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ABC LUNES 17 1 2005 Nacional TRASLADOS MASIVOS DE IRREGULARES A LA PENÍNSULA 17 Al llegar a Madrid son trasladados al centro de internamiento de Moratalaz, pero sólo están allí media hora. Su certificado de permanencia es un pasaporte a la libertad dades: dejarlos en las calles de las islas o trasladarlos a otros puntos. Las quejas de Canarias provocaron hace ya varios años que primero el Gobierno del PP y ahora el del PSOE- -que en su día criticó ferozmente la medida- -optaran por derivarlos a la Península y dejarlos a su suerte. Balla y otras 69 personas embarcaron el miércoles 12 en Fuerteventura en sendos aviones, custodiados por una decena de policías. La primera parada la hicieron en Valencia, donde desembarcó la mayoría del grupo, al que esperaba un autobús vigilado. El resto, entre ellos Balla, aterrizó en Barajas a las dos de la tarde. Les aguardaba a pie de pista un furgón celular de la Unidad de Intervención Policial que los condujo directos a Moratalaz, donde está situado el centro de internamiento de Madrid. No pasaron ni media hora en estas dependencias, pues su certificado de permanencia equivale al pasaporte hacia la libertad. La historia de Balla Fofana, nacido en Mali, es una copia de la de miles de subsaharianos que arriesgan su vida en una patera en persecución de un sueño. El Gobierno, a los no deportables como él los abandona a su suerte en las calles de las grandes ciudades Quiero quedar en Madrid, aquí todos trabajo TEXTO: C. MORCILLO FOTOS: ÁNGEL DE ANTONIO Un teléfono móvil A las cuatro de la tarde los encontramos cuando salían a pie de la comisaría, por la misma puerta que acababan de franquear custodiados, vestidos con ropas de tercera mano y su documento al cuello. Tres de ellos llevaban un teléfono móvil apuntado en una servilleta, único enlace con un país, un idioma y alguien conocido. Intentaron llamar, sin dinero, desde una cabina pública a esos teléfonos que traían y que eran su única tabla salvavidas. La Policía dice que somos libres proclama Drana Toure, de 20 años. Les preguntamos si han comido y aseguran que no, si conocen a alguien y se enzarzan en una explicación imposible. Son las seis de la tarde y los cinco jóvenes de Mali empiezan a tiritar debajo de unas ropas que conocieron tiempos mejores. La ronda de llamadas continúa. Al otro lado del teléfono un supuesto compatriota habla de Barcelona y Almería como destino mágico y pone precio: cincuenta euros, que en seguida interpretan como lo que les costará el viaje. Los cinco son musulmanes, jóvenes y casi analfabetos y con algunos parientes o vecinos en España quedan expuestos a la gentileza de los desconocidos Sus compañeros de avión correrán una suerte parecida. El ritual se repite. Recogida policial en el aeropuerto de Valencia, traslado al centro de internamiento e inmediata libertad sin ningún medio de subsistencia y con muchas posibilidades de acabar delinquiendo para vivir. El viernes pasado Interior fletó otro avión de menesterosos. Esta semana habrá nuevos vuelos. Sus pasajeros creen que han llegado a Jauja, pero no: están en Madrid, en Málaga, en Valencia y en Murcia. MADRID. Balla Fofana y Drana Toure son primos, de la misma aldea y buscan a otro primo suyo que vive en Madrid y al que no conoce Drana porque era un niño cuando su pariente vino a España. Ambos, pero sobre todo Balla Fofana, insisten en quedarse en la ciudad porque aquí todos trabajo nos argumenta sin el menor resquicio de duda. Bramane, de 21 años, tiene un amigo de su misma ciudad, llamada Segou, y Babadalecalo, el más reservado, conoce a su vez a otra persona. Ninguno puede llamar por teléfono porque ya tienen la libertad pero ni un duro en sus ropas prestadas. Utilizan el nuestro. Cruzan unas palabras en bambara, una de las lenguas más habladas en Mali, aunque no logran concertar una cita por lo que tenemos que hacer de mediadores e intérpretes. Sus conocidos o parientes son incapaces de explicarles cómo llegar a la boca de Metro más próxima. Les acompañamos y allí espera el famoso primo, que acaba de llegar de Torrejón de Ardoz. Su imagen resulta una quimera para el resto. Bien vestido, con zapatillas de deporte de marca y un grueso anillo de oro en su mano actúa como un imán de sueños. El primo- -ya español o casi- -nos aclara que él no llegó en patera y que de haber tenido que viajar así habría preferido morirse de hambre en su aldea. Les voy a buscar trabajo Son valientes porque no tienen miedo al mar ni a la muerte. El Gobierno y los amos pagan sueldos de miseria en mi país, trabajando de sol a sol en el campo o en la construcción. Ahora les voy a buscar trabajo Le sugerimos que sin papeles es difícil que encuentren una ocupación, y que para regularizarse necesitarán un certificado de antecedentes penales, pero él sonríe y nos quita la razón. Va a proporcionar cobijo a sus primos y los tres compañeros de viaje deberán seguir el suyo. Baba ya ha concertado su próxima parada. Se va a dirigir a la estación de Méndez Álvaro donde le espera un conocido de otro conocido que lo subirá a un autobús con destino primero Granada y después Almería. Baba está muy feliz obviando que en vez de a Jauja se dirige a unos invernaderos y a una chabola compartida de plásticos y desechos. Balla y Drana chapurrean en francés sus irreales certidumbres. Ambos quieren ser jardineros porque creen que en España, en Madrid, se necesitan muchas personas que cuiden las plantas. No hay forma de entender Balla Fofana, uno de los subsaharianos llegados a Madrid desde Canarias quién les ha contado tal utopía. Explican que tienen muchos hermanos y una familia muy pobre que necesita dinero. Ninguno ha ido a la escuela y escribir sus nombres les resulta una tarea de gigantes- -la tasa de analfabetismo masculina en Mali supera el 47 por ciento y la esperanza de vida no alcanza los 48 años- Si no fuera por lo dramático de estas historias, multiplicadas como en un dominó, resultarían un chiste. Están convencidos de que la célula de permanencia que llevan al cuello como un salvoconducto en tiempos de guerra los capacita para trabajar. La Policía ha dicho libres insisten una y otra vez. Libres, pero ilegales; libres pero casi mendigos. Carecen incluso de asistencia médica pues la mayoría no se empadrona. No nos creen y miran a su primo con indisimulada envidia. La Asociación Karibú, que ayuda a los subsaharianos llegados como Balla y Drana con una mano detrás y otra delante, lleva años denunciando la situación. El padre Antonio Díaz, responsable de la ONG, siempre ha sido tajante: No pueden traerlos aquí para luego abandonarlos a su suerte No pueden, pero es lo que está ocurriendo. Están convencidos de que la célula de permanencia los capacita para trabajar. La Policía ha dicho libres insisten