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ABC DOMINGO 16 1 2005 Los domingos 67 Ahora bien, ¿qué se consideraría lengua materna? Muchos niños catalanes pueden tener como lengua materna el español o el catalán, según lo que la familia decida, incluso ambas podrían considerarse maternas en algunos hogares. Muchos frisones pueden tener como lengua materna el holandés o el frisón; muchos galeses, el galés o el inglés. Si a la maternidad lingüística se suman las lenguas que aporten los emigrantes en la Unión Europea, las opciones podrían multiplicarse por diez. todo indica que la Unión Europea promoverá el multilingüismo optativo entre sus miembros (recomendándoles estudiar dos lenguas aparte de la materna... y ya veremos qué se entiende por materna y cuáles de esas dos complementarias) y tenderá a una selección de lenguas, en lo que concierne a la representación pública de la Unión Europea, la comunicación en asuntos generales, presencia y voz exterior europeas. En principio hay cuatro lenguas de las que la Unión Europea no debería prescindir: inglés, español, francés y alemán. Las tres primeras son las genuinamente internacionales de la Comunidad: son parte de una constelación con la que la Unión Europea podría entenderse con casi todo el mundo Sin embargo, dicha selección podría parecer arbitraria: ¿por qué no el italiano? ¿por qué no el portugués? Pues... no hay argumentos de peso para negarles un puesto. Es verdad que el inglés, el español y el francés son internacionales, pero ¿para qué tres lenguas internacionales? Bastaría con una; sin embargo, ¿tendría sentido que la Unión Europea, puesta a negociar con Iberoamérica, lo hiciera en inglés, teniendo en su seno el español y el portugués? En fin, mientras llega el futuro y un robot maravilloso nos solucione el problema de entendernos ¿qué estrategia general, de orden sociopolítico más que técnico, podría planearse para el español en un terreno, en principio, poco propicio para él como es la Union Europea? Aunque el futuro es impredecible, todo parece indicar que en la Unión Europea se van a abrir procesos de selección lingüística de distinto orden: administrativo, parlamentario, de relaciones exteriores, político, militar, comercial, educativo, y todo indica que en ningún proceso de selección el español está situado óptimamente. Se puede suponer que, en tanto en cuanto los órganos directivos de la Unión Europea se centralicen, tengan mayor hegemonía y poder directivo y se vaya hacia tomas de decisión cada vez más concentradas, el margen para el plurilingüismo será menor. Si la Unión Europea se plantea un programa de economía lingüística porque no todas las lenguas pueden estar presentes en todas las situaciones, el español puede dejar de estar en muchas de ellas. Si a esto se añade la reciente ampliación hacia el este de Europa, donde aparte de las lenguas nacionales que se sumen a la Unión Europea, el inglés y el alemán tienen todas las ventajas para establecerse como sengundas lenguas, las perspectivas del español no son luminosas. Con todo, el español representa en Europa un caso peculiar y debe jugar sus bazas. el español es la porción europea de un idioma, sobre todo americano. Esto conviene tenerlo en cuenta y no dejarse llevar por la falsa idea de que el español, sobre todo, es asunto de España. He aquí un argumento a favor del español europeo: presentarse como la frontera occidental de Hispanoamérica en Europa, que es en términos idiomáticos en lo que nos hemos convertido; también como la única lengua hablada en la Unión Europea que verdaderamente interesa como extranjera en Estados Unidos y, con el inglés, en Brasil. Es la única lengua de nuestro ámbito europeo- -descontado de nuevo el inglés- -para la que se prevé un crecimiento demográfico notable a lo largo del silo XXI. Mientras que para el francés se prevé en términos internacionales una disminución de hablantes, no sucede así con el español: si en el año 2005, el 7,5 por ciento de la población mundial podrá comunicarse en español, sólo podrá hacerlo en francés el 1,7 por ciento, que habrá quedado por debajo del ruso, el árabe e igualado con el japonés, el alemán y el turco. Así pues, si la Unión Europea piensa proyectarse internacionalmente, el español debería estar presente en esa proyección. Dicho de otra manera: una de las estrategias del español en la Unión Europea consiste en considerarse como integrante de una familia lingüística amplia, pues lo que se habla en España es lo que se habla en México y en veinte países más: no por el hecho de radicar en una parte de Europa el idioma ha de ser considerado en su dimensión exclusivamente continental. Si orientáramos el futuro del español europeo mirando solo a Europa, estaríamos haciéndole perder peso. También es una lengua con más futuro demográfico que todas las habladas en la Unión Europea, esceptuando el inglés Hay que suponer, razonablemente, que todo esto no convenza en la Unión Europea y que la selección lingüística siga adelante con desplazamientos progresivos del español. Efectivamente, parece que no resulta comprometido desplazar al español del espacio institucional en Europa, empezando por la propia España, mientras que resulta prácticamente imposible hacerlo en América Título: El porvenir del español Autor: Juan Ramón Lodares Editorial: Taurus Páginas: 280 Precio: 17 euros Fecha de publicación: 17 de enero