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ABC MARTES 18 1 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Llevémonos lo mejor que podamos con el moro amigo, y ya se sabe que España está condenada a tener siempre moros en la costa EL MORO AMIGO E pregunta Mohamed VI si Aznar es más franquista que Franco. No sé si Aznar se habrá preguntado alguna vez si Mohamed VI es más déspota que su padre Hassan II. En todo caso, el franquista, hasta el punto de escoltar a Franco con la Guardia Mora, fue el propio Hassan, quien sólo enfrió su amistad cuando Franco ya estaba con las ansias de la muerte y le organizó la Marcha Verde como despedida digna de un moro amigo Quien podría hablar de Hassan II es mi colega y sin embargo amigo José Luis Gutiérrez, que todavía arrastra una persecución judicial antigua por informar que en una furgoneta de Hassan II se transportaba hachís. A Mohamed se le nota que habla por la herida de Perejil, cuyo reto sólo duró unas horas y terminó con una operación sin sangre, solamente con luz de madrugada y fuerte viento de Levante Mohamed le mojó la oreja a Aznar mandando un grupo de escopeteros a aquella isla donde sólo hay cabras. Las cabras soportaron la visita con paciencia, pero Ana Palacio llamó por teléfono a su primo de Zumosol, o sea, a Colin Powell, y aquel Perejil no llegó a ninguna salsa. Ahora explica Mohamed que los moros habían ocupado un rato el islote de las cabras sin que Franco abriera la boca, y de ahí saca la consecuencia, indudablemente malévola, de que Aznar es más franquista que Franco. En cambio, el Rey de Marruecos elogia con entusiasmo a Felipe González, quien se bajó al moro hace ya tiempo y por allí anda con negocios diversos, más económicos que políticos, o más políticos que económicos, vaya usted a saber. Precisamente, allí en Marruecos estuvo Felipe González en vísperas del viaje de los Reyes de España. No estuvo solo, sino que fue acompañado de ese señor multimillonario, creo que mejicano, llamado Carlos Slim. No sólo la política, sino también la economía, y no digamos las dos dedicaciones juntas, hacen extraños compañeros de cama. No se ha comportado de manera muy cortés el Rey o Sultán de Marruecos en vísperas de la llegada de sus primos los Reyes de España a su reino o sultanato. No parece de recibo que en una entrevista concedida sin duda con motivo del viaje real exponga de manera tan directa opiniones molestas para políticos españoles, y mucho menos si están basadas en el escozor producido por una reacción obligada a un desafío marroquí. Mohamed VI quiso invadir un islote de soberanía conjunta, sin previo aviso ni mucho menos una autorización del país co- soberano, quizá a sabiendas de que Francia iba a mirar hacia otro lado y Europa iba a inhibirse. Esos son hábitos acostumbrados del moro amigo Pero en esa ocasión Mohamed se encontró con el disgusto de su poderoso aliado Estados Unidos y la respuesta fulminante de España. Y se desahoga alabando a Felipe González, ofreciéndole incienso real, no sé si también oro y mirra, y de paso echando un piropo al talante del nuevo Gobierno. Por lo visto, está encantado con la sonrisa de Zapatero y la obsequiosidad profesional de Moratinos. En fin, llevémonos lo mejor que sepamos y podamos con el moro amigo, y ya se sabe que España está condenada a tener siempre moros en la costa. S IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA Hemos alcanzado la meta del pensamiento sin ideas, y ya nos espera el gobierno de los sin techo ideológico, felices indigentes del pensamiento. Si todo vale, ningún voto es ajeno DEL PENSAMIENTO LIGHT AL SIN E veía venir, pues era un tránsito en el que había precedido ya la evolución de productos de consumo, como el café o la cerveza. Así, ahora el pensamiento. La posmodernidad se había caracterizado por un pensamiento débil, light. Cuando las ideologías políticas se abandonan al pragmatismo, es decir, cuando olfatean el aroma del poder o arriban a sus confortables costas, se adhieren a lo banal, a lo light. Las ideas fuertes espantan a los votantes. Y ya lo ligero abre sus puertas a lo abiertamente sin Hemos alcanzado la meta del pensamiento sin ideas, y ya nos espera el gobierno de los sin techo ideológico, felices indigentes del pensamiento. Si todo vale, ningún voto es ajeno. La democracia se convierte así en el arte de contentar a todos. Y teniendo ideas, por débiles que sean, siempre se corre el riesgo de molestar a alguien, al que tenga otras. Lo mejor es carecer de ellas. Por lo demás, quien no tiene ideas se convierte en inexpugnable para la crítica. Entonces, el supremo valor del político pasa a ser la simpatía. Para que no parezca que nos movemos en la abstracción o en el maniqueísmo (la cosa, por cierto, no afecta sólo a la izquierda) quizá quepa poner algún ejemplo, sin ánimo de señalar. Hay que ser demoledor con la indigencia intelectual, pero piadoso con el indigente. El atento lector acaso acierte a poner nombre a los aludidos. Unos vienen a erigirse en una curiosa especie de patriotas sin patria (para evitar malentendidos no conviene identificar nación y patria, ni nacionalismo con patriotismo) Así, aman a España, pero al mismo tiempo aborrecen a los Reyes que lograron la unidad nacional. Otros esgrimen un patriotismo constitucional la patria sustituida por un texto legal. La verdad es que aún resultan preferibles a quienes optan por un patriotismo inconstitucional Tampoco faltan los que se confiesan religiosos sin trascenden- S cia, apóstoles de la solidaridad (a veces, de boquilla) y negadores de la inmortalidad y aún del alma. Profesan un cristianismo raquítico y politizado, cuyo lema bien podría ser: Al socialismo por Cristo Son maestros de la manipulación de textos, de su lectura incompleta y sesgada. Del episodio de la adúltera perdonada, suprimen la intolerable y dogmática frase final: Vete y no peques más Se ve que la idea de pecado revela mal (o poco) talante en quien la exhibe. También se regocijan con la preferencia de Cristo por las prostitutas y pecadores, pero su edición del Nuevo Testamento debe de diferir mucho de la mía, pues, según Marcos, cuando los letrados fariseos censuran a Jesús que coma con recaudadores (éstos no suelen ser citados) y pecadores, el Maestro les responde: No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino pecadores De manera que los pecadores no son preferidos, sino considerados enfermos necesitados de curación. ¡Qué falta de comprensión relativista y qué poco talante! Otros adulteran la democracia hasta vaciarla de límites al poder de la mayoría, respeto al Derecho y necesidad de oposición. En esto no les falta, ya que no acierto y verdad, al menos coherencia. Pues si la democracia consistiera en el poder absoluto de la mayoría o de la coalición gobernante, la limitación del poder sería ociosa, el respeto a los derechos, coacción, y la existencia de la oposición, abusiva. Olvidan que las cadenas no dejan de serlo por ser mayoritarias, y que la opresión de la mayoría es incompatible con la libertad. Bien se ve que han aprendido la falsa lección de que las ideas impiden la felicidad, y de que sólo son libres quienes se han despojado de la funesta manía de pensar Lo dicho: del pensamiento light, al pensamiento sin ideas. Se veía venir.