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72 Cultura MUERE LA SOPRANO VICTORIA DE LOS ÁNGELES DOMINGO 16 1 2005 ABC Perteneciente a una generación dorada de cantantes, Victoria de los Ángeles destacó siempre por el cuidado con el que trató su privilegiado instrumento vocal y por su afán de buscar siempre, por encima de todo, hacer música Hacer música sin esperar nada a cambio POR ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE No hay retrato de Victoria de los Ángeles sin una mirada melancólica. De vivir en otro tiempo, su iconografía sólo habría alcanzado a dejarnos el contorno de una pose elegante, la sonrisa de alguien sincero y la apostura del artista sin artificio. Pero la gran crueldad de la edad contemporánea es su capacidad para detener el reloj y hoy, en el justo momento de su muerte, es posible, y hasta inevitable, tomar alguna de sus grabaciones y hasta volver sobre aquellas fotografías, sonidos e imágenes congeladas, en las que se muestra sin tapujos la mirada contenida de quien convirtió el canto en una experiencia estética. Curiosamente, en el legado de Victoria de los Ángeles se echa de menos una grabación dedicada a la Mariscala de El caballero de la rosa Jamás quiso enfrentarse al papel para no sentir el paso del tiempo, no desde un punto de vista físico, sí desde esa sensación de nostalgia con la que Strauss dibujó la perdida del mundo de la seguridad que en paralelo Zweig puso en literatura. Lo sabemos porque ella misma lo explicó. Hay cantantes que a lo largo de su vida cuentan una y mil veces las anécdotas de su carrera, que condicionan sus triunfos a una cuestión cuantitativa, suman actuaciones, títulos y riqueza. Del otro lado hay artistas, ha sido el caso de Victoria de los Ángeles, que han optado por hacer música sin esperar nada a cambio y que a la hora de hablar cargan sus palabras, propagan ideas y difunden voluntades. El arte comprometido no es sólo el arte militante, como tantas veces se dice. También es el arte que asume ser sincero consigo mismo, que se proclama, como el suyo, con inteligencia, sabiduría y honradez. Victoria de los Ángeles partía de un instrumento vocal de una belleza desgarradora. Ella misma antepuso la necesidad de conservarlo a cualquier Victoria de los Ángeles, en un ensayo de Tannhäuser en Bayreuth en 1961. La cantante fue la primera española que intervino en este prestigioso festival otro fin. Preservar el sonido y su belleza es un proceso complejo que requiere oír cada nota. Victoria de los Ángeles lo hizo a solas, escuchándose, cuidando encontrar siempre la música adecuada y llevándola a un terreno posible. Tras las primeras tentativas como mezzo y soprano dramática, acomete papeles más ligeros gracias al consejo de Napoleone Annovazzi. Cantaría Wagner, pero a Elisabeth, Elsa y a Eva, les infundió el sentido lírico que le era cercano. Siempre a cuestas con la expresión de la línea, aun cuando la ABC voz se pudiera recrear en los acentos dramáticos de su timbre lírico. Entre todos sus papeles cantó Manon como prolongación natural a sus condiciones vocales, Rosina para divertirse, Mimì en cercanía a su propia forma de sentir, Butterfly bajo el etéreo pensamiento de un logro imposible y Charlotte al lado de Werther, para convertirse en espectadora de Alfredo Kraus y vibrar literalmente de emoción a su lado. No se puede olvidar su dedicación al recital. Victoria de los Ángeles aten- dió al gran repertorio, pero siempre reservó sitio para la música española. El mundo de la canción de concierto llega tarde a España, ya avanzado el siglo XX. Una de las razones es la existencia de una serie de importantes cantantes que se preocupan por su promoción y difusión. Victoria de los Ángeles fue fiel a ese repertorio desde su primera aparición en el Palau de la Música Catalana, en 1944, realizada al lado de las partituras de Granados, Turina, Toldrá, Rodrigo, Falla y un estreno de Mompou. Y aún sintió la curiosidad de rebuscar más allá de lo habitual y tanteó la zarzuela y la música antigua de la mano de José María Lamaña pionero en nuestro país en la investigación de las maneras originales. Se ha dicho que Victoria de los Ángeles ha sido un milagro de la interpretación española Es poco. Aunque en la superficie quede la pureza de la dicción y la expresión exacta, su retrato es más hondo y cobra su verdadera dimensión cuando se vincula a la defensa a ultranza que siempre hizo del respeto al arte. Su tiempo era el de Schwarzkopf, Fischer- Dieskau, Windgassen, Hotter, Hopf, Schöffer, Nilsson, Björling... Y no porque en éste falten voces, sino porque, como dijo, en la gran mayoría de las de ahora las inteligencias han quedado sumergidas La veracidad de su arte, su conversación y sus silencios son ya historia. Salvo salidas esporádicas, Victoria de los Ángeles se despidió de los escenarios hace más de un cuarto de siglo, ya en las postrimerías de su época dorada. Fue una cantante afortunada en el escenario y con la suerte justa en la vida. Quizá el todo ayudara a dibujar su personal estilo. Lo contaba ella misma cuando tras la muerte de un amigo se quedó sin voz y encontró el remedio de manos de un médico hindú: ¿Has llorado No, pues ponte a llorar