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ABC MARTES 18 1 2005 23 La investidura de Bush, el próximo jueves en Washington, será cubierta por un gran despliegue de seguridad La provincia indonesia de Aceh, atemorizada por repetidos casos de tétanos entre la población La guerrilla de Hizbolá se invita a la fiesta J. CIERCO SDEROT. Hamás y el Yihad Islámico en la Franja de Gaza y en Cisjordania. Las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa- -encuadradas en Al Fatah- en Cisjordania y en la Franja de Gaza. El Comité de Resistencia Popular aquí y allí, acá y allá... Y, para completar la cuadratura del círculo, la guerrilla proiraní libanesa de Hizbolá que no pierde ocasión, siempre que puede, de sumarse a tan particulares fiestas con fuegos de artificio nada recomendables para los israelíes. Milicianos de Hizbolá, en efecto, detonaron ayer un explosivo en las controvertidas granjas de la Shebaa, al paso de un vehículo militar israelí. No se contaron víctimas esta vez pero el ataque desencadenó la habitual e inmediata respuesta de la Fuerza Aérea hebrea, que bombardeó dos objetivos de la guerrilla proiraní en el sur del país del cedro. El pasado 9 de enero, en un ataque similar, Hizbolá mató a un oficial israelí. La respuesta provocó la muerte a su vez de un observador francés de Naciones Unidas en la región. Un frente, éste del sur del Líbano, que se ha reabierto en las últimas semanas con tozuda insistencia. Así no falta nadie. O casi. Un muchacho israelí contemplaba ayer en Sderot los retratos de las víctimas más recientes de los cohetes palestinos REUTERS Están hartos. Los 20.000 habitantes de Sderot tienen miedo de los cohetes, quieren irse, exigen protección a su Gobierno. Temen lo peor ante la evacuación de la vecina Gaza Lágrimas negras bajo los Qassam TEXTO J. CIERCO mente en su poder de convicción, y en el de Egipto. Israel, en efecto, recibió con buenas palabras las órdenes de Abbas pero no descuida sus preparativos para lanzar la operación definitiva contra la Franja si los servicios de seguridad palestinos, diezmados sin descanso durante los cuatro años de Intifada por quienes ahora les exigen resultados concretos, no actúan. Gaza continúa aislada Gaza sigue cerrada a cal y canto. En realidad lleva semanas aislada (10.000 personas esperan hacinadas en la parte egipcia de Rafah su entrada en la Franja desde mediados de diciembre; los demás pasos llevan vetados meses a los palestinos) pero ahora se han reforzado estas medidas. No obstante, esta vez puede ser distinto. Sobre todo si se hace caso a las declaraciones poco comedidas del viceministro israelí de Defensa, Zeev Boim, quien amenazó con bombardear con artillería pesada los lugares desde donde habitualmente se ataca a Israel y a las colonias judías. Eso sí, se tendrá el detalle de avisar a la población de esas zonas densamente pobladas para que se marchen antes. Algo es algo. SDEROT. Los colores no destacan en Sderot. Ni siquiera un cálido sol invernal sirve para hacerlos más brillantes. El negro lo domina casi todo. Las lágrimas, negras, no dejan de caer por las mejillas de sus 20.000 furiosos vecinos. Las banderas, negras, asoman por los balcones. Las lonas, negras, decoran la plaza del ayuntamiento. El presente, negro, no invita a un futuro, negro, mucho mejor. Sderot se ha vestido de negro para clamar contra la continua lluvia de cohetes Qassam lanzados desde Beit Hanún, a sólo cuatro kilómetros. Se ha vestido de negro para respetar el luto por los muertos ya enterrados. El negro, en efecto, lo domina casi todo en una ciudad que se levanta contra Ariel Sharón por haberles abandonado a su suerte. Ese negro que cuelga de cada esquina, que decora cada plaza, que adorna cada brazalete, puede con el Amanecer rojo de cada día. Cada día amanece dos veces en Sderot. El más rojo de los dos se refiere al sistema de alarmas Amanecer rojo inaugurado en septiembre. Cada vez que los milicianos de Hamás lanzan un cohete, el sistema se activa y avisa por los altavoces a los residentes de Sderot, que tienen sólo entre 15 y 20 segundos para ponerse a cubierto. Eso, por ejemplo, sucedió a los hermanos Abukasis el sábado. La mayor, Ela, de 17 años, se abalanzó al es- cuchar la sirena sobre su hermano, Tamir, de 10, para protegerle. Ambos están en el hospital. La joven se debate entre la vida y la muerte. El pequeño saldrá de ésta. Sobre el rancho de Sharón No podemos más dice Hamsa Sima, de 68 años. Llevo en Sderot 43 años. He participado en varias guerras. No tengo miedo y si hay que volver a hacer la guerra estoy preparado para ello pese a estar jubilado. Hay que echar a los árabes de aquí como hicimos en 1948. Sharón no nos vale, es débil. Quizás si los cohetes cayeran en su rancho, que está aquí al lado, haría otra cosa Sus palabras no ahogan las pronunciadas por los vecinos de Sderot en la plaza del ayuntamiento. Cada uno coge un instante un micrófono y dirige su discurso a sus vecinos allí concentrados que no dejan de vociferar, aplaudir o disentir ante las fotos de los muertos. Sderot está en huelga. Los comercios, los colegios, los servicios municipales, cerrados a cal y canto. Su al- Sderot está en huelga. Los comercios, los colegios, los servicios municipales, cerrados a cal y canto calde, Eli Moyal, a punto de tirar la toalla. Me eligieron para ocuparme de lo que se ocupa un alcalde, de intentar mejorar su ciudad, no para ser un ministro de Defensa en la sombra El negro del duelo puede con el azul de la estrella de David de esas banderas a media asta. El negro del luto puede con el verde de la desesperanza, de las otras banderas, las que los milicianos de Hamás enarbolan al otro lado de la valla de seguridad que sobrevuelan sin problemas los cohetes. El negro de los brazaletes apenas deja ver el naranja de los colonos de Gush Katif, llegados aquí en solidaridad con sus vecinos, todos contrarios a una evacuación de Gaza que creen desatará más tormentas de Qassam El negro de una ciudad muerta de la que muchos quieren huir pero no pueden porque no encuentran compradores para sus devaluadas casas, acompaña al marrón de las tapas de las biblias sobre las que rezan decenas de hombres y mujeres, separados claro, en una vigilia permanente. No hay colores que valgan, no hay colores que brillen en Sderot. Sólo el negro que envuelve los sueños de los niños, pesadillas de cohetes (dos más esta mañana) que nadie detiene. No pueden más. Hoy protagonizarán una marcha de protesta hacia Beit Hanún, con riesgo grave para sus vidas siempre negras, siempre amenazadas.