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4 Opinión LUNES 17 1 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca Jefes de área: Jaime González (Opinión) Alberto Pérez (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Mayte Alcaraz (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO VISITA REAL A MARRUECOS A visita a Marruecos que hoy emprenden Sus Majestades los Reyes constituye la culminación del proceso de acercamiento a Rabat emprendido por el Gobierno socialista. Desde sus primeros días de gestión, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, tomó la decisión de poner en el primer punto de su agenda el perfeccionamiento de las relaciones con Marruecos, como un objetivo en sí mismo que según sus planes debe servir como mecanismo de estabilidad. El Gobierno ha querido subrayar sus intenciones con un grado de esplendidez inédito en la historia de la diplomacia española, con un aluvión de medallas y condecoraciones que ha concedido como preludio a la visita Real, a pesar de que algunas han ido a parar a altos funcionarios bien conocidos por sus repetidos gestos antiespañoles o a responsables de los servicios de seguridad que además de tener historiales oscuros en materia de derechos humanos, tienen en su hoja de servicios el haber ordenado acciones como la invasión del islote de Perejil, por no hablar de la deslealtad con la que otros de los galardonados se han comportado a la hora de colaborar con la Policía española en materia de lucha contra el terrorismo islamista. Es comprensible que la acción exterior de un país se encamine hacia el objetivo de mantener buenas relaciones con sus vecinos, aunque esta política con Marruecos ha alcanzado en menos de un año el gesto que culmina el escalafón del lenguaje diplomático- -una visita de Estado- -y todavía no se aprecian síntomas claros de que ésta haya producido efectos positivos para los intereses españoles, ni para la resolución de asuntos importantes como el problema del Sahara Occidental, en el que después de un inexplicable entu- L siasmo inicial por parte de José Luis Rodríguez Zapatero, Moratinos ha tenido que hacer malabares para disimular un alineamiento promarroquí que ha provocado una clara devaluación de la posición española y el enrarecimiento de las relaciones con Argelia. Tampoco se puede decir que en otros problemas como la emigración clandestina hacia España se hayan logrado mejoras a la altura de las expectativas, y para ello basta con ver un telediario en época de bonanza en la mar. Lamentablemente, Zapatero ha ignorado que la política marroquí está basada en conceptos que no son equivalentes a las prácticas europeas. Para un gobernante como el monarca marroquí, que sabe que va a permanecer en el poder absoluto de por vida y ajeno a cualquier principio de alternancia, la sucesión de Gobiernos democráticos en otros países puede parecer como un elemento accidental o exótico con el que puede maniobrar en el diseño de su política. Resulta menos explicable que el Ejecutivo socialista haya entrado en este tipo de lógica, y que el Rey Mohamed VI y el actual Gobierno español tengan en común su animadversión con el anterior Ejecutivo, lo cual no dice gran cosa ni del sentido de estado de unos ni de la perspectiva histórica de los otros. Las relaciones con Marruecos no fueron tan malas durante toda la época del Gobierno del Partido Popular ni hay garantía alguna de que vayan a ser extraordinariamente felices el tiempo que Zapatero permanezca en el poder. En realidad, son tan antiguas que han atravesado todos los grados posibles de cercanía y desencuentro y a veces de las dos cosas a la vez sin solución de continuidad. Lo que se espera de los gobernantes a este lado del estrecho es que sepan reconocer dónde está el mejor equilibrio para preservar los intereses españoles. ETA Y LA MEMORIA L CONVERGENCIA ANDALUZA A NDALUCÍA crece más que la media nacional, pero a este ritmo tardará treinta años en alcanzarla, según el informe de Analistas Económicos de Unicaja. Informes anteriores de otras entidades de larga tradición en el estudio de las disparidades regionales, como La Caixa o el BBVA, ya habían establecido que las diferencias regionales de renta disminuyen muy lentamente y que tanto el crecimiento económico, como la evolución demográfica o las transferencias del Estado