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10 La Entrevista DOMINGO 16 1 2005 ABC RAFAEL MONEO Arquitecto La arquitectura de divos, basada en el escándalo momentáneo, no es recomendable Rafael Moneo, premio Pritzker 1995, uno de nuestros más prestigiosos arquitectos, ingresa hoy en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Confiesa que la polémica del Prado ha mejorado su primer proyecto, aunque le hizo atravesar el momento más amargo de su carrera. No le gusta el divismo y piensa que la ciudad ya no es un mercado ni tampoco es el antiguo lugar de encuentro TEXTO: JESÚS GARCÍA CALERO FOTOS: CHEMA BARROSO En un mundo dominado por los grandes divos mediáticos de la arquitectura, a Moneo no le gustan las entrevistas. Sabía que por mi ingreso en la Academia tendría que sufrir y aguantar ese peaje, pero no por conocido es menos desagradable Sin embargo, iniciada la conversación, Rafael Moneo desgrana sus ideas con palabras lentas y pasión contenida. El arquitecto analizará hoy en su discurso de ingreso el elemento de arbitrariedad que acompaña a la arquitectura, incluso la más canónica. Moneo nos recuerda cómo Calímaco, según narra Vitruvio, extrajo la forma del capitel corintio casualmente, copiándolo de un cesto con hojas de acanto rizadas en la tumba de una joven. Y ese capitel encontró su función y se repitió en las construcciones de occidente durante dos milenios. ¿Por qué eligió este tema del diálogo del arquitecto con las formas? -Me ha interesado mostrar cuántas formas azarosas y fortuitas no dictadas por la razón, sino por un accidente no ligado a la propia disciplina, han estado presentes en la arquitectura, sobre todo en la del último tercio del siglo XX. En el discurso hay ejemplos, como Gehry, cuando elige la forma de unos binoculares para la fachada de unas oficinas, o una forma que él mismo inventa sin la presión de otros componentes. El discurso demuestra que eso se ha dado muchas veces como una alternancia: la de aceptar la libertad, lo fortuito, o sentir que uno trabaja al dictado de fuerzas, de la función, la construcción, o los materiales. ¿Y hoy qué ocurre? -La arquitectura está tratando otra vez de que no se la pueda llamar arbitraria. -De todo ese diálogo, ¿qué percibe la sociedad? Tal vez aceptamos ya la dicotomía de una arquitectura de grandes nombres y de gran impacto, y otra, más modesta, en la que la gente vive. ¿Trataría usted de asignar la etiqueta de lo inevitable a las casas en las que la gente vive y la etiqueta de lo fortuito a los elementos singulares? -Esa es la percepción que tiene el común de los ciudadanos. -Es muy difícil perseguir los orígenes de la arquitectura más vulgar. En el fondo habría que hablar de híbridos. El impacto más grande en la arquitectura de la vivienda ocurrió en el periodo de entreguerras, con el esfuerzo por establecer lenguajes en consonancia con las nuevas técnicas constructivas. Las manos del arquitecto Eso da una tasa racionalista que todavía está presente en las periferias de las ciudades, con densidades que permiten mejorar el rendimiento económico de los suelos. Pero ése no es el verdadero problema de la ciudad. ¿Cuál es el verdadero problema? -Que la arquitectura se ha hecho más irrelevante y la propia ciudad ha dejado de cumplir muchas de las funciones, de las misiones que tuvo. Hoy no se funda en la residencia, como la ciudad antigua. En el aspecto físico se nota mucho esta diferencia. En la ciudad medieval, incluso en la del XIX, uno camina en una estructura urbana representada por la vivienda. En los barrios periféricos de hoy eso ha desaparecido y lo más importante son los sistemas viarios que llevan a esos islotes donde cualquier cosa es posible. Una vez dentro del barrio la arquitectura es irrelevante, queda reducida a un bien de consumo. Las casas hoy se venden por metros cuadrados. El crecimiento rápido nos quita la oportunidad de ajuste de la ciudad antigua, donde se construía una casa después de otra. ¿Qué más cambios le importan? -La ciudad tampoco es ya el mercado. El mercado está en internet o en el centro comercial, en cualquier lado. Y la ciudad tampoco es un lugar de encuentro. Se dan muchas paradojas. Las ciudades construidas con menos medios suelen guardar más la racionalidad antigua. Las barriadas de Lima, por ejemplo, mantienen criterios formales próximos a cuando la ciudad no podía permitirse el lujo de lo superfluo. -Lima es más racional que... -Que Madrid, que la periferia de Madrid, siempre en el sentido antiguo de la palabra. Porque Madrid es una ciudad moderna que cuenta con el coche. -Usted defendió el coche frente al parecer de Foster en un encuentro de la Fundación Barreiros. -Es la paradoja. Pretendemos servir a la ecología, construir para estar cerca de la naturaleza, respetar el medio; pero nuestra ciudad diseminada es más destructora y gasta más energía. No es equivocada, pero resulta muy costosa, aunque sea el único modelo alternativo de ciudad. Un barrio como El Viso de Madrid sería hoy impensable. Pero, por más que nos guste, la realidad es que los ciudadanos no necesitan la ciudad antigua, donde nos La arquitectura es más irrelevante en una ciudad que ha perdido algunas de sus antiguas funciones Es exagerado pensar que una ciudad se estimula con un edificio nuevo de alguien exitoso. No me gusta A medida que España se incorpore a la tecnología perderá la arquitectura elaborada y llena de matices atraía el encuentro con lo impredecible. Hoy podemos comunicarnos y comprar de otras maneras. ¿Cuál es el nivel de la arquitectura española? -Muy valioso en general, muy alto, algo que está reconocido fuera. La transición cogió a los españoles más o menos preparados intelectualmente para responder a las exigencias de un programa de nuevas construcciones amplísimas que se dio desde los años ochenta. ¿Qué nombres le atraen especialmente? -Mejor no elegir, para no ser parcial, pero es fácil realizar una nómina de 15 ó 20 arquitectos muy importantes. ¿Y dónde se hace la mejor arquitectura del mundo? -No quiero escapar de su pregunta, pero no coincide con un lugar, ni con el más alto nivel tecnológico de un país. No quiero parecer elusivo, pero la globalización llegó a la arquitectura. Hay arquitectos flotando desde América a China y algunos, desde luego, son españoles. -La tecnología aparece como algo cada vez más importante, pero usted parece defender que su limitación estimula las ideas... -En la Edad Media se ponían en las catedrales todos los conocimientos disponibles. Hoy sería muy difícil decir que la punta de lanza de nuestros conocimientos está en la construcción. No lo está. Y se da la paradoja de que países muy adelantados tecnológicamente hablando, por la importancia de su industria, llegan a arquitecturas más simples. A veces los países en los que aún no ha desaparecido la capacidad de adoptar procedimientos menos conocidos o de mayor riesgo, por una industria más incipiente, o por tener menos atado el presupuesto, esos países son los que producen arquitecturas de más interés. A veces creo que con España pasó algo de eso. A medida que el país se incorpore más a la tecnología, perderá más fácilmente la arquitectura bien elaborada y llena de matices singulares, aceptados tanto por el constructor como por los clientes. Hubo críticos que hablaron en los ochenta de regionalismo crítico. Ya se ha diluido. -Esa homogeneización es muy general, ¿no? -Si uno viera lo que está pasando en China, observaría la invasión de ese país por las formas, que vemos en los periódicos, unas formas aculturales, sin saber muy bien por qué. Tampoco hay que decir que todo esto es glorioso.