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4 Opinión JUEVES 20 1 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca Jefes de área: Jaime González (Opinión) Alberto Pérez (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Mayte Alcaraz (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO MATICES EN MARRUECOS L A visita de Sus Majestades los Reyes al Reino alauí expresa fielmente la condición del Monarca cuando asume la más alta representación del Estado en las relaciones internacionales, según los términos precisos que emplea la Constitución vigente. Más allá de coyunturas políticas, Don Juan Carlos atiende al interés permanente de la nación, que, en lo que concierne a Marruecos, ofrece una singular relevancia por razones de todos conocidas. Habló el Rey ante las Cámaras parlamentarias de vínculo privilegiado Hay, en efecto, razones históricas y geográficas. Por supuesto, la lucha común contra el terrorismo es asunto que debe centrar ahora la cooperación entre dos Estados que han sufrido sus consecuencias en tiempos recientes. La condición de España como segundo inversor extranjero y la creciente inmigración marroquí en nuestro país son también aspectos fundamentales. España debería ser además cauce privilegiado para las relaciones entre Marruecos y la UE. De todo ello ha hablado el Rey en un viaje intenso y lleno de valor simbólico. Destaca, sobre todo, la referencia humanitaria al drama de las pateras, que ayer se cobró otras diez víctimas en aguas canarias (que los mares que nos unen no se conviertan en fosa común y la sutil mención a la imprescindible colaboración en la lucha contra las mafias, reclamando campañas de información a la juventud que no permitan engaños interesados El Rey es también árbitro y moderador del funcionamiento regular de las instituciones. Se sitúa, como es propio de la monarquía parlamentaria, en una posición exquisita de neutralidad respecto a la confrontación entre los partidos. Hace tiempo que se reclama un pacto de Estado en política exterior, que tal vez pueda ser ahora más fácil como consecuencia del clima político derivado del plan Ibarretxe y de lacampaña sobre el referéndum europeo. No es oportuno, por tanto, que se introduzcan con reiteración en los discursos del Rey expresiones que, por razón del contexto, puedan ser interpretadas como preferencias en favor de una o de otra opción. No es lo mismo decir que hay que evitar un muro de incomprensión entre el Islam y Occidente que mencionar directamente la Alianza de Civilizaciones, propuesta que lleva la patente personal del presidente del Gobierno y que podría ser mal entendida por otros países amigos y aliados. Las palabras en política no actúan en un laboratorio aséptico, sino que se pronuncian como armas arrojadizas frente al adversario. Por eso mismo, el Ministerio de Asuntos Exteriores debe prestar atención muy especial para impedir que el Rey se vea implicado en debates que se sitúan en otro nivel. Lo mismo cabe decir respecto al delicado asunto del Sahara, en el que falta todavía una idea clara acerca de los derroteros que seguirá la política exterior española. Algo ha cambiado en Marruecos en los últimos tiempos, y Don Juan Carlos pudo por ello afirmar, con generosidad, que estamos en presencia de una nueva realidad Pero la inercia de las viejas formas degobierno, mucho más si se confunden con legitimidades de orden teocrático, no es fácil de erradicar de la mentalidad colectiva. Las autoridades marroquíes han hecho un esfuerzo digno de elogio por garantizar el éxito de esta visita, a nivel oficial y popular. Sin embargo, las palabras del Rey Mohamed VI en relación con personajes y circunstancias de la política española (desde Aznar a Felipe González, con alusiones incluso al propio Franco) reflejan un conocimiento limitado de las reglas del juego en un país democrático y una falta de prudencia que debería evitarse en ocasiones posteriores. La parte española ha eludido con cuidado escrupuloso cualquier referencia a asuntos polémicos, mientras que el Monarca alauí no ha evitado, pudiendo hacerlo, apelaciones nominativas a Ceuta y Melilla o a la propia isla Perejil. La política internacional es asignatura difícil y exige una cuidadosa ponderación del interés particular y del sentido de Estado. En el marco de una visita que concluye de forma satisfactoria es imprescindible extraer ciertas enseñanzas para evitar en el futuro errores impropiosde una diplomacia madura. Habrá, sin