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ABC DOMINGO 16 1 2005 La Entrevista 11 Ocho años esperando su discurso Rafael Moneo fue elegido miembro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando en mayo de 1997, hace casi ocho años. Su candidatura fue respaldada por los académicos Antonio Bonet Correa, Luis Cervera y Antonio Fernández Alba. En la institución ocupará la vacante de otro arquitecto, Rafael Cano Lasso, fallecido en 1996. Moneo es autor del Museo Romano de Mérida, de la ampliación del Prado, del Moderna Muset de Estocolmo, el Kursaal de San Sebastián o la Catedral de Los Ángeles, entre otros proyectos. Sin embargo no es el único académico que aún no ha cumplido ese trámite que supone el discurso de ingreso. En la misma situación se encuentra el pintor Antonio López, elegido académico en enero de 1993, el cineasta José Luis Garci, cuya votación se produjo en 1997. Tampoco han ingresado los historiadores del arte Alfonso Pérez Sánchez y Tomás Llorens, elegidos ambos en 1998. Además de todos ellos, es académico electo José Ramón Encinar. China está siendo invadida por formas aculturales, sin saber por qué. Todo esto no es glorioso La arquitectura ha quedado reducida a un bien de consumo, las casas se venden hoy por metros cuadrados Barcelona es una ciudad que se ha contemplado más a sí misma que Madrid, que no sabe quién es encargo adecuado para que su contribución sea valiosa. Tener la calma de controlar el crecimiento es a largo plazo más útil que un golpe de efecto. ¿Pero una ciudad puede controlar eso? -Es difícil controlar a todos los operadores que actúan. Ni siquiera podría decirle cómo se coordinan las obras de un Ministerio con el Ayuntamiento. ¿Y cómo percibe el problema del carísimo suelo en España? -Seguro que el diagnóstico más certero debería venir en términos socioeconómicos. Por un lado está la necesidad de vivienda, que supone la del suelo. Lo cual debe implicar la claridad en el uso del suelo disponible. Si no, la carencia aumenta la especulación. Es obvio. Si hay que resolver problemas de vivienda tenemos que disponer de un suelo que no dañe el crecimiento de la ciudad más tarde. La liberalización no cabe, pero sí un urbanismo consensuado, racional, decente y bueno. ¿Y por el otro lado? -La presión de los tipos de interés. Si son bajos, presionan el mercado. También es importante que el parque de viviendas se use. -La arquitectura acompaña al hombre, es casi un humanismo. Usted ha construido la maternidad madrileña. ¿Qué reflexiones aborda el arquitecto desde este punto de vista cuando crea el medio en el que uno viene al mundo? -Yo nunca había hecho hospitales. El atractivo empieza en que la institución piense que un arquitecto pueda desentrañar la complejidad de un hospital. Aquí la arquitectura es lo contrario de la que vive bajo la presión de su imagen. Se impone la inteligibilidad, el uso racional del espacio. En último término, la creación de una atmósfera que ayude en esos momentos gozosos o dolorosos de las personas que lo van a utilizar. De ahí la elección de materiales, el ambiente luminoso, el deseo de que los pacientes no se encuentren con otros pacientes en las ventanas, sino la sensación de la vida que ocurre en los corredores. Las plantas se activan por los patios que permiten usar intensamente el suelo pero dotar de privacidad y luz a los usuarios. ¿Y la vida espiritual en la catePasa a página siguiente Rafael Moneo, durante la entrevista -Un aspecto de este problema es el culto mediático de las estrellas de la arquitectura. Se ha puesto de moda la importación del arquitecto divo, que una ciudad quiera un foster, un calatrava o un gehry para sus calles. -No me gusta. Creo que es una exageración pensar que una ciudad se estimula con la presencia de un edificio nuevo de alguien exitoso. El ejemplo de Bilbao es muy singular y no lo hemos visto repetirse tantas veces. El Guggenheim ha tenido un efecto urbanístico y social importantísimo, pero yo no creo que los otros intentos de comprar arquitectura como bien estimulante sean lo más recomendable. Los hay que han sido un fracaso. Por eso me colocaría en las posiciones opuestas. ¿Cómo las formularía? -Que las ciudades tengan capacidad de pensarse a sí mismas, controlar su crecimiento y resistir al espontaneísmo. Que las ciudades se proyecten con una cierta conciencia de que no es el caballo loco de la inercia en la construcción de algún elemento exterior lo que hace crecer. Aunque sea un tópico, Barcelona es una ciudad que se ha contemplado más a sí misma que Madrid, que no ha reparado en quién es. -En esos proyectos grandilocuentes, ¿no se siente el arquitecto como coartada de algo especulativo? -En ocasiones, sí. Muchas veces las instituciones lo traen por ese brillo y lucimiento, pero si traen a un arquitecto de fuera a una ciudad porque así se tiene la gestión municipal más fácil es mucho peor. La arquitectura basada en el escándalo momentáneo no es recomendable. Está bien que vengan arquitectos de fuera pero encontrando el