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ABC JUEVES 20 1 2005 25 La víctimas del tsunami en el sureste asiático se elevan a 221.000 tras los últimos datos conocidos Ariel Sharón aparca su veto a Mahmud Abbas y permite los contactos entre palestinos e israelíes Localización de 1. -Lugar del juramento los asistentes 2. -Coros 3.4.5.6.7. -Estación de Metro M d Ed de e o ific l S fic io en ina ad s o Ceremonia para un segundo mandato -Punto de acceso para Diputados público con entradas Diplomáticos azules Gobernadores Senadores Tribunal Supremo e Puerta Azul invitados de Bush (Constitution Ave. 8. -Medios de comunicación 9. -Banda de Marines 10. -Otros invitados Asientos (150.000) De pie (100.000) Puerta Verde Fórmula del juramento Trayecto de la Comitiva Presidencial New York Ave. Mass achu ssett Juro solemnemente que ejerceré con lealtad mi cargo de presidente de los e. Estados Unidos, y que haré todo lo Av on posible para preservar, proteger y uti stit defender la Constitución de los Estados Con Unidos. Que Dios me ayude. s Ave A La Casa Blanca Penn sylva nia A ve. Constitution Ave. Museo Nacional de Historia Capitolio de Washington Independence Ave. B El Capitolio (Noroeste First Street) -Plaza de la Judicatura- Estación de Metro- Punto de acceso para público con entradas verdes y doradas Con ut stit ion Ave 53 2 613 10 9 74 e. 8 -Sur del Capitolio- Estación de Metro M- Punto de acceso para público con entradas ve. rojas eA M Puerta Dorada (Noroeste Third Street) Puerta Dorada lv Pennsy ania Av Puerta Roja (Independence Ave. I pe nde nde nc Es Third tan Ave qu ary land Galería Nacional de Arte ison Nor Puerta Dorada Mad y Fou Puerta Dorada oes te M Stree t Puerta Amarilla (Suroeste First Street) rth S treet Puerta Dorada Puerta Dorada ve. (Suroeste eA Third Street) ndenc epe Ind M -Centro Federal- Estación de Metro- Punto de acceso para público con entradas amarillas y doradas CG. SIMÓN ABC añadido de abusos, torturas y detenciones sine die Pese a su victoria electoral en noviembre, con una legitimadora mayoría del voto popular que no obtuvo en su inicial desembarco en la Casa Blanca, George W. Bush sigue presentando un índice de aprobación de su gestión que no despega del cincuenta por ciento. Lo que en términos históricos desde la Segunda Guerra Mundial le sitúa en un rasero de listón de popularidad comparable a la de Richard Nixon al inicio de su segundo mandato. Aunque George W. Bush viene argumentando que su victoria sobre el senador John Kerry le ha otorgado un superávit de capital político que está dispuesto a invertir durante su segundo mandato, la batería de encuestas publicadas esta semana por los principales diarios de Estados Unidos coincide en una polarización política tan estridente como hace cuatro años, con dudas cada vez más grandes sobre la validez de la guerra selectiva de Irak, para cuya financiación el presidente tendrá que solicitar pronto un nuevo presupuesto especial estimado en 100.000 millones de dólares. Los invitados españoles Ana Botella, la concejal del Ayuntamiento de Madrid y esposa del ex presidente del Gobierno José María Aznar; su hijo José María Aznar; el responsable de política internacional de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, Rafael Bardají; el empresario Antonio Hernández- Mancha y el presidente de la Cámara de Comercio Americana en Madrid, Jaime Malet, asistirán hoy a los actos de toma de posesión de George W. Bush, según distintas fuentes consultadas por Europa Press. Botella y su hijo José María asistirán al juramento de Bush desde la tribuna de invitados especiales del presidente. En todo caso, la representación oficial española correrá a cargo del embajador en Washington, Carlos Westendorp. Según fuentes diplomáticas estadounidenses, la Administración Bush ha invitado a la ceremonia como representantes oficiales de los Gobiernos de todos los países a sus embajadores en Washington, no a jefes de Estado