duda, muchas y buenas oportunidades para ello. HORA DE LA DIPLOMACIA SÍ lo ha anunciado la futura secretaria de Estado, Condoleezza Rice. El tiempo para la diplomacia supone reconocer la necesidad de abrir una línea de acción estratégica distinta a la que caracterizó la política exterior de los EE. UU. durante la crisis de la guerra de Irak. Pero decir esto no significa que la misma sea incompatible con el mantenimiento de una acción de firmeza frente a aquéllos que desafíen la seguridad de las sociedades abiertas. De este modo, los EE. UU. afrontan una nueva etapa que, en realidad, es continuidad de la anterior. Pero lo hacen después de sacar sus propias conclusiones a partir de la experiencia acumulada en los dos últimos años. En este sentido, el gigante norteamericano vuelve a demostrar su capacidad de adaptación plástica a las circunstancias. Una capacidad que, por otro lado, es imprescindible si quiere ejercer con eficacia su liderazgo en un tiempo extraordinariamente volátil y cambiante desde que el 11- S puso fin a la efímera ingenuidad con la que algunos vieron el mundo tras el derribo del Muro de Berlín. Así las cosas, los EE. UU. reconocen la virtualidad que tiene el diálogo en un mundo complejo, que requiere no sólo movilizar apoyos sino desactivar, también, oposiciones a determinadas decisiones internacionales; algo, precisamente, que la vieja Europa sabe hacer muy bien. De hecho, el ofrecimiento de diálogo de la futura secretaria de Estado parece pensar principalmente en un interlocutor: Europa. La necesidad de superar el desencuentro producido entre los EE. UU. y países como Francia y Alemania podría hacer más viable el restablecimiento de un vínculo trasatlántico plenamente operativo, desprovisto de las interferencias provocadas, fundamentalmente, desde el lado europeo durante la crisis de Irak. Es evidente que América del Norte y Europa forman parte de una misma civilización. Occidente requiere que ambas riberas del Atlántico se entiendan fluidamente, sin desencuentros ni recelos. No hay que olvidar que la plena sintonía democrática y el mismo horizonte de valores y principios hizo posible la victoria de la libertad durante la Guerra Fría. Y ahora, esa misma sintonía y horizonte debe hacer posible la victoria sobre el totalitarismo islamista que emerge de las sombras de una historia que habla de nuevo el lenguaje del fanatismo y la irracionalidad. Como bien ha dicho Condoleezza Rice, la expansión de la democracia a lo largo y ancho del mundo es la mejor garantía de paz para el futuro de la Humanidad. Para lograrlo hay que saber combinar las justas dosis de decisión y diálogo. Su gesto es ya un buen síntoma de que quizá esté en marcha el anhelado equilibrio. A EL FONDO DEL CONSEJO L A utilización de ejemplos en los dictámenes jurídicos siempre tiene el riesgo de confundir sobre los conceptos que pretenden aclarar. También sirven de excusa para tergiversar la intención última del autor. El informe aprobado por la Comisión de Estudios del Consejo General del Poder Judicial, relativo al proyecto regulador del matrimonio entre homosexuales, incluía una desafortunada referencia- -suprimida ayer- -a la unión entre hombre y animal La peor interpretación es la que más audiencia ha tenido, imputando al ponente del informe la barbaridad, no cometida, de comparar tales uniones zoofílicas con las parejas homosexuales. Ejemplos así son innecesarios cuando el concepto- -la inadecuación de la pareja homosexual para la institución matrimonial- -está claramente expuesto. Más allá de la torpe alusión, el dictamen pretendía ilustrar las consecuencias de la ar- bitrariedad del legislador. Si éste no respeta el contenido propio del matrimonio, se puede considerar matrimonio cualquier relación. Lo fundamental de este informe es que coincide con el del Consejo de Estado en dudar de la constitucionalidad del proyecto. El máximo órgano consultivo del Gobierno dijo que la Constitución española no genera un derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo que la regulación debe ser adecuada, necesaria y proporcionada en sentido estricto y no suponer una quiebra del instituto del matrimonio constitucionalmente garantizado Ambos Consejos, el del Poder Judicial y el de Estado, han avisado de unos indicios de constitucionalidad fuertes y concretos. El Gobierno ya conoce el riesgo que asume. Ése y no otro es el verdadero asunto de fondo y el argumento fundamental del informe del CGPJ.