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ABC JUEVES 20 1 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY ¿Dónde quedará el mínimo entendimiento de ahora cuando llegue el proyecto catalán si de verdad va más lejos que el plan Ibarreche? CONFIESO MI ESCEPTICISMO E MANUEL ÁNGEL MARTÍN La tentación está en refugiarse en el nominalismo, en el mantra de no pasa nada, no pasa nada en lo importante es la paz a cualquier precio ZP: PASAR A LA HISTORIA ATASUNA ha tentado a Rodríguez Zapatero con ayudarle a pasar a la historia como el Tony Blair español que resolvió el conflicto político y armado de Euskal Herria. Tentación envenenada, en verdad. En la aceleración de los acontecimientos hay que estar atentos a las metáforas, a los símbolos y a los arquetipos utilizados, porque ellos nos dicen más que las declaraciones oficiales, casi tanto como las actuaciones de los protagonistas. Sobre la superficie sólo se dejan ver peces voladores, despistados delfines, y algunas aletas dorsales de los escualos más atrevidos, pero a través de lo visible se adivina el hervidero de negociaciones, envites, cálculos y propuestas que se esconden en las profundidades de las que sólo se emerge para manipular emocionalmente a la opinión pública. Especialmente frecuente resulta la deformación de la realidad actual a través de su comparación, involuntaria o provocada, con otros hechos o personajes muy diferentes, pero que están psicológicamente disponibles y se han consolidado como metáforas o arquetipos. Poco margen deja al análisis racional de las situaciones concretas el diagnóstico simbólico de que los americanos tienen un Vietnam en Irak, o que aquí podemos sufrir una balcanización o que alguien es un Judas, un Chamberlain, un Castelar o un Creso. La recientemente desaparecida Susan Sontag escribió un famoso ensayo contra la utilización de la enfermedad como metáfora, harta de que se utilizara la palabra cáncer para designar cualquier mal destructivo e irremediable. Y es que las metáforas- -y hasta la antonomasia- -las puede cargar el diablo. El presidente del Gobierno y líder socialista se enfrenta a una compleja situación secesionista donde el ritmo y la iniciativa están en poder de la parte contraria. La propuesta soberanista de establecimiento de un régimen de libre asociación entre la Comunidad de Euskadi y el Estado español- -sin renunciar en el futuro a la independencia- -es una estrategia sagaz, edulcorada con invocaciones a la hermandad de los pueblos, la autodeterminación, el pacifismo y la democracia- -todas ellas pertenecientes al imaginario B tradicional de la izquierda- -y tiene el apoyo mayoritario del Parlamento vasco. La carta abierta de Arnaldo Otegui- -tanto da estratégicamente hablar de Batasuna como de ETA y sus siniestros comunicados- -a José Luis Rodríguez Zapatero está en la misma línea hipócrita aunque dura, no exenta de paternalismo y sobrentendidos cómplices. Sus tesis son claras: aquí hemos tenido una guerra- -la culpa de las guerras es difusa, aunque Batasuna no se resiste a mentir que el pueblo vasco ha sido objeto de maltrato permanente por parte del Estado que ahora usted gestiona (sic) -y las guerras, ya se sabe, acaban con la desmilitarización multilateral del conflicto el intercambio de prisioneros y el olvido de las víctimas. Batasuna advierte a Zapatero que las fuerzas reaccionarias que pretenden neutralizarle son los amigos de Bush, los grandes manipuladores del 11 de marzo, los Legionarios de Cristo Rey también astutas metáforas o sinécdoques alusivas al antiamericanismo y al anticlericalismo tan en boga. Y la guinda tentadora de estos maestros del palo y la zanahoria, del sufragio y la pistola, es esta: pase usted, señor presidente, a la historia como el Blair español. La tentación es fuerte y a su favor juega que estamos hartos de independentistas con complejo de superioridad, de sangre y de sufrimiento cada vez con