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ABC MARTES 18 1 2005 Cultura 61 Rodríguez Braun intervendrá mañana en el Aula de Cultura de ABC b La Fundación Vocento presenta Diccionario políticamente incorrecto la obra donde el economista ironiza sobre la hipocresía del lenguaje de los gobernantes SERGIO J. VALERA MADRID. Carlos Rodríguez Braun analizará las claves de su Diccionario políticamente incorrecto en una nueva conferencia del Aula de Cultura de ABC, que se celebrará mañana en el Centro Cultural del Círculo de Lectores a las 20 h. En el evento, presentado por la Fundación Vocento, este catedrático de Historia del Pensamiento Económico debatirá acerca de la contradicción que para él supone que la extensión de la democracia, sobre todo después de la caída del Comunismo, no haya venido acompañada del pluralismo y de la tolerancia. La intención de la obra es desvelar que aún existen fuerzas totalitarias en nuestra sociedad. Aunque seamos democráticos, el lenguaje políticamente correcto prohíbe apoyar a las instituciones de la sociedad abierta: la familia, la propiedad privada, la religión, la heterosexualidad, el Estado. Igual que es incorrecto decir que Estados Unidos es un país que no está mal Rodríguez Braun concibe una serie de definiciones cargadas de ironía y originalidad, al servicio de la batalla contra el fariseísmo del lenguaje. Así, el Estado del bienestar lo describe como el bienestar del Estado; experto es cualquiera que le diga a los políticos lo que quieren oír; salario justo lo define como salario más alto que el actual; o nazis son aquellos considerados de derechas, pero que se autodenominan socialistas. Tamara Rojo, ayer en la presentación de sus clases magistrales en el Teatro de Madrid TAMARA ROJO Bailarina Si eres inculto y poco interesante, no sirve de nada tener un cuerpo precioso Tamara Rojo es una de las más grandes bailarinas de nuestros días. Ahora triunfa en el Royal Ballet de Londres, una ciudad que la mima y la adora. El mes próximo impartirá en el Teatro de Madrid unas clases magistrales a través de las que quiere compartir con los jóvenes su experiencia TEXTO: JULIO BRAVO FOTO: JAVIER PRIETO -La danza es un arte donde se está en continuo aprendizaje; incluso los profesionales con más veteranía siguen tomando clases a diario. -Eso es el arte, esa constante investigación y búsqueda de la verdad, de la belleza, de la espiritualidad, de la naturaleza... En la danza es más dramático porque tenemos un límite físico de tiempo. Nuestra muerte está más cercana y la vemos, y por eso se crean unas pasiones mayores. -Es una carrera corta y se empieza muy joven. ¿Se madura antes? -Yo creo que sí, que la danza te da un foco, una disciplina, una sensación de tu propia persona... Exige que nos conozcamos a nosotros mismos, que nos preguntemos constantemente quiénes somos, cómo somos, qué queremos. Acelera la madurez, sobre todo en una sociedad como la nuestra, donde se alaba la juventud como si fuera una gran virtud, cuando simplemente es un momento de la vida. La sociedad prolonga la juventud todo lo que puede. Sin embargo, los bailarines nos hacemos mayores antes que los demás. -Su profesión exige que cuide de su cuerpo. ¿Qué opinión le merece la moda del culto al cuerpo? -Me parece un tanto superficial y hedonista. Claro que hay que cuidarse, sobre todo por cuestiones de salud. Hacer ejercicio físico nos viene bien a todos. Y si te apetece estar guapo y vestir bien, fenomenal. Pero que el cuerpo se convierta en el centro de tu universo, eso es ridículo. Porque si eres un inculto y una persona poco interesante, no sirve de nada tener un cuerpo precioso. En el fondo, yo cuido el cuerpo para que me sirva como instrumento para desvelar mi alma, que es lo que me hace crecer. Lo que me interesa es mi cerebro y mi alma. Y es lo que le interesa al público. La gente no va al teatro sólo a ver un cuerpo que se mueve. Va a que le emocionen, que le transformen, que le incomoden, que le hagan pensar. ¿Es capaz todavía de emocionarse o de incomodarse en el ballet? -Sí. Muchísimo. Veo el ballet de otra manera a como lo ve otra persona que sólo vaya al teatro una vez al año, claro. Me emociono menos; necesito grandes actuaciones y grandes espectáculos, pero los hay. -Y el público nota esas diferencias... -Eso lo nota cualquiera. Es lo que nos hace humanos, esa comunicación más allá de las palabras. Con el tacto, con el olor, con la mirada, con cosas que ni vemos ni olemos... Y es lo que hace que el teatro, la música y la danza sean todavía necesarios incluso en un mundo donde existe tecnología capaz de imitarlo todo. Ahí están los videojuegos, empeñados en imitar al ser humano. Triunfan porque permiten que nos escapemos de nuestra realidad. ¿También interpretar es escaparse de esa realidad? -Eso es más complejo. Ahí sí me transformo. Cuando yo interpreto a otra persona es más enriquecedor, porque una parte de mí se convierte en otra, se transforma en otra. Es algo incomparable, mejor que ninguna otra experiencia y que ninguna otra droga. ¿Es preciso enamorarse de los personajes? -No, no. Ni siquiera necesito aprobarlos. No los juzgo. Desde el punto de vista artístico me interesa mucho su fragilidad, sus errores, su crueldad... Su humanidad. No me interesa quererlos ni que sean perfectos, sino que sean humanos, que tengan ángulos, razones de ser, y que sus acciones tengan un poso personal: que tengan una razón para matar, para amar, para robar... La tercera vía es un camelo Para el economista argentino, el socialismo es un régimen benévolo que ha de ser juzgado exclusivamente por sus mejores intenciones Al igual que en su día afirmó que el centro reformista es un invento de la derecha para ocultar el grado de socialismo necesario para ganar las elecciones ahora estima que la tercera vía es un camelo inventado por la izquierda con el único objetivo de reflejar las pequeñas dosis de liberalismo necesarias para ganar las elecciones Rodríguez Braun reflexionará para Aula de Cultura de ABC, acerca de la vieja frase del político norteamericano el precio de la libertad es la eterna vigilancia la cual adopta como principal lectura para su diccionario. Hay que estar vigilantes de aquellas personas que hablan con palabras muy amables, en el fondo lo que quieren es quitarnos la libertad