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ABC MIÉRCOLES 19 1 2005 Nacional 21 Un trabajador se lió a navajazos y puñetazos con sus compañeros después de que la jefa de Personal le comunicara una queja. La agresión se saldó con seis heridos Un día de furia TEXTO: M. A. BARROSO MADRID. El 18 de enero de 2005 no fue un martes cualquiera en Técnica de Mantenimiento Inmobiliario (TMI) una empresa de limpieza y cuidado de edificios dependiente de Fomento de Construcciones y Contratas. La tranquilidad se truncó, de repente, por un arranque de furia de esos que los testigos suelen vestir de incredulidad, que pocas veces se ven venir. La bronca empezó a las once y cuarto de la mañana en las oficinas que la firma tiene en el número 4 de la calle María Tubau, en Madrid, y pudo acabar en tragedia, pues medió en el asunto una navaja con una hoja de 11 centímentros de longitud. El hombre, Juan Carlos R. V. de 43 años, de nacionalidad española, oficial de segunda de mantenimiento y que llevaba bastante tiempo prestando sus servicios en TMI, había sido citado por la jefa de Personal. Nadie sabe lo que pasó por su cabeza cuando se dirigió al despacho de la directiva. Si había o no cuentas pendientes, ayer no trascendió. ¿Despido o queja? Las primeras versiones, recogidas a vuelapluma por los agentes de Policía y los servicios sanitarios que acudieron al lugar de los hechos, hablaban de que a este empleado le esperaba el despido al otro lado de la puerta. Más tarde, en cambio, fuentes policiales señalaron a ABC que, según declaró en comisaría la jefa de Personal, sólo le comunicaron una queja Un portavoz de la empresa aclaró, incluso, que ni siquiera se le amonestó Sea como fuere, el individuo no dio explicación alguna. Ésa fue la gota que colmó el vaso de su paciencia, y finalmente de su sinrazón. Sin mediar pala- bra, empezó a zarandear y golpear a la jefa de Personal y a su secretaria que, viendo que las cosas se estaban poniendo realmente feas, advirtieron con sus gritos a otros trabajadores. Enseguida aparecieron varios compañeros. Entonces, según indicaron las mismas fuentes, el individuo, fuera de sí, sacó el arma que tenía en el bolsillo y se lió a navajazos y golpes con todo aquel que intentaba sujetarle. El arma empezó a dejar su huella en manos, brazos y hombros, pero afortunadamente no causó heridas graves. Al final, los empleados lograron reducir al enloquecido compañero y avisaron a los servicios de seguridad del edificio. Dos vigilantes acudieron a la llamada y pusieron las esposas al agresor. Más tarde llegaron los servicios médicos del Samur, que atendieron a los heridos, y la Policía Nacional, que condujo al agresor a la comisaría de FuencarralEl Pardo. Algunos empleados fueron trasladados al Hospital de La Paz con pronóstico leve, según informó Emergencias Madrid. Se trata de tres hombres, uno de 32 años con cortes superficiales en la región lumbar; otro de 47 con cortes en el antebrazo, y un tercero con un navajazo superficial en el hombro derecho. Además, la jefa de Personal y su secretaria, y otro compañero, que Personal del Samur atiende a uno de los heridos sufrieron contusiones leves, fueron curados en las propias oficinas. Por su parte, el agresor fue atendido también por facultativos del Samur antes de su ingreso en comisaría. Juan Carlos R. V. aún no había prestado declaración al cierre de esta edición, por lo cual se desconocen los motivos que le impulsaron a atacar a la responsable de Personal y a los compañeros que acudieron a auxiliarla. AYUNTAMIENTO DE MADRID Agresiones laborales En abril de 2003, Noelia de Mingo, una médico residente de la Fundación Jiménez Díaz, de Madrid, mató con un cuchillo a tres personas en el hospital (una compañera, una paciente y el marido de una enferma ingresada en el centro) e hirió a cinco más. De Mingo padecía esquizofrenia y se había reincorporado al trabajo veinte días antes tras una baja por depresión. Éste es el suceso más grave