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ABC MIÉRCOLES 19 1 2005 Opinión 5 Cita en Caracas La imprevisible agenda del presidente del Gobierno no ha tardado en convertirse, mediante sonadas cancelaciones de citas previas, en uno de los elementos más dinámicos de la diplomacia internacional. Dispuesto a mantener el suspense, Zapatero añade ahora anotaciones al margen para animar sus giras internacionales. La próxima, prevista para la semana que viene, lo llevará a Brasil, Argentina, Chile y- -novedad de última hora- -también a Venezuela, donde se entrevistará durante unas horas con su compadre Hugo Chávez. Un encuentro breve, pero certero; el tiempo justo para incomodar a Colombia en un reciente conflicto de fronteras y, de paso, al PP. Buques en el aire No termina la SEPI de resolver la crisis de Izar, complicada por las demandas sindicales y las exigencias de Bruselas, mientras surgen nuevos problemas en los diques. En el inestable rompecabezas de los astilleros públicos sólo faltaban las navieras españolas, que ayer se dejaron oír a través de su presidente, Juan Riva, quien descartó el encargo de buques a la compañía estatal por la manifiesta falta de competitividad de sus precios. Los sofisticados ejercicios de ingeniería financiera que desarrolla la SEPI en los despachos se derrumban en el mercado. Ahí fuera, los que pagan eligen. José Luis Rodríguez Zapatero Hugo Chávez AP Historia común En la segunda jornada de su visita oficial a Marruecos, Don Juan Carlos intervino ayer ante el Parlamento del Reino alauí, donde destacó el vínculo privilegiado que une a España y Marruecos tras compartir una historia común En su discurso, el Rey expresó su alarma por el drama de la inmigración ilegal, al señalar que España y Marruecos no pueden permitir que los mares que los unen se transformen en una fosa común apostó por una solución consensuada, justa, definitiva y negociada del conflicto del Sahara y, entre otros argumentos, alabó el impulso democrático emprendido por Mohamed VI al referirse a la nueva realidad marroquí LA FRONTERA DE AGUA SEBASTIÁN BASCO H UBO un tiempo, en Marruecos, en el que el Rey y su camarilla detentaban el poder ejecutivo, el legislativo y hasta el judicial. Un tiempo no tan lejano, en el que los marroquíes tenían, pero no la disfrutaban, una Constitución escrita que discernía entre los tres poderes, que establecía las figuras y prerrogativas del Gobierno, de las dos Cámaras y de la judicatura, aunque los dominios reser- vados a la Corona eran casi todos, aunque la representatividad de las mayorías y las minorías era decidida por el monarca hasta la décima de punto porcentual, y aunque los jueces eran aleccionados antes de dictar sentencia. Un tiempo en el que casi la mitad de los diputados, los de izquierda se encerraron una vez en el Parlamento en protesta por una intromisión real, y el Rey decidió que continuarían ence- rrados, pero de verdad. Estuvieron casi tres semanas dentro. Abandonaron la Cámara tan blandos como brevas. Eran los días- -casi cuatro décadas- -de Hassan II. Mucho me alegra que las cosas hayan cambiado tanto, tanto, que han permitido a Don Juan Carlos decir, ante las dos Cámaras reunidas, que el Parlamento marroquí es el recinto en el que palpita el auténtico sentir del pueblo Y junto con la mención a todo lo que en realidad importa- -terrorismo, buena vecindad, futuro del Sahara... mucho me alegra también que el Rey de España haya aludido a la tragedia de la inmigración clandestina, con palabras tan sentidas como certeras: No podemos permitir que los mares que nos unen se conviertan en fosa común de vidas segadas en su plenitud... Podemos controlar, más o menos, el acceso de inmigrantes a Ceuta y Melilla, afirmó hace más de una década Dris Basri, el sempiterno ministro del Interior, pero lo que no podemos controlar es una frontera de agua Son miles de vidas ya las que han transitado hacia la muerte por la laguna Estigia del Estrecho. Es hora de acabar con el Caronte de las pateras.