Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
46 Sociedad VIERNES 14 1 2005 ABC Su nombre vuelve a resonar con eco catódico tras siete años de silencio. Ayudó al tetrapléjico Ramón Sampedro a cumplir su última voluntad: morir ingiriendo una solución de agua con cianuro y avivar el debate de la eutanasia. Ahora, Ramona Maneiro abandera la causa Hay que ser tonto para creer que sólo yo ayudé a Ramón; lo único que hice fue colocar el vaso TEXTO: ÉRIKA MONTAÑÉS FOTOS: MIGUEL MUÑIZ BOIRO (LA CORUÑA) Miércoles 12 de enero de 2005. 23.06 horas. Ramona Maneiro descuelga el teléfono en su domicilio, en el municipio coruñés de La Puebla de Caramiñal. Durante todo el día había sido su pareja sentimental, un tímido Manuel, el encargado de atender las decenas de llamadas que han asaltado su inexpugnable tranquilidad para devolver siempre idéntica contestación: rueda de prensa en Boiro el próximo viernes. La primera impresión es que a Manuel el revuelo formado a raíz de las declaraciones de su compañera el pasado lunes, en el espacio de Telecinco El programa de Ana Rosa en las que admitía haber ayudado a morir dignamente al tetrapléjico gallego Ramón Sampedro, le queda grande. En esta nuestra primera conversación, Ramona aclara que Manuel, que se enteró de la exclusiva al mismo tiempo que el resto de España, no se siente desbordado, aunque sí me comentó que temía por lo que podía caerme encima se apresura a matizar Ramona. El siguiente asunto es ya un lugar común: la multitud de acusaciones que ha recibido estos días tras su redebut televisivo (siete años después de haberse archivado la causa en el juzgado número 2 de Ribeira por un delito de cooperación al suicidio) Se dicen tantas cosas... En primer lugar, yo nunca confesé que le suministré y le llevé el cianuro a Ramón, porque eso es mentira. Lo único que yo hice fue colocar el vaso recipiente que contenía en su interior la solución de agua con cianuro que resultó letal, al ingerirla a través de una pajita, para el tetrapléjico oriundo de Porto do Son. La conversación se rompe a punto de repicar las mismas campanadas de la misma madrugada en que en 1998 se encontró cadáver a su querido Ramón. Tengo que acostar a mis viejitos Ramona se refiere a los padres de Manuel, un matrimonio con demencia en cuyo cuidado Ramona se ha volcado con ahínco. Se disculpa con suma amabilidad y se despide. Ramona Maneiro, en uno de los múltiples gestos expresivos durante su agitada conversación Enérgica como pocas, saluda a la avalancha de paparruchos, de nuevo lamentando no haber podido atender a su hermano Manuel, que había acudido dos minutos para poder hablar con Ramona. En la conversación de uno de los seis vástagos de los Maneiro Castro, abundan expresiones como irse por la tangente o manipular y desvirtuar Y es que Manuel no oculta su indignación con las cosas que está teniendo que volver a tragar su familia. Me molesta profundamente que se especule con el tema del dinero. ¿Que nos estamos haciendo famosos? Si nos hubiésemos querido lucrar, lo hubiésemos hecho hace siete años. Lo único que está haciendo mi hermana es reabrir el debate de la eutanasia y cumplir la última voluntad de Ramón Ella se mueve con soltura ante cámaras, libretas e interrogantes. Orienta a Hubo muchas cosas feas por detrás que aceleraron las ganas que Ramón tenía de irse de este mundo unos, se niega a hablar de Manuela Sanlés o José Sampedro, cuñada y hermano de su Ramón, y... me reclaman en Boiro. Podéis venir Al volante de su furgoneta, Ramona pisa con semejante fuerza a la que impregna en cada acto, cada palabra, cada gesto. No estamos ante una mujer corriente. De eso no cabe duda. Tanto su apariencia, vestida hasta la cintura por las ondas de su pardo cabello, como su carácter parecen férreos, tercos: Estoy muy orgullosa de haber hecho lo que hice y de haberlo dicho ahora. No Avalancha de paparruchos Pero no será por mucho tiempo. Al despuntar el día, y ante las puertas de su humilde vivienda- la misma que hace siete años, y aparezco exactamente con el mismo abrigo y la gorra de Nunca Máis de entonces, para aquellos que dicen que me he convertido en millonaria cobrando por las televisones Ramona amanece jovial. Se palpa el agotamiento en su, pese a las prisas y ocupaciones, satinado rostro. A sus 44 años, es madre de tres hijos y abuela desde hace ocho de un niñito, y en febrero lo será por segunda vez. me arrepiento de nada Asegura que no conocía que hubiese prescrito su delito- -lo hizo hace 60 días- -ni que sus declaraciones no conllevasen ninguna trascendencia penal: Si me hubiesen preguntado hace cuatro meses, hubiera reconocido que acompañé a Ramón en sus últimos momentos. Porque tenía ganas, porque quería liberarme y porque quiero continuar la lucha que me dejó Ramón, ya que él se fue y no me dejó un huerto o un piso. Me dejó su lucha La verdad, aún con sombras Muy pronto se comprueba cómo al rascar levemente en esa firme coraza saltan los primeros grilletes: Me duelen mucho las críticas de estos días, la envidia cochina que hay, que si soy millonaria, que si he cobrado por contarlo, que si todo estaba planeado... Cada uno que cuente su verdad, yo me man-