o de Gobierno, tal como es habitual en todas las tomas de posesión. Cumplir lo prometido En la arena doméstica, la Administración Bush quiere hacer realidad algunas de las reformas ya prometidas para el primer mandato, pero eclipsadas por la historia demasiado interesante sufrida por EE. UU. desde el recuento de Florida. Entre ellas destacan una privatización parcial de las aportaciones a las arcas de la Seguridad Social, una simplificación del laberinto de las regulaciones fiscales- -cuestión siempre delicada en un país que al fin y al cabo puede trazar su nacimiento a la El legado histórico de su presidencia choca con los problemas generados por los ataques preventivos Tras la derrota de Kerry, la polarización de la política nacional es tan estridente como hace cuatro años negativa de pagar impuestos- cambios significativos en la política de inmigración para permitir la entrada temporal de trabajadores extranjeros y poner coto a la explosión de litigios y querellas, además de mejoras adicionales en el sistema de educación pública. Ante tantas pretensiones, historiadores, analistas y columnistas hacen horas extra estos días advirtiendo sobre los peligros que representa una agenda de gobierno demasiado ambiciosa, haciendo memoria de la hermosa simplicidad acuñada por Ronald Reagan, con apenas unas cuantas pero fundamentales prioridades políticas. Pretensiones que además chocan con una transformación radical en las arcas del Gobierno federal, que han pasado de los superávits históricos logrados durante la Administración Clinton a déficits sin precedentes. Un diluvio de números rojos que el presidente Bush también se ha comprometido a cercenar. Bush se enfrenta además a una serie de anunciados conflictos con los cargos electos de su propio partido. Aunque los republicanos han aumentado este noviembre sus mayorías en ambas Cámaras del Congreso, el sistema electoral de listas abiertas convierte en incomprensible el concepto de disciplina parlamentaria. Destacados conservadores en el Capitolio no han esperado a la investidura para apuntar sus discrepancias con los planes de la Casa Blanca, sobre todo en cuestiones como Seguridad Social o inmigración. Eso, sin mencionar a los demócratas, que todavía conservan una minoría de bloqueo en el Senado. En vísperas de su segunda investidura, el legado del presidente Bush es to- davía una cuestión abierta en comparación con otros presidentes reelectos. Según ha explicado el historiador Allan Lichtman, profesor de la American University en Washington, el lugar de Busch en la historia es todavía un gran interrogante porque muchas de sus iniciativas no han pasado la prueba del tiempo. No sabemos lo que va a pasar en Irak. No sabemos las consecuencias económicas a largo plazo de su política económica. No sabemos lo que va a pasar con sus reformas domésticas 2 de febrero, fecha clave Para empezar a despejar este cúmulo de dudas habrá que esperar, por lo menos, hasta el próximo 2 de febrero, fecha prevista para el anual discurso sobre el estado de la Unión ante una sesión conjunta del Congreso. Momento de expresión programática en el que la Casa Blanca deberá empezar a poner en papel sus prioridades. Cartas sobre la mesa que también deberán materializarse en los inminentes presupuestos redactados con la noción de reintroducir una cierta disciplina fiscal en el gasto público de Estados Unidos. Con todos estos condicionantes y cuestiones abiertas, el lujo que no tiene Bush es el del tiempo. Los dos primeros años de su mandato van a ser decisivos para materializar su ambiciosa agenda, descrita como una versión conservadora de la Gran Sociedad impulsada por Lyndon B. Johnson. A partir de las elecciones parlamentarias de 2006, la capacidad de maniobra de su saliente Gobierno quedará mermada y empezará todo el debate de la sucesión forzado por las limitadas ambiciones políticas del vicepresidente Cheney. de Ed if Ra ofi icio yb cin H ua ou r s se n e