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94 Deportes TRAGEDIAS EN EL DEPORTE LUNES 17 1 2005 ABC Las cinco muertes en el Dakar marcan un periodo negro. Los deportes de ruedas, automovilismo, motociclismo y ciclismo, conviven con la fatalidad de un accidente. Los demás, con el riesgo de que el corazón se detenga de repente por exceso de trabajo Balonmano, motos y Fórmula 1 La muerte está en el límite TEXTO JOSÉ CARLOS CARABIAS MADRID. Una de las frases célebres de Jorge Luis Borges hace referencia al deporte. Habría que inventar un juego en el que nadie ganara La genial ocurrencia del escritor argentino no concuerda con los tiempos. El deporte es competencia atroz llevada al límite. La frontera acaba en el más allá. El Dakar representa el penúltimo espejo, convertido durante la última semana en una tumba ambulante. Dos pilotos muertos (el español José Luis Pérez, el Carni y el italiano Fabrizio Meoni) y dos asistentes belgas y una niña senegalesa atropellados por la vorágine del desierto. Una cadena de esquelas para un periodo negro en el que el obituario retrata aquel viejo aforismo según el cual el deporte de alto nivel es nocivo para la salud. No es un milagro que las estruendosas costaladas de los coches de las 500 Millas de Indianápolis contra los muros se salden casi siempre sin desgracias personales. Después de un ciclo mortecino para más de diez pilotos en los años 90, los organizadores de la prueba contrataron a uno de los mejores ingenieros de Estados Unidos para diseñar una idea. La valla de protección está fabricada de acero flexible que amortigua el golpe a través de una cámara de aire y unas barras de algo parecido a la goma- espuma. a la gravedad en las curvas que empujan todo hacia afuera, cabeza, pulmones, cuello, corazón... La sofisticación tecnológica ha generalizado el uso de un botón que interrumpe el sistema electrónico del coche y paraliza el riesgo de incendio. Aunque el metano sigue siendo invisible al arder... Ejemplos hay a cientos del peligro que encierran los deportes con ruedas. El mundo de los rallys no ha segado la mala hierba de los atropellos a espectadores. Y en los circuitos de motociclismo aún hay espacio para noticias luctuosas, como la muerte del prometedor japonés Daijiro Katoh en abril de 2003. Tenía un Mundial de 250, una victoria precoz en 1997 y un porvenir de estrella. Las críticas se centraron en la pista de Suzuka, desfasada y anticuada en su sistema de seguridad para muchos protagonistas. Aunque en otros escenarios menos tensos para la salud y mejor preparados para la conducción, como Donnington o Phillip Island, dos pilotos españoles casi se dejan el pellejo. A Checa le extirparon el bazo en Inglaterra y Dani Pedrosa se partió los dos tobillos en Australia. Vladimir Rivero murió el 24 de noviembre por un aneurisma de aorta cuando dormía. El portero cubano jugaba al balonmano en el Portland. La Vuelta, 139.000 euros Otro deporte sobre ruedas, el ciclismo, rima con inseguridad por definición. La nómina de muertos en la carretera es tan extensa como macabra (Casartelli, Espinosa, Sanroma... Y por esa cercanía a la fatalidad, un ciclista profesional está obligado a suscribir un seguro privado al adquirir su licencia. La póliza debe cubrir además la responsabilidad civil de daños a terceros y los daños propios de hospitalización y cuidados intensivos. La UCI deja abierta la cuantía del seguro, pero exige que sea imperativo. Y cada equipo asume una póliza para sus ciclistas. En España, por la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, una gran ronda como la Vuelta tiene la exigencia de firmar un seguro de responsabilidad civil y daños a terceros. En la última edición Unipublic pagó por ello 139.000 euros. Pero por encima del riesgo de accidente, en el deporte moderno ha tomado la palabra el corazón. En el límite de la frecuencia cardíaca se encuentra muchas veces la frontera entre la vida y la muerte. A Diego García le llamaban el tragamillas Equipado de serie para el maratón, se merendaba cada semana 250 kilómetros. Tercero en el Mundial de Helsinki 94 en la famosa llegada con Martín Fiz y Juzdado, al atleta se le paró el corazón una mañana mientras se entrenaba. Las arritmias han trabajado por exceso últimamente en el fútbol. Tres jugadores murieron durante 2004 en acto de servicio. El húngaro del Benfica Daijiro Katoh, piloto japonés y campeón del mundo de 250, falleció durante los entrenamientos del Gran Premio de Suzuka por un accidente. AUTOMOVILISMO Obsesión por la seguridad: trajes ignífugos, muros flexibles anti- choques, entrenamientos específicos para vencer la gravedad... CICLISMO Cada corredor tiene su seguro en la licencia y las grandes rondas firman pólizas de daños a terceros ESQUÍ NÁUTICO Un deporte sin muertes, pero con muchas lesiones, en el que un Campeonato de España paga 300 euros por un seguro a los deportistas Alessandro Zanardi perdió las dos piernas en una prueba automovilística de la Fórmula Cart. Miklos Feher cayó fulminado en el campo del Guimaraes mientras Camacho, atónito, no daba crédito. A Serginho, un brasileño del Sao Caetano, no hubo forma de reanimarle en una esquina del campo. Y Cristiano de Lima Junior falleció en la India después de un golpe con el portero rival que le secó el riego sanguíneo. Siempre la contingencia nociva de un corazón al límite, maltratado por el exceso. Esto le sucedió al portero cubano del Portland San Antonio. Vladimir Rivero. Se marchó a casa después de un entrenamiento y por la noche no se levantó. Un aneurisma de aorta acabó con su vida. Atropellado a 329 kms. h. El pilotaje es una profesión de riesgo. Pese a que la Fórmula 1 vive obsesionada por la seguridad, nadie olvida al último damnificado. El italiano Alessandro Zanardi perdió las dos piernas al ser atropellado por un rival a 320 kilómetros por hora en el mismo circuito alemán donde murió su compatriota Michele Alboreto. Los pilotos se entrenan con balones medicinales para habituarse al sufrimiento de los hombros en carrera, adaptan su organismo