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50 LUNES 17 1 2005 ABC Cultura y espectáculos Manuel Alexandre: Estoy verdaderamente destrozado. Agustín no sólo era un gran actor, sino un gran amigo Asunción Balaguer: Paco y yo tuvimos una amistad fraternal con él; su Latino en Luces de bohemia fue antológico María Asquerino: Siento su muerte en el alma porque era un gran compañero, un magnífico actor para todo Enrique Cornejo: Un hombre de teatro en toda la acepción de la palabra, y una persona cabal de integridad extraordinaria Muere el gran actor de carácter Agustín González, presencia constante en el cine y el teatro españoles, falleció ayer en Madrid a los 74 años víctima de la neumonía que le mantenía hospitalizado desde hacía una semana b La capilla ardiente se instalará hoy en el teatro Reina Victoria, donde se encontraba representando la obra Tres hombres y un destino JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN MADRID. El nombre de Agustín González aún figura en los carteles del Teatro Reina Victoria y se anunciaba ayer en las carteleras de los diarios como una de las tres sólidas patas de la obra Tres hombres y un destino un gozoso homenaje a la profesión teatral en el que compartía protagonismo con otros dos ilustres veteranos de la escena y el cine, José Luis López Vázquez y Manuel Aleixandre. Casi a pie de escenario, Agustín González Martínez falleció ayer en una clínica de Madrid; apenas hacía unas semanas que, a consecuencia de una neumonía, tuvo que ser sustituido por Juan Jesús Valverde. Entrañable gruñón calvorota en multitud de papeles, el actor desaparecido tras más de medio siglo de carrera había nacido el 24 de marzo de 1930 en la misma ciudad donde ha muerto. Antes de que la brújula de su destino apuntara con tozudez de predestinación en dirección a los escenarios, probó suerte en los estudios de aparejador, peritaje industrial y Filosofía y Letras, y fue finalmente en la Universidad donde encontró la profesión a la que iba a dedicarse el resto de sus días. En las filas del legendario TEU de donde salieron algunos de los mejores nombres de la escena española de la segunda mitad del siglo XX, veló sus primeras armas como actor. Allí participó en uno de los montajes llamados a marcar época: el que el 24 de noviembre de 1952, casi de tapadillo, aprovechando un descanso en la representación de La moza del cántaro de Lope de Vega, un grupo de mozalbetes universitarios a las órdenes de Gustavo Pérez Puig representó en el madrileño Teatro Español; el título, Tres sombreros de copa de Miguel Mihura, donde interpretaba el personaje de Don Sacramento... Tres meses después, intervino en otro de los grandes éxitos del TEU dirigido por Pérez Puig: Escuadra hacia la muerte de Alfonso Sastre. La solidez y seriedad de este actor Agustín González ensayaba recientemente este gesto reconocible como propio de su temperamento dramático EFE EL CURA CABREADO JOSÉ LUIS LÓPEZ VÁZQUEZ H e sentido en el alma la muerte de mi compañero y amigo. Llevaba dos semanas enfermo, el tiempo que ha estado sustituido por otro actor en la función Tres hombres y un destino El productor nos avisó de que estaba ingresado en La Zarzuela. Allí le dieron el alta tras ese tiempo. Le dijeron que se fuera a su casa, pero al poco de llegar parece ser que se puso malísimo y lo tuvieron que ingresar nuevamente en urgencias. La experiencia teatral estaba siendo maravillosa. Hemos trabajado muchísimo para conseguir hacernos con los personajes. Desde el mes de junio te- níamos ya el primer libreto y a lo largo de muchas jornadas estuvimos trabajando con el guionista y el director para adaptar los personajes a nuestra personalidad. La verdad es que hemos compartido muy bien todas las intervenciones en las que coincidimos a lo largo de nuestras respectivas carreras. En esta obra de teatro, la compenetración se notaba desde el patio de butacas, porque la comedia siempre se nos ha dado bien. La gente acudía y eso significa mucho para los actores. También ha sido intenso y repetido el trabajo en el cine. Su gran personaje era el de cura cabreado Agustín estaba también extraordinario en el teatro, donde interpretaba todo. Con Valle- Inclán era muy explícito e intenso. Sin Agustín González no sé que pasará con Tres hombres y un destino No hay otro como él. Un actor inolvidable. culto y versátil, de gran prestigio y amplio bagaje interpretativo, lo llevó a figurar en muchos de los mejores proyectos escénicos, cinematográficos y televisivos de las últimas décadas. Pronto se asomó por primera vez como actor al cine, fue en 1954, interpretando un pequeño papel en Felices Pascuas de Juan Antonio Bardem, gracias- -todo hay que decirlo- -a la insistencia de Jesús Franco, el travieso tío Jess, entonces ayudante de dirección. En este terreno, aunque en contadas ocasiones hizo un papel protagonista, era de esas presencias familiares que adensan, cimientan y garantizan la solvencia de una película, al menos en el plano interpretativo. No está de más recordar que la calva del actor madrileño estaba presente, entre otros muchos filmes destacados, en títulos del calibre de Los santos inocentes (1984) y dos cintas con Oscar, Volver a empezar (1982) y Belle Époque (1993) Y en teatro, qué decir de cincuenta y tantos años de profesión durante los