ CARLOS CARABIAS MADRID. La secular tradición del Madrid para vencer en el último minuto de cualquier ruleta rusa le abandonó en su torneo maldito. La Copa del Rey castigó la displicencia del equipo blanco, apático y mortecino en el primer acto hasta que salieron sus galácticos. Y ni con Ronaldo, Zidane, Raúl, Owen y Gravesen, todo el material de primera necesidad, pudo proteger el 1- 0 y evitar el chasquido demoledor del gol del Valladolid. Una maniobra de Xavi Moré que parecía insípida le sacó los colores a Roberto Carlos y eliminó al Madrid de la Copa. El público del Bernabéu no admite medias tintas, clima de inseguridad y mucho menos, la sensación de abulia. Todo eso irrita más su sensabilidad que cualquier hándicap en su equipo. Y ante el Valladolid, el Madrid de la sección B expresó uno por uno todos los motivos de su rol secundario. No están los A en la plenitud de su visión galáctica, mucho menos los suplentes. El Madrid giró, por decir algo, en torno a la figura de Gravesen en la primera parte. El entusiasmo del danés resulta contagioso. Cubre metros, saca los codos sin provocar tumultos y maneja el balón con sensatez. No le pillará el toro. Siempre da la impresión de guardarse las espaldas. Entre ese nuevo bastión del madridismo, el gol semanal que siempre se espera de Owen y el banquillo colmado de estrellas, el Madrid vivió confiado ante un Valladolid sin mucho fuelle, corto en el despliegue, que no evitó la sesión de bostezos. Y eso que atravesó el ambiente anodino en el minuto seis, con un gran disparo de Sousa al larguero. La ausencia de incentivos- -mal Portillo, ansioso en su regreso- -volcó la pesadez del partido hacia la defensa. Como Celades tiene querencia hacia el pase atrás, el Madrid reculó hacia César y por ahí, sin que el Valladolid le exigiese mucho, con Raúl Bravo tiritando cada vez que le caía un balón a su derecha, el Bernabéu bajó el pulgar. Primero, susurros y después, pitos sin llegar a la bronca. Le inquietaba ese panorama en la eliminatoria y, sobre todo, el vacío de contenidos. Luxemburgo tiene escamas. Escuchó a la parroquia y no perdió el tiempo. Después del descanso agarró el partido por la pechera y dio paso a Ronal- REAL MADRID VALLADOLID 1 1 Real Madrid (4- 4- 2) César; Arbeloa, Pavón, Raúl Bravo, Roberto Carlos; Javi García (Raúl, m. 46) Celades, Thomas Gravesen, Jurado (Zidane, m. 46) Portillo (Ronaldo, m. 46) y Owen. Valladolid (4- 5- 1) Lledó; Rafa (Adúriz, m. 67) Jonathan, Mario, Óscar Sánchez; Xavi Moré, Robles (Iñaki, m. 14) Sousa (Chema, m. 60) Zarandona, Álvaro; y Losada. Árbitro Iturralde González (Comité Vasco) Enseñó tarjeta amarilla a Arbeloa. Goles 1- 0, m. 65: Owen cruza un buen disparo a pase de Raúl. 1- 1, m. 77: Zurdazo de Xavi Moré después de una estatua de Roberto Carlos. do, Raúl y Zidane por la chavalería, Javi García, Jurado y Portillo. La transformación tuvo más de efectos especiales que de realidad. Siguió jugando mal, carente de un patrón que no tenía con García Remón y al que aún no ha dado forma Luxemburgo. Pero no es lo mismo la amplitud de miras que pro- porciona Zidane, un eslalon de Ronaldo o el empuje de Raúl que cualquier iniciativa de los novatos. El Valladolid asumió que debía defenderse y el Madrid cacheó a su rival. Sin fluidez, a salto de las ocurrencias de Zidane o Raúl, no tardó mucho en hacer daño. Raúl se inventó una diagonal donde no había nada y Owen acudió puntual a su cita con el gol. Un buen derechazo y a la cazuela. Respiró el Bernabéu porque se había cancelado el agobio. No había lugar para la guillotina porque el Valladolid había dimitido desde que salieron los galácticos. No había enseñado casi nada, salvo su tendencia al agrupamiento hacia atrás. Pero además de un estado de ánimo, el fútbol es un estado de forma, y el Madrid cojea por el flanco izquierdo, donde Roberto Carlos es una sombra de lo que fue y Raúl Bravo, un proyecto hueco. Xavi Moré ingresó por ahí, el brasileño hizo la estatua, marcando con la ceja y el zurdazo atravesó los pulmones del estadio. Gol y el Real Madrid eliminado, apurando sus angustias y el peso de la maldición sin tiempo para materializar una reacción potable.