en cuanto a agresiones laborales de los últimos cinco años. Pero ha habido más. El agresor, de 43 años, empezó zarandeando a la jefa de Personal y acabó dando navajazos a los compañeros que intentaron sujetarlo El 12 de junio de 2002 un hombre de 52 años mató en la estación de tren de Recoletos en Madrid al presidente del Comité de Empresa del Instituto Social de La Marina, Cándido Paredes Costa, entidad de la que el presunto agresor había sido expulsado por la apertura de tres expedientes disciplinarios, informa Efe. El 26 de enero de 2001, José Manuel P. P. pintor de profesión, acuchilló en la madrileña plaza de Lavapiés a su jefe, Rafael R. O. de 36 años, después de que éste le despidiera de la empresa de reformas en la que trabajaba. El 22 de octubre del mismo año el vecino de Reus Miguel H. B. asestó varias puñaladas al jefe de la empresa de limpiezas en la que estaba empleado, después de que le negara un anticipo del salario. El 17 de enero de 2002 murió un trabajador de Correos, de 26 años, tras ser agredido con un arma blanca por un compañero, con quien había mantenido una discusión a la salida de su centro de trabajo en Pamplona. VIOLENCIA LABORAL IÑAKI PIÑUEL Psicólogo. Autor de Mobbing. Cómo sobrevivir al acoso en el trabajo ún se desconocen las circunstancias que empujaron ayer, de forma absolutamente injustificable, a un trabajador a emprenderla a navajazos con sus compañeros. Vaya también por delante que no hay sospecha alguna sobre la empresa en cuestión, ni sobre los otros trabajadores. Tal vez todo fue provocado por una enajenación mental. Pero el suceso nos hace reflexionar sobre un fenómeno que es ya una epidemia: cómo la extensión creciente en A el ámbito laboral de la violencia, el hostigamiento, el maltrato, la falta de respeto y la vulneración de la dignidad del trabajador, unidas al frecuente y defensivo síndrome de no va conmigo en que incurren las organizaciones, puede perfectamente explicar- -aunque, insisto, nunca justificar- -el que una persona termine perdiendo los nervios y la cabeza. La violencia psicológica lo invade todo: acoso psicológico entre los escolares, maltrato doméstico, hostigamiento vecinal, acoso político y, cómo no, acoso psicológico en el trabajo o mobbing En los últimos años he podido escuchar en la investigación y asistencia psicológica de los trabajadores acosados numerosos relatos de personas normales aunque dañadas por el mobbing horrorizadas ante sus ideas recurrentes de agredir, machacar o asesinar a sus acosadores laborales. Estas formas de terminar con una situación de acoso psicologico mediante la agresión son extremadamente raras. Afectan tan solo al 1 por ciento de los casos. Lo más frecuente es que, con el tiempo, las víctimas de mobbing entren en una creciente paralización que las lleva a la indefensión, fuente posterior de la mayor parte de los cuadros psicológicos que suelen producirse a consecuencia del daño recibido. Es muy difícil explicar aquí la tremenda vivencia de terror, angustia y desesperanza de estas personas. Trabajadores normales, perfectamente válidos para realizar su labor, aunque víctimas de los celos o de las rivalidades, mujeres que reclaman la igualdad en el trato, en las oportu- nidades, o simplemente se resisten a la arbitrariedad o la falta de respeto a su dignidad, jóvenes en situaciones laborales precarias que les exponen a la vulnerabilidad del abuso sobre ellos, personas intelectualmente brillantes que despiertan por sus capacidades o éxitos profesionales las envidias de sus compañeros o jefes... Tal es el perfil habitual de las víctimas del acoso psicológico en el trabajo. El de los acosadores laborales es también un perfil muy específico: jefes mediocres a la defensiva, directivos narcisistas con complejos de inferioridad, psicópatas organizacionales que no se detienen ante nada ni nadie ante sus propósitos en la escalada hacia posiciones de mayor poder en la organización. Todo un panorama desalentador.