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ABC LUNES 17 1 2005 Opinión 5 Otra afrenta Ni al Ministerio de Exteriores, ni al del Interior, ni al de Presidencia, editores del libro, se les ha ocurrido distribuir en valenciano la Constitución europea. Sí lo han hecho en las otras lenguas cooficiales. Nueva afrenta para la Comunidad que preside Francisco Camps. El Gobierno parece decidido a hacer de menos a los valencianos y a las señas de identidad que reconoce su Estatuto. Impresentable y algo más Para aligerar la presión de los inmigrantes en Canarias, el Gobierno socialista ha decidido fletar diariamente vuelos chárter desde las islas a la península. En los tiempos de la oposición, criticaba prácticas similares; en el poder, ha multiplicado y sistematizado el procedimiento. Tan responsable política de inmigración se completa, después, con el abandono a su suerte de los subsaharianos una vez que llegan al nuevo destino. ABC ha podido comprobar cómo echaban a andar por Madrid sin que ningún agente de la autoridad dijese ni mu. Ahora el que tiene que hablar, y mucho, es el ministro Caldera. El único debe esperar El Departamento que dirige Pedro Solbes ha descartado la inclusión del tipo único en la reforma del IRPF que prepara. La idea de Miguel Sebastián (asesor económico del presidente del Gobierno) aireada con profusión y orquestación sinfónica en tiempos de campaña electoral, deberá esperar más de dos o tres tardes para convertirse en realidad. De nuevo, del dicho al hecho. ABC Adiós a un actor extraordinario. Tras medio siglo dedicado con pasión, devoción y extraordinario talento a la interpretación, tras casi dos centenares de películas y casi otras tantas apariciones en teatro y televisión, ayer falleció a los 74 años el actor Agustín González a consecuencia de una neumonía que le mantenía ingresado desde hace varias semanas en una clínica de Madrid. En su registros encajaban igualmente la comedia y el drama, y gracias a esa poliédrica pericia en representar todo tipo de papeles le valieron ser un referente continuo en los escenarios y tras las cámaras. En la imagen, González convertido en el Don Latino de Luces de Bohemia dirigido por José Tamayo. CÓMICO DE LA LEGUA (Y DE LA LENGUA) MANUEL DE LA FUENTE S E nos van. Se los lleva, inexorable, el tiempo. Listos como linces se curtieron en los escenarios lúgubres de la postguerra, le hicieron burla a los censores y recorrieron aquella España de alpargata y camisas azules en el carromato del teatro. Listos como linces, sí, y por ello también hoy en día convertidos en una especie en vías de extin- ción. Viejos cómicos, viajeros a ninguna parte, pero bien recibidos en los Madriles y en provincias, aquellas provincias de pensiones, fondas y gobernadores civiles, aquellas provincias de botas de media caña y correajes donde hasta Lope y Calderón debían andarse con certificados de buena conducta y el carné en la boca endecasílaba. De esa raza, de esa extraña especie, fue este cómico de la legua y de la lengua (afilada, afilada) un tipo tan singular que bajo su disfraz de cascarrabias y malas pulgas escondía el papel de esa sabia bonhomía que hoy, entre los actores (y los que no son actores) es tan difícil de encontrar. Cómicos nacidos y crecidos para, y no es una frase hecha, dejarse la vida sobre las tablas, a media luz, todo a media luz. La arcilla con la que se modelaron biografías como la de Agustín González ya no se encuentra. Ellos han valido para los rotos de la alta comedia como para los descosidos del destape allá por los setenta. Para el verso de los clásicos como para atracar (y atracarnos de risa) a las tres. De vez en cuando pasó por esta casa, hecho un pincel, con pajarita y pañuelo en el bolsillo de la americana (él decía americana, a cuerpo, sudar la camiseta) como cuando el viejo estudio fotográfico de Blanco y Negro estaba en obras, casi en ruinas, y a una compañera y crítico de teatro de ABC le espetó: Señorita (siempre decía señorita, como en las películas) esto es un muladar Su último papel, junto a López Vázquez y Alexandre, era, literalmente, el de su vida. Pero la cruel morcilla de este último párrafo nadie la esperaba, nadie la sabía. Ni siquiera el apuntador. Ni siquiera los ángeles, a los que ya estará chinchando.