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ABC MIÉRCOLES 19 1 2005 Internacional 31 Hamás recibe a Abbas en Gaza con un ataque suicida contra soldados israelíes Sharón visita a sus militares en la Franja: Hay que resolver esto cuanto antes palestino ultima su plan de seguridad para acabar con los atentados de los radicales contra Israel, pero Tel Aviv no le concede periodo de gracia alguno JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. Mahmud Abbas (alias Abu Mazen) está harto de recibir regalos envenenados. El día de su toma de posesión, el pasado sábado, la Comisión Electoral Central (CEC) le ofrecía una carta de dimisión de 46 de sus miembros por las importantes irregularidades detectadas durante los comicios presidenciales del 9 de enero. Ayer, poco después de llegar a la Franja de Gaza para intentar meter en vereda a los radicales palestinos, Hamás le obsequiaba con un ataque suicida contra soldados y colonos judíos de Gush Katif, con seis heridos de diversa consideración, uno muy grave. Ambos regalos con mensaje. El de la CEC, enfocado hacia el no tan lejano 17 de julio, fecha de las legislativas: de suceder lo mismo que en las presidenciales, se perderá cualquier legitimidad democrática. El de los fundamentalistas islámicos, sin efectos retardados: cualquier intento de alcanzar una tregua está abocado al fracaso mientras Israel prosiga con sus operaciones de castigo en Gaza y Cisjordania y no se retire, al menos, a las posiciones previas al estallido de la Intifada en septiembre de 2000. El atentado de la tarde- noche de b El presidente ayer (Omar Tabash, de 21 años, hizo estallar su vehículo cargado de explosivos cuando era inspeccionado en un control militar israelí en la Franja mediterránea) podría, de hecho, acelerar los planes de seguridad del rais Éstos pasan por el despliegue de entre 700 y 1.000 agentes policiales en el norte de Gaza para impedir el lanzamiento de cohetes Qassam contra Sderot, el Neguev y las colonias judías. Habrá también agentes palestinos en todos los pasos fronterizos con Israel y en los cruces de carretera para evitar ataques como los de Karni (6 civiles muertos israelíes) y de ayer (balance de víctimas menos importante, pero efectos secundarios igual de dañinos) Se instalarán en dichos accesos detectores de metales y explosivos. Israelíes de Sderot protestan por los Qassam con un cohete simulado En cambio, las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, conectadas con Al Fatah, anunciaron ayer en Cisjordania- -al menos lo hizo desde Yenín Zacarías Zubeidi, uno de sus muchos responsables- -un punto y aparte en los atentados contra el enemigo sionista en Israel. La apuesta, ya anunciada el lunes, es integrar a dichas Brigadas en las Fuerzas de Seguridad de la ANP. EPA Reorganizar la seguridad Además, la intención de Abbas es reducir a tres los numerosos cuerpos de seguridad palestinos, enfrentados entre sí, para ejercer un control más estricto sobre los mismos y coordinar mejor los esfuerzos contra la violencia, que pasan asimismo por confiscar las armas ilegales y desarmar a las facciones. Esperanzador sobre el papel; imposible en la práctica si se pretende evitar una guerra civil. Hamás y el Yihad Islámico han recibido el mensaje con los oídos taponados. Además del ataque contra los soldados y colonos de Gush Katif, lanzaron salvas de cohetes contra Israel y los asentamientos en un nuevo desafío a un rais con fecha de caducidad. Abbas pide tiempo Para todo ello, y pese a la presión de la comunidad internacional y de Israel, Abbas le ha pedido tiempo muerto a Sharón: tres semanas, un mes. Y también gestos, guiños cómplices: ni operaciones de castigo ni asesinatos selectivos Pero Arik no está por la labor. También el primer ministro