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28 Internacional ELECCIONES EN IRAK LA VIOLENCIA, OMNIPRESENTE DOMINGO 16 1 2005 ABC Votar bajo peligro de guerra civil Los comicios se enfrentan al dilema de cómo instaurar un régimen legítimo si no votan los suníes b Los terroristas de Al Zarqaui intentan aprovechar la brecha y acelerar el enfrentamiento civil con repetidos ataques contra mezquitas y religiosos chiíes ALBERTO SOTILLO MADRID. Tras la espiral de violencia en Irak subyace un problema de legitimidad. Allí se hizo una guerra con el aparente objetivo de desarmar a Sadam. Cuando no hubo manera de encontrar las armas, se dijo que era una guerra contra el terrorismo. Luego, a medida que Irak se ha ido convirtiendo en escuela de terroristas, se ha olvidado también ese argumento. Así que ahora se apela a la democratización, como en tiempos se apelaba a la salvación de las almas para justificar el viejo colonialismo europeo. Lo de la democracia- -como lo de la salvación de las almas- -es un argumento inapelable. Y como la democracia se hace con elecciones, en Irak se están preparando las urnas para celebrar comicios en mitad del infierno. Lo del infierno no es metáfora. Y si el proceso se descontrola, las elecciones pueden ser el desencadenante de una guerra civil. Ayer, el Gobierno iraquí anunció un drástico plan de seguridad que prevé crear un perímetro de vigilancia en torno a los centros de voto a los que no se permitirá el paso de vehículos. Pero el enfrentamiento civil provocado por la intervención es un problema que va más allá de estos parches de circunstancias. Una madre iraquí y su hijo minusválido se tapan los oídos en mitad de una acción de combate de los marines AFP En Faluya y otras ciudades suníes, el odio a la ocupación les lleva a apoyar a la guerrilla, por radical que ésta sea ción que venga a votar a sus redentores. ¿A quién van a votar en Faluya? Porque, en el trasfondo del boicot suní, está la ingrata realidad de que, en ciudades como Faluya, el odio a la ocupación militar les ha llevado a apoyar a la insurgencia, sin hacer muchos matices entre sus componentes. Si prospera el boicot en las poblaciones suníes, el futuro Parlamento tendrá una legitimidad parcial. Válida para chiíes y kurdos, pero no para suníes. La brecha que divide a las tres Bajo vigilancia militar Los partidos chiíes apoyan las elecciones, porque éstas les darían la legitimidad necesaria para acariciar el poder tras siglos de marginación. Pero influyentes organizaciones suníes van a boicotear los comicios, porque creen que éstas están viciadas por la ocupación militar. El caso de Faluya es sintomático. Primero se arrasa la ciudad y, después, se instala una urna y se le pide a la pobla- comunidades iraquíes podría hacerse más profunda. La guerra, además, suele ser mala consejera política. Y la de Irak ha atraído a extremistas que se dicen wahabíes y que consideran que el chiismo es una herejía contra la que cualquier salvajada es válida. Los defensores de la intervención en Irak parecen haberse apropiado el lema del anarquista Bakunin que dice que la energía destructora es también una energía constructiva Pero la experiencia iraquí más bien viene a mostrar que, por el contrario, sale muy cara la destrucción de un Estado. A medida que fracasó la intervención, se constató que no se puede reconstruir un Estado sin una cierta legitimidad. La revolución política que se quiso poner en marcha en Irak parecía haber olvidado ese reaccionario principio que dice que la democracia o respeta las formas o no es democracia. Las próximas elecciones van a dar el poder a los chiíes, pero la violencia no va a parar hasta que se encuentre alguna fórmula de integración de los suníes. Atentos, los terroristas de Al Zarqaui quieren acelerar la guerra civil con atentados contra mezquitas y religiosos chiíes. Y sólo los llamamientos a la contención del ayatolá Sistani han evitado el enfrentamiento. Los comicios, no obstante, también pueden ser una oportunidad. Los elegidos tendrán una cierta legitimidad. No estarán sometidos a una obediencia obligada. Si no hay sospechosas sorpresas, ganarán los partidos religiosos chiíes y, tal vez, a éstos no les resulte imposible ponerse de acuerdo con los religiosos suníes para reconstruir un Estado que defienda los intereses de Irak y no los de la coalición