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62 Los domingos DOMINGO 16 1 2005 ABC INTERNACIONAL La cordillera del Rif, de mayoría bereber, es uno de los sectores más problemáticos para el Gobierno marroquí LUIS DE VEGA Quince kilómetros, aunque sean de agua, es demasiado poco para que España y Marruecos se ignoren. Tras barrer el patio a nivel político, Madrid y Rabat quieren poner orden en casa con la visita de Estado de Sus Majestades los Reyes. Mohamed VI, el vecino de abajo, prepara un recibimiento a lo grande Vecinos a la fuerza as diez de la mañana del miércoles 29 de junio de 1803 zarpaba en una pequeña lancha desde el puerto de Tarifa el barcelonés Domingo Badía y Leblich. Cuatro horas después llegaba a Tánger encarnando al príncipe abasí Ali Bey, espía y estudioso enviado por Manuel Godoy, primer ministro de Carlos IV. ¿Traéis pasaportes? preguntó el capitán del puerto. Sí, traigo uno de Cádiz respondió el recién llegado. La sensación que experimenta el hombre que por primera vez hace esta corta travesía no puede compararse sino al afecto de un sueño, se halla realmente como transportado a otro planeta Era el comienzo de dos años de estancia en lo que más tarde sería el Reino de Marruecos y que quedaron recogidos, junto a sus numerosas investigaciones por el mundo musulmán, en su libro de viajes. Aquí el observador toca en una misma mañana las dos extremidades de la cadena de la civilización; y en la pequeña distancia de dos leguas y dos tercios que es la más corta Al POR LUIS DE VEGA, CORRESPONSAL, RABAT entre ambas orillas, palpa la diferencia de veinte siglos escribió Badía. Hoy, doscientos años después, quizás sería exagerado mantener en pie tal afirmación. España y Marruecos no son planetas distintos ni distan entre si veinte siglos, pero sí es cierto que esas dos leguas y dos tercios- -esos quince kilómetros de agua- -son una pequeña gran distancia, nada más y nada menos que la que separa Europa de África. O la que las mantiene unidas. Ahora, repitiendo la travesía del príncipe inventado, numerosos turistas zarpan cada día del puerto de Tarifa y, en poco más de treinta minutos, desembarcan en la orilla de enfrente. Se trasladan a ese otro mundo, el tangerino, puerta de Marruecos, del Magreb y de África pero que casualmente ni es Marruecos, ni es Magreb, ni es África. Tánger es... Tánger. Puerta de entrada pero también de salida. Por eso el visitante no ha de extrañarse al ver merodear a numerosos jóvenes subsaharianos por los alrededo- Los obstáculos y problemas que separan a España de Marruecos quedarán apartados durante el viaje oficial de los Reyes res de la Medina, subiendo y bajando entre el Zoco Chico y el Zoco Grande. Buscan, también doscientos años después, la forma de realizar a la inversa la travesía de Ali Bey. Piensan- -a veces con razón- -que la orilla de enfrente es otro mundo, otro planeta. Pero no tienen el pasaporte que seguro les pedirán, como hicieron con el viajero español. Se trata de una importante visita de Estado, pensada en positivo, y que va más allá de los colores de Gobierno y oposición Obstáculos apartados Esa es la ancha realidad del Estrecho, que marca indefectiblemente las relaciones de la orilla europea y la africana, España y Marruecos. Igual que el tráfico de hachís- -la cocaína gana terreno- la falta de solución al conflicto saharaui, la demanda de los pescadores de un nuevo acuerdo, el terrorismo, las prospecciones petrolíferas o la reclamación por parte marroquí de los territorios españoles del norte de África. Pero esos obstáculos quedarán aparcados, al menos por unos días, cuando mañana aterricen en el aeropuerto de Marraquech los Reyes Don