juegan un papel importante. No conviene olvidarlo a la hora de negociar el nuevo sistema de financiación autonómica. Pero es cierto que antes de pedir solidaridad, la responsabilidad primera de cada administración es fomentar el crecimiento y el bienestar de sus ciudadanos. El problema de Andalucía es que el crecimiento se sustenta en sectores que requieren mano de obra poco cualificada, como la construcción y el turismo; que se está quedando atrás en el desarrollo tecnológico; y que la agricultura tradicional todavía tiene una importancia excesiva. Como un retrato calcado de la posición de España en Europa, Andalucía requiere una apuesta decidida por la modernización y la productividad, y por aumentar la población ocupada. Factores todos ellos que exigen flexibilidad y competencia en el mercado de trabajo y un impulso decidido a la movilidad geográfica y funcional de la mano de obra. No es suficientemente conocido que dentro de la propia Comunidad andaluza hay regiones con pleno empleo y otras con tasas de paro entre las más altas de España. Las políticas asistenciales son necesarias para evitar situaciones de pobreza incompatibles con una economía desarrollada como la española, pero no pueden perpetuarse ni convertirse en una rémora del crecimiento. Las voces que desde el socialismo gobernante proclaman la libertad económica y la competitividad externa como objetivos han tenido en Andalucía, donde llevan 22 años gobernando ininterrumpidamente, una excelente oportunidad para demostrarlo. Pero el tiempo sigue pasando... A predisposición a la desmemoria siempre ha sido el principal aliado del nacionalismo vasco, incluido el que representa ETA. Si se tiene en cuenta este dato, puramente empírico, podrá valorarse el último comunicado de la banda terrorista en sus justos términos y así relativizar su alcance. El propósito de la banda terrorista con su comunicado de ayer era sumarse a la sincronía nacionalista impuesta por el plan Ibarretxe y avisar al PNV de que su apoyo no es un cheque en blanco. Después de Ibarretxe, Atutxa y Otegi, faltaba ETA para completar el elenco del frente abertzale que ha propiciado el lendakari. Desde el 30 de diciembre, nada de lo que emane de este frente nacionalista es o será ajeno a los intereses comunes de sus integrantes y era necesario, para consumo interno, que la imagen de convergencia quedara explícita, con un plan que abraza a todos, desde el PNV a ETA. Sin duda, los terroristas también tienen presente el acoso del Estado, la situación in extremis de la izquierda abertzale y la posición de fuerza que ha adquirido el PNV en la comunidad nacionalista, gracias, por paradójico que resulte, a la debilitación progresiva de ETA. Pero sería un grave error interpretar esta irrupción de ETA como un acto aislado de la ejecución del plan Ibarretxe. La motivación estaba descrita en la taimada invitación que le cursó Otegi a Rodríguez Zapatero para ser el Tony Blair español: convertir el proceso de soberanía abierto por el PNV- -y con la aquiescencia de este partido- -en un proceso de paz, de paz a cambio de soberanía. El plan lo pone el PNV y ETA la coacción. La memoria, por tanto, debe hacer presentes ahora los intentos de 1989 y 1998, cuando se dialogó con la banda terrorista. También debe hacer presente el preámbulo del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, que compromete a PP y PSOE para negar cualquier beneficio político al cese de la violencia, lo que incluye la oposición al plan Ibarretxe como obligación inherente a este acuerdo de Estado. Y debe también recordarse que hoy Batasuna es una organización ilegal y que ETA ni siquiera ha anunciado una tregua indefinida. La respuesta del Gobierno socialista, similar a la del PP, ha sido la correcta al exigir a ETA el abandono de las armas y el cese de la violencia. Incluso cabría enumerar más exigencias, porque tras el fraude de 1998 sólo son admisibles actos inequívocos de desarme incondicional y entrega de los terroristas a la Justicia. Parece evidente que, inmerso en la debilidad y con el fin de no perder su presencia política algo se está moviendo en el mundo abertzale. Con la sombra de una hipotética tregua planeando sobre el futuro, el Gobierno ha de ser muy cauteloso y debe saber medir bien los pasos que se dan al otro lado para preparar conveniente los suyos.