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24 JUEVES 20 1 2005 ABC Internacional Bush afronta su segundo mandato con una ambiciosa agenda, pero con un pesado lastre Irak, el déficit público y la polarización política del país, sombras de la espectacular investidura de hoy b Los dos próximos años serán decisivos para hacer realidad en EE. UU. una especie de versión conservadora de la Gran Sociedad impulsada por Lyndon B. Johnson PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. Dentro del muy medido guión presidencial de Estados Unidos- -limitado después de la era Roosevelt a un máximo de ocho años en la Casa Blanca- -el objetivo fundamental de un primer mandato es ganar la reelección. El del segundo, pasar a la historia. Liberado definitivamente de las obligaciones políticas ligadas a pasar la reválida del complejo sistema electoral estadounidense, George W. Bush llega hoy a su investidura con la ambición de hacerse con un puesto destacado en el ranking de grandes ocupantes del Despacho Oval. El presidente número 43 de Estados Unidos no ha ocultado su deseo de asociar su legado histórico al concepto de libertad: libertad política en el mundo y libertad económica en casa. Con su demostrada querencia a presentar los grandes problemas del momento como crisis trascendentales, Bush aspira a ser recordado no sólo por su firmeza ante los grandes retos planteados al comienzo de su primer mandato, encabezados por el doble mazazo de la recesión de 2001 y la ofensiva terrorista del 11- S, sino también por su ambiciosa agenda de reformas. Pero toda esta grandilocuencia histórica que incluye ganar la guerra contra el terrorismo, liberar Afganistán e Irak y democratizar Oriente Próximo, además de inyectar una dosis de neoliberalismo en el bolsillo de los estadounidenses y consolidar una mayoría conservadora en el Tribunal Supremo, choca con desagradables realidades. El uso de la fuerza en Irak, además de generar una de las mayores crisis en la historia de la ONU, ha aislado temporalmente a Estados Unidos respecto a buena parte del mundo, suscitando una oleada de antiamericanismo que no hubiera podido ni soñar Osama bin Laden en sus mejores días de total impunidad afgana. La doctrina de ataques preventivos aplicada para terminar con el régimen de Sadam Husein y la inquietud arrastrada respecto a las ambiciones nucleares de Irán y Corea del Norte han agotado de la noche a la mañana el copioso yacimiento de buena voluntad internacional que brotó entre los escombros de las Torres Gemelas. Además, la improvisada posguerra iraquí se ha convertido en una sangrienta pesadilla sin final a la vista, con el desprestigio Bush se dirige a miles de jóvenes congregados el martes en uno de los actos organizados con motivo de su investidura REUTERS