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12 La Entrevista DOMINGO 16 1 2005 ABC El arquitecto, en su estudio, en las dependencias donde trabajan algunos de sus colaboradores Viene de la página anterior dral de Los Ángeles? -A mí me hubiera gustado hacer la cripta, pero el cardenal tenía claro lo que quería de cada uno. La cripta quedó en manos de arquitectos de Dallas que habían hecho criptas y cementerios por toda América. ¿Por qué no ha hecho rascacielos? -No sé contestarle bien. Cuando se hicieron las torres de la Ciudad Deportiva del Real Madrid, uno de los promotores se puso en contacto conmigo. Yo estaba tan ocupado con otras cosas y también con la ampliación del Prado... A lo mejor me habría medido con esa torre si no hubiera estado haciendo el Prado No he tenido la oportunidad, la ocasión de construir una torre. ¿Qué opina entonces del debate sobre la altura propiciado por los atentados de las Torres Gemelas? -En general yo creo que siempre que se puede hacer un desarrollo en horizontal resulta más eficiente. Tanto para vivienda como para oficinas. Los rascacielos rara vez están ocupados por una sola institución. Nadie que construye oficinas considera que la vertical es la mejor manera de comunicar todas las superficies. Son edificios que aprovechan el suelo de manera intensiva. Por eso los rascacielos sólo tienen sentido en downtowns donde el suelo es muy caro. Si no, tienen el atractivo de ese gesto primario que hay en construir en altura y que tal vez un día deba afrontar. ¿Y viviendas? -No creo que sea muy grato para familias con niños vivir en altura, depender para todo de un ascensor. Salvo La polémica del Prado ha sido la experiencia más dolorosa de mi carrera -La polémica del Prado ha sido la experiencia más dolorosa de mi carrera, pero no sé hasta qué punto ha traído una notable mejora del proyecto que se concreta en tres puntos: en la liberación del ábside de la basílica de Villanueva con un patio, en la transformación del techo acristalado en un parterre aterrazado y luego, por último, en la arquitectura menos contundente y sin embargo para los ojos de la mayoría más respetuosa del edificio que envuelve al claustro frente a la primera propuesta. -Se refiere al doble retranqueo de la fachada del edificio de Los Jerónimos, pero parece hablar con menos convencimiento. -Este punto es tal vez en el único en el que siento nostalgia de la primera solución, pero entiendo que a lo mejor la mayoría de las gentes vean con buenos ojos lo que está pasando ahora. No se me caen los anillos por reconocer que la polémica del Prado ha servido para mejorar el proyecto sin cambiarlo en sustancia. -Usted apeló en este caso a la humildad de oficio, en las antípodas de la soberbia que se supone a las estrellas de la arquitectura. -No es el caso en un proyecto como el Prado. Soy absolutamente consciente de que el arquitecto debe ponerse al servicio de una institución tan importante, perder protagonismo. No acepté medirme con mi primer rascacielos en Madrid porque estaba muy centrado en el Prado No hay lugar para las fantasías exageradas de los arquitectos, ya no pensamos que podamos arreglar el futuro personas solas en determinadas condiciones de paisaje o por las vistas. De todos modos es muy difícil generalizar porque se construyen también muchos rascacielos fuera del contexto del suelo caro. China ahora está llena de edificios en altura. -Sáenz de Oiza decía al final de su carrera que se sentía fracasado. ¿Cuál es el fracaso del arquitecto, cuál ha sido el suyo? -Era un hombre de una inteligencia potentísima que pudiera haber sentido que dejaba esta vida sin haber hecho todo aquello de lo que se sentía capaz. No dejo de pensar que era un senti- miento personal y que puede que no se correspondiese con todo lo hecho. Oiza ha dejado algunas de las obras más importantes de la arquitectura reciente madrileña y ha dejado un impacto enorme en generaciones de arquitectos. ¿El fracaso tiene alguna lectura fuera de lo personal? -Los arquitectos de la primera mitad del siglo XX tuvieron algunos momentos de confianza excesiva en sí mismos que no han tenido los de la segunda mitad. Éstos han tenido una actitud más crítica, menos confiada, menos mesiánica. Aceptar la pérdida de la condición mesiánica es una conquista de estos tiempos. Es bueno, es algo grande no haber sufrido la tentación apocalíptica de pensar que nuestra generación ha resuelto para siempre lo que va a ser el futuro. Si algo hay de bueno ahora es precisamente eso, que no hay tanto lugar para esas fantasías exageradas de las que siempre han vivido los arquitectos. Le Corbusier sería un caso extremo en ese sentido. ¿Cuál es el rasgo propio del estilo Moneo? -Cuando veo retrospectivamente mi trabajo, yo creo que esa capacidad de ver en cada lugar las soluciones, aquella respuesta que introdujese o resolviese el conflicto que subyace en cada construcción. No hay dos proyectos iguales. He intentado hacer visible lo que la arquitectura podía ofrecer en cada lugar. -En su condición de navarro, tal vez sería relevante conocer sus impresiones de las tensiones territoriales que vive España en estos días. (Hay un silencio largo) Sé lo que tengo que decir, pero no puedo decírselo.