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16 Nacional EL DESAFÍO DEL PLAN IBARRETXE VIERNES 14 1 2005 ABC CABALGAR SOBRE PRINCIPIOS JOSEBA ARREGI Ex consejero de Cultura del Gobierno vasco s una frase hecha que utilizan los alemanes- -Prinzipienreiterei- -cuando quieren indicar una supuesta característica alemana conducente a romperse la cabeza contra el muro de la realidad. Por lo que estamos viendo en el debate español en estos momentos, no debe ser una característica exclusivamente alemana. En el debate sobre el procedimiento y la actitud necesarios para derrotar al plan Ibarretxe hay quien, desde el primer momento, está contraponiendo la defensa de los principios constitucionales a la debilidad política, dando a entender que la defensa de principios es igual a inflexibilidad- -empezando por la gestual- y la matización o la capacidad de diferenciar igual a la debilidad. La verdadera cuestión política, sin embargo, es dilucidar si la defensa de los principios es compatible con la inteligencia, y si la flexibilidad y la capacidad de matizar, que ciertamente pueden ser indicativos de debilidad, pueden también ser compatibles con una defensa inteligente de los principios. Por mucho que los humanos nos empeñemos, la realidad generalmente es más compleja de lo que nos gustaría. La simplificación de la realidad no denota, necesariamente, fortaleza en los principios, sino que puede ser indicativo o bien de comodidad y pereza mentales o de resistencia dogmática ante la riqueza fenomenal. No está en mi ánimo negar importancia ni gravedad a los problemas políticos que se están planteando en España en estos momentos. Pero su importancia misma, y la eficacia de los planteamientos para hacerles frente, exigen, más que nunca, capacidad de matización, capacidad de diferenciación. Y en esa línea es insensato e irresponsable afirmar que el plan Ibarretxe y la propuesta del PSE sean lo mismo. De la misma forma es insensato e irresponsable afirmar que es lo mismo el plan Ibarretxe que la propuesta de reforma del tripartito catalán. Y es insensato e irres- E ponsable decir que la propuesta del PSE es una vía intermedia entre el Estatuto de Gernika y el plan Ibarretxe. Además de todo ello convendría recordar que todo político responsable debiera ser muy cuidadoso con lo que los ingleses llaman self- fulfilling prophecy, las profecías que se cumplen a sí mismas, porque la profecía se convierte en causa del acontecimiento que anticipa proféticamente. Afirmar que existe hoy en la política española un fin compartido por distintas fuerzas, la destrucción- -que no reforma o cambio- -del marco constitucional, y tres formas distintas, tres caminos distintos que conducen a ese fin único- -el plan Ibarretxe, el plan del tripartito catalán y el plan del PSE- es una auténtica invitación al desastre. Significa crear más problemas de los que realmente existen. Aunque debiera estar a la vista de todos, es preciso recordar en qué consiste la diferencia fundamental entre el plan Ibarretxe y los demás planteamientos. El plan Ibarretxe gira en torno a la voluntad y a la intención de sustituir la definición jurídico- institucional de la sociedad vasca por pacto- -Estatuto de Gernika- -por la definición por medio de mayoría- -mayoría parlamentaria, mayoría popular, consulta popular, referéndum, derecho de autodeterminación- La propuesta del PSE se reafirma en el núcleo fundamental del Estatuto de Gernika: Euskadi sólo se puede definir en y desde el pacto entre quienes ven, sienten y conciben a Euskadi de forma distinta. Ese es el núcleo estatutario a salvaguardar en cualquier caso y en cualquier circunstancia. Y en ese punto Rodríguez Zapatero da la mano al lendakari, Juan José Ibarretxe la propuesta del PSE no se mueve ni un milímetro. Creo que el caso catalán, por lo que al PSC afecta al menos, se plantea de la misma forma, y así lo ha afirmado el presidente Rodríguez Zapatero cuando ha subrayado que cualquier reforma estatutaria debe basarse en el consenso- -tan amplio o más que el inicial- -y en el respeto al marco constitucional, cuenta tenida de las cuatro reformas concretas planteadas y asumidas por el presidente. Esto no quiere decir que no sea legítimo criticar diciendo que falta visión del conjunto por parte del partido del Gobierno, ni que el término comunidad nacional no sea criticable. Tampoco quiere decir que no sea posible criticar los proyectos de reforma vasco y catalán porque en lugar de hablar de adaptación y adecuación a los nuevos tiempos sólo hablan de ampliación y aumento de competencias. Lo dicho en los párrafos anteriores no quiere decir que no se pueda criticar la concepción del conjunto sólo como suma de las partes que lo componen, o como algo residual, el resto que queda después de maximizar la asignación de competencias a las comunidades autónomas, crítica planteada desde la conciencia de la necesidad del conjunto para la defensa de las libertades individuales y de los derechos de ciudadanía. Y tampoco quiere decir lo IGNACIO GIL Los problemas políticos que se están planteando en España exigen capacidad de matización, capacidad de diferenciación anterior que no se pueda criticar la ecuación de más autogobierno igual a más bienestar, y que no haya que recordar que, en cultura democrática, el bienestar no tiene sentido sin libertad. Pero es preciso poner cada cosa en su sitio. El que quiera formular estas críticas, puede y debe hacerlo, de la misma forma que están en su derecho quienes crean que son infundadas. Pero no tiene sentido crear enemigos falsos, para no equivocar el tratamiento que merece cada cuestión y cada planteamiento diferenciado, para no conjurar, en definitiva, lo que se quiere evitar. El escritor alemán Heinrich von Kleist escribió una novela titulada Michael Kohlhaas. En ella cuenta la historia imaginada de un campesino que se siente injustamente tratado por el alcaide en un paso de puente al querer cobrarle más de lo que le correspondía. Al no conseguir justicia por parte del señor a cuyo servicio estaba el alcaide, decide tomarse la justicia por su cuenta y termina ajusticiado después de haberse convertido, en busca de la justicia, en el mayor bandido de su época, en un pirómano de mieses, en una figura temida por toda la población. Es una imagen metafórica de a dónde puede conducir la Prinzipienreiterei, el andar cabalgando sobre principios olvidando la obligación del matiz y la diferencia.