israelí estuvo ayer en Gaza. Con sus soldados allí destinados, con sus generales. Y también dejó escrito en el aire su particular mensaje: No podemos seguir así. Hay que resolver esto cuanto antes Y lo dijo antes del atentado. Sharón, que le niega a Abbas cualquier periodo de gracia se tiene que decidir, o es rehén de los terroristas o lucha contra ellos no esperará demasiado. Si no ve acciones inmediatas contra los radicales palestinos ordenará lanzar contra Gaza la operación militar de mayor envergadura de toda la Intifada. Beit Hanún, Beit Lahia, Yabalia y Jan Yunis tienen todas las papeletas para sufrirla en sus carnes. No es de extrañar, después de regalos tan envenenados como los recibidos en los últimos días, en las últimas horas, que Mahmud Abbas prefiera poner tierra de por medio. De hecho, ha suspendido la tradicional recepción por la Fiesta del Sacrificio, una de las más importantes del calendario musulmán, con la excusa de una reunión inmediata con Hamás y compañía en Gaza. Así, al menos, no le harán ningún obsequio más. Ella Abukasis, 17 años, israelí de Sderot. Su corazón late y lucha. Su cerebro no funciona. Abdalá Hasán, 15 años, palestino. Una bala en la cabeza ha sentenciado su vida, mantenida en un hospital de la Franja La Celestina de la muerte clínica TEXTO: J. CIERCO JERUSALÉN. No se conocen de nada. Nunca se han visto. Por desgracia, nunca se verán. Ella Abukasis, joven israelí de 17 años, ha vivido siempre en Sderot, a pie de Gaza. Abdalá Hasán, chaval palestino de 15, no ha conocido otra cosa que Deir al Balah, en la ratonera de la Franja. Nunca han pensado el uno en el otro. Nunca creyeron que sus destinos, aunque fuera en la distancia de la muerte, se unirían con el tiempo. Un maldito cohete Qassam y una condenada bala han hechos las veces de esa estúpida Celestina que bien podría haberse quedado con Calisto y Melibea. Ella Abukasis volvía en la tarde del sábado a su casa en Sderot junto a su hermano pequeño Tamir, de 10 años. A sólo cien metros de su vivienda, en la calle Jerusalén, oyeron las sirenas del Amanecer rojo que advertían de un ataque palestino con cohetes Qassam Ella se lanzó sobre su hermano y le protegió de la onda expansiva de un cohete que le abrió la cabeza. Ingresada de urgencia en el Centro Médico Soroka, de Beersheba, se deba- tía entre la vida y la muerte hasta que ayer los médicos espantaron toda esperanza. Su corazón late y lucha. Su cerebro está muerto. Junto a su cama, día y noche, su familia, sus amigas, sus vecinos de una ciudad también muerta que ayer protagonizó una marcha hacia Beit Hanún, al otro lado de la verja de Gaza, que servirá para bien poco. Tamir fue ayer dado de alta. Ella no le verá nunca más. Abdalá Hasán fue alcanzado ayer por disparos israelíes en el centro de Gaza, en esa Deir al Balah de la que habría huido mucho antes pero de otra forma. Un enfrentamiento a tiro limpio entre milicianos palestinos y soldados israelíes le pilló por medio. La condenada bala se incrustó en su cabeza. Su vida ya no vale casi nada, pese al denodado esfuerzo de los médicos en un hospital con tantas carencias como pacientes. A Ella le importa poco que se abra, o no, una ventana para la esperanza en Oriente Próximo tras la victoria electoral de Mahmud Abbas. A Abdalá le importa menos que tras unos días de ilusiones se haya entrado en la misma espiral de violencia de siempre. Están muertos. O casi. Ella Abukasis. Abdalá Hasán. Mueren al unísono. Su vida se apaga poco a poco. Con los suyos a pie de cama. Y todos, en Beersheba y Deir al Balah, se preguntan por qué. Por qué ellos. Por qué ese maldito Qassam estalló aquí y no allí. Por qué esa condenada bala se incrustó en esta cabeza. Preguntas sin respuestas. O quizá sí. Urge acabar con esto. Aquí y allá.