apariencia de mayor inutilidad. La tentación está en refugiarse en el nominalismo, en el mantra de no pasa nada, no pasa nada en lo importante es la paz a cualquier precio, en la utilización narcótica de un poderoso apoyo mediático, en la culpa- -del problema y de la solución- -es de la derecha, en cambiar un plan Ibarretxe por un López. Porque Euskadi no es el Ulster, ni Rodríguez Zapatero puede ser Blair. Porque Euskadi está partido en dos, y una parte vive en el miedo y acumula mil muertos, porque los derechos históricos o son de todos o no son de nadie, porque el antiespañolismo lo hemos educado con dinero público, y ya está bien. En algún momento, en algún lugar, alguien se propondrá pasar a la historia como pasó un tal Rodríguez Zapatero. Dios quiera que sea entonces un arquetipo honroso. N todo lo relacionado con la banda etarra y con el nacionalismo radical, la experiencia enseña y la precaución obliga a mantener el escepticismo, la desconfianza y la incredulidad en las buenas palabras. Haremos bien en negar a los etarras incluso el beneficio de la duda. Sembrarán todo el mal que les convenga, y si en algún caso limitan o moderan su vesania o su crueldad, será porque convenga para sus planes. Por piedad o por humanidad jamás dejan de matar a Miguel Ángel Blanco. Si perdonan una vida es porque calculan fríamente que les proporcionará más beneficio que un cadáver. Operan como alimañas que sólo ven saciada su sed de sangre mientras quede una gacela en la selva. Ante la tregua que ofrece el asesino Arnaldo Otegui, reforzada por la última bomba de Guecho (estrategia de tender la mano y enseñar los dientes) y el horizonte de paz que promete Ibarreche si se negocia su plan, yo me confieso desconfiado y escéptico. Y también me entrego a la desconfianza dentro del escepticismo ante la perspectiva, posible y deseable, de un pacto de actuación conjunta de los dos grandes partidos y de sus líderes, Zapatero y Rajoy, frente a las exigencias nacionalistas. Vamos a ver. La tregua es un señuelo para que piquen los pusilánimes y los crédulos, y el primer objetivo que buscan los que la ofrecen es el de proceder al rearme y a la reorganización de ETA. Los últimos reveses sufridos por la banda etarra, que culminan en la detención del máximo dirigente Mikel Antza y el descubrimiento e incautación de un importante arsenal de armas y explosivos, tienen que haber dejado muy tocada a la organización. Tanto como para ganar el tiempo preciso de rearmarse y reordenar su estructura. No sería ésta la primera vez que lo lograran. Ya conocen los políticos y ya conocen todos los españoles, especialmente los vascos, lo que es una tregua- trampa Y por desgracia no creo ni confío en un pacto perdurable y serio entre Zapatero y Rajoy, entre socialistas y peperos. Qué más quisiera yo que equivocarme en este punto de medio a medio, pero observo atentamente la higuera y sospecho que no caerá esa breva. Peor todavía: no veo ni el brote de la breva. No es que la breva esté verde. Es que no hay breva en esta higuera. Los protagonistas del pacto deseado harán bien en no mostrar desánimo ni desmayo alguno en esa deseable alianza, aún más difícil que la alianza de las civilizaciones, porque eso sería evitar la inquietud que ha asaltado a los nacionalistas radicales de Vasconia y de Cataluña apenas vieron a Rajoy cruzar las puertas de La Moncloa. Pero ese pacto requiere una premisa heroica, impensable en este caso: que Zapatero descienda de la columna del poder, en la que se encuentra tan a gusto y en la que ya ha aprendido a soportar con una eterna sonrisa las contrariedades, las asechanzas, los peligros y las amenazas de un Gobierno sin mayoría absoluta, necesitado del apoyo de otros y que debe mantenerse en precario y en tenguerengue. ¿Dónde quedará ese mínimo entendimiento de ahora cuando llegue a La Moncloa el proyecto de Estatuto catalán, si de verdad va más lejos que el plan Ibarreche?