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ABC LUNES 17 1 2005 51 Casi seis mil personas dieron su último adiós a Victoria de los Ángeles en el Palacio de la Generalitat Cayetana Guillén Cuervo: Era mi padrino. Su muerte es como un mal sueño, que no sabes si te está ocurriendo a ti Concha Velasco: Se pierde un grandísimo actor. Hemos sido muy amigos, hemos trabajo juntos y no me lo puedo creer Antonio GiménezRico: Era un actor irrepetible, con una gran versatilidad y el que mejor se cabreaba en el cine José Luis García Sánchez: Agustín González puso toda su vida al servicio de los personajes que le encomendaron MENOS MAL QUE HE DEJADO DE HACER CINE LUIS GARCÍA BERLANGA H a supuesto un duro golpe, una desagradable sorpresa. No me lo esperaba, ni creo que nadie, porque hoy en día a los 74 años hay mucha gente que está espléndida. Desde El verdugo hace ya 42 años, hemos mantenido una gran amistad. No concibo mi cine sin su gran presencia. Era un actor visceral, como los que a mi me han gustado siempre. No hacía falta ni dirigirle; simplemente se le soltaba delante de una cámara para que nos sorprendiera siempre con su fabuloso carácter. Le quería la cámara y su potencia destacaba antre otros actores... Esa era otra de sus facetas que me encantaban, porque en esa lucha entre ellos el rodaje se convertía en algo fabuloso de vivir comprobando cómo surgía la chispa. El teatro y la televisión hicieron mucho por él, y Agustín supo devolvérselo con grandes inter- pretaciones, ofreciendo calidad en los dos medios y adquiriendo una gran popularidad. Sin embargo, no hay que olvidar que hizo más de 200 películas y siempre manteniéndose en un plano muy particular e independiente. Se creó un gran prestigio como actor de género y supo tener una forma de interpretar absolutamente identificable. Tenía un absoluto cariño por el padre Calvo de la saga de los Leguineche. Como amigo fue tan bueno como compañero de profesión. El último recuerdo que tengo de él es de hace pocos días, cuando me dieron un premio los dirigentes de la Comunidad de Madrid y él estaba en primera fila aplaudiéndome. Es un compañero que no se olvida. Menos mal que he dejado de hacer cine, porque sería triste volver a ponerme detrás de una cámara sin Agustín González. En La escopeta nacional junto a José Sazatornil dores teatrales pudieron disfrutar del magisterio de González en obras como La huella de Anthony Shaffer, en el papel que en la pantalla interpretó Lawrence Olivier; Trampa para un hombre sólo de Robert Thomas, y el Don Lope de Figueroa que encarnó en 2003 en El alcalde de Zalamea de Calderón de la Barca, por el que recibió el año pasado el Premio Max de las Artes ABC que interpretó incontables papeles. Actuaba en 1954 en La mordaza justamente en el Teatro Reina Victoria, cuando coincidió con la que sería su compañera sentimental hasta 1986, la actriz María Luisa Ponte. Comedias, dramas, obras clásicas se sucedieron sin interrupción en su vida profesional: Macbeth de Shakespeare; Numancia de Cervantes; Todos eran mis hijos de Arthur Miller; El rufián Castrucho de Lope de Vega; El fin del paraíso de J. B. Priestley, El tintero de Carlos Muñiz; El león en invierno de James Goldman; Sopa de pollo con cebada de Arnold Wesker; La velada en Benicarló de Manuel Azaña; Los emigrados de Slavomir Mrozek, donde mantenía un memorable mano a mano con José María Rodero... Y dos grandes acontecimientos: el mejor montaje de Luces de bohemia de Valle- Inclán, que se ha hecho en España, dirigido en 1970 por José Tamayo en el Teatro Bellas Artes, con Carlos Lemos como el homérico Max Estrella y González en la piel del taimado don Latino de Hispalis ¡Cráneo privilegiado! y uno de los mayores éxitos de crítica y público, Las bicicletas son para el verano de Fernando Fernán- Gómez, que dirigió a principios de los años 80 José Carlos Plaza y que llevó al cine en 1983 Jaime Chavarri, en ambas ocasiones con Agustín González como el cabeza de la familia en que se centra la obra. En fechas más recientes, los especta- Aunque en contadas ocasiones hizo un papel protagonista en el cine, era de esas presencias familiares que garantizan la solvencia de una película Escénicas al mejor actor de reparto. Con Agustín González desaparece uno de nuestros grandes intépretes, queridos, respetados y populares; un actor de carácter que se decía en tiempos, dotado tanto para lo dramático como para lo cómico, un registro en el que supo desarrollar como nadie los inteligentes recursos de la autoparodia. Descanse en paz. EL TALENTO Y LA GRACIA DEL CASCARRABIAS E. RODRÍGUEZ MARCHANTE gustín González es un paisaje del cine español. Del mismo modo que uno ve un saloon o un sheriff y sabe de inmediato que está en un western nada más aparecer Agustín González en el plano ya se tiene la certeza de que es película española. Un paisaje, además, que ha estado ahí durante las últimas seis décadas, casi tan fiel, tan elocuente y rocoso como el Monument Valley en las de John Ford. Seis décadas durante las cuales le ha dado sentido geográfico y social al cine de una lista de directores tan larga y tan variada que sólo con ella se podría escri- A bir la historia del cine español durante la segunda mitad del pasado siglo. Sólo algunos: Bardem, Berlanga, Camus, Armiñán, Saura, Trueba, Fernán Goméz, Chávarri, Garci... Y en algunas de las películas más importantes de nuestra cinematografía, como El verdugo o Plácido como La colmena o Los santos inocentes como El viaje a ninguna parte o El nido Como en Atraco a las tres o en Patrimonio Nacional Y en dos de los Oscar del cine español, Volver a empezar y Belle époque Muchos hablarán hoy de su gran y grande carrera de actor secundario; pero no será del todo exacto, pues Agustín González se ha comportado en todas esas películas y con todos esos directores, casi sin excepción, con la personalidad de un gran paisaje, y quien quisiera rodar en él habría de ser con sus características y circunstancias, como quien va al desierto o a las cataratas del Niágara: Agustín González, vestido de cura o de alcalde, vestido de drama o de comedia, rara vez alteró su modo de estar y actuar, su gesticulación de guardia urbano, el movimiento de acordeón de su cuello al cantar sus diálogos, siempre dichos con soniquete y como entre singultos y dudas. En sus últimos personajes para las películas de Garci (todavía da vueltas en su Tíovivo parecía que ambos hubieran hecho un pacto: tú relajas los hombros al decir la frase y yo te dejo que campanees ligeramente entre palabras y que gruñas lo suficiente como para mantener en forma tu imagen de hosco y de huraño, que parecía- -y perdóneseme semejante chiste en esta situación- -más que agustín disgustín ¡Qué gran actor para papeles de antipático! ¡Con lo caro que se paga eso en las urnas!