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ABC VIERNES 14 1 2005 Madrid EXPLOSIÓN EN GETAFE EL DÍA DESPUÉS 35 Ayudar a una persona no es ser un héroe José Carlos Pérez tiene 49 años, es diabético y tuvo una isquemia el pasado mes de noviembre. Pese a ello, no se lo pensó un momento y acudió a auxiliar a la familia que vivía en el bajo contiguo al suyo. Se trataba de Raquel, la primera fallecida en el siniestro; su bebé, de 4 meses, que permance en estado crítico, y el padre de familia, Vicente, que sufrió la rotura de una pierna. Junto con un joven y un policía municipal fue la primera persona en entrar en el domicilio de la familia. ¿Cómo ha encontrado su vivienda? -Acabo de entrar para recoger mi medicación y la de mi mujer y lo que he encontrado es un local diáfano en vez de un piso. Está deshecho. Muy mal, muy mal... ¿Qué tal anda de ánimos? -Fatal. Sólo de pensar que podríamos haber sacado a la mujer y a la niña... Sacamos al hombre, Vicente, pero es que la ambulancia tardó 20 minutos en llegar. En la calle había miedo por si se producía otra explosión. Al parecer, Raquel estaba bañando a la niña cuando se produjo la explosión. Cuando sacamos al marido, se la oía pedir ayuda muy levemente. ¿Tan tremenda fue la deflagración? -Yo peso 104 kilos, y la explosión me levantó del sofá. Mi mujer y yo estábamos cenando, y se nos vino la terraza encima. ¿No pensó al prestar su ayuda que corría riesgo? -En ese momento no piensas en nada, sólo en ayudar. ¿Se siente un héroe? -Ayudar a una persona no es ser un héroe. Héroe fue el policía municipal que me ayudó a sacar a Vicente, que se dejó las uñas después intentando sacar a la madre y la niña. La expectación en el barrio era mayúscula durante la jornada de ayer ÁNGEL DE ANTONIO La conmoción seguía ayer presente en los vecinos de Getafe, donde se han decretado tres días de luto por la tremenda explosión del miércoles. Los cuatrocientos afectados por el suceso permanecían atentos a las labores de desescombro mientras se recuperaban del susto Se me vino la ventana encima; estaba llena de sangre y chillé TEXTO: MARIO DÍAZ FOTO: ÁNGEL DE ANTONIO cordemos, afectó a 85 viviendas y 47 vehículos- -y los trabajos de desescombro e investigación que se estaban llevando a cabo. Fue allí donde Méndez anunció que los Tedax no habían encontrado rastro de explosivos, aunque en ese momento de la mañana indicaba que aún no se descartaba ninguna vía de investigación Por su parte, Pedro Castro afirmó que, a las cinco de la madrugada de ayer, se constataba la hipótesis de un escape de gas. El portavoz socialista en la Asamblea, Rafael Simancas, se acercó de madrugada a Getafe, donde expresó la solidaridad y condolencia de los socialistas hacia las víctimas y sus familias No perdió la ocasión para apostar por una revisión en profundidad de la normativa y de la inspección de las instalaciones de gas al creer que son demasiadas los accidentes GETAFE. El modesto barrio Juan de la Cierva de Getafe amaneció ayer tan conmocionado como la noche anterior. La luz del día reveló cada detalle de la catástrofe: tabiques al aire, persianas destrozadas, trozos de pared por el suelo, enseres desparramados a diestra y siniestra, prácticamente, como la moral del centenar de vecinos de los dos inmuebles afectos. Me estaba poniendo el pijama cuando se me vino la ventana o la cama encima; estaba llena de sangre y salí chillando, luego me pusieron una manta recuerda Nieves, una joven vecina del 1 C del número 55, con marcas en la cara, el brazo, la pierna... Estamos pendientes de recoger las cosas; anoche por el jueves sólo pudo entrar mi marido con un bombero a por unas medicinas explicaba Amparo. Al igual que la mayoría de los vecinos, se quedó con lo puesto y no sabía cuándo podría acceder a su casa para recoger algunos objetos personales básicos- -como la documentación o ropa de abrigo- lo que finalmente hicieron por la tarde. Los bomberos, desde primera hora de la mañana de ayer, se afanaban en las tareas de desescombro. Pese a los notables desperfectos exteriores, los afectados que no residen en los números 55 y 57 pudieron volver pocas horas después de la explosión a sus ca- sas, aunque, a algunos, el miedo se lo impidió: ¡Cualquiera se arriesgaba, con el zumbido que pegó la casa! sostenía Isabel, vecina del 3 D del 59. Los bomberos se esforzaron, y también la Policía Científica, que finalmente concluyeron que la deflagración se debió exclusivamente al gas. Lo anómalo no fue que no oliera, como dicen algunos testigos, sino que la explosión fuera tan fuerte comentaba un bombero. Al principio me puse en lo peor y pensé que era una bomba: me cayeron escombros y sangraba mucho contaba la inquilina del 2 C del bloque 55. El primer pensamiento de la mayoría de los residentes consultados fue ése, pese a que, hace pocos meses, un perturbado amargase la vida de este barrio al provocar otra explosión de gas. El alcalde, Pedro Castro, no falta a la cita, portando una lista con el nombre de sus convecinos afectados; en fluorescentes, las dos fallecidas. Su concejal de Seguridad Ciudadana, David Lucas, sin soltar su móvil un ins- Al principio me puse en lo peor y creía que se trataba de una bomba comentaba una vecina del 55 tante, informa a algunos afectados despistados de que el Ayuntamiento ha habilitado un servicio médico y psicológico en el propio edificio consistorial, donde también se atiende sus dudas sobre las futuras reparaciones. Ayer, 42 viviendas estaban desalojadas y, durante la pasada noche, se apuntaló el numero 57 de la calle de Valencia, el inmueble donde se produjo la explosión. Además, las cifras dejaron los siguientes datos: 25 personas pasaron la noche en el Polideportivo Juan de la Cierva, mientras que sólo una lo hizo en el Hotel Carlos III. El resto lo hizo en casa de amigos y familiares. El Ayuntamiento, que ha decretado tres días de luto, prestó asistencia a 128 familias, entre servicios sociales, de información y de consumo. Las calles adyacentes a la explosión parecían un campo de batalla al término de la jornada de ayer, llenas de restos, de excavadoras, de grúas, de personal con petos de estridentes colores entre las caras pálidas por el frío de unos vecinos aún conmocionados. ¡Vaya mala suerte! resume una vecina. Sí, pero de las que nos hemos librado le responde otra mirando la veintena de viviendas que dejan ver sus entrañas, como una casa de muñecas.