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ABC VIERNES 14 1 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY En vez de enviar el Plan al Tribunal Constitucional, Zapatero está dándole hilo a la birlocha. Birlocha en el aire, Zapatero en La Moncloa HILO A LA BIRLOCHA L lendakari Ibarreche ha venido a La Moncloa pertrechado con el apoyo de la deslegalizada Batasuna, ofrecido en una larga conversación por el terrorista Arnaldo Otegui, y una oferta- chantaje de tregua ofrecida por la banda etarra. El presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, le ha recibido con su habitual y ya famosa sonrisa helada en sus labios, quizá como una confirmación de la respuesta negativa a la petición de Ibarreche. Lo que el vasco pretendía es cosa que todos saben, y lo que Zapatero iba a responder es cosa que todos conocen. Entonces, ¿de qué hablan? Porque hace exactamente tres horas y media que comenzó esa entrevista y aún no han terminado de parlamentar los dos sujetos políticos. No parece sino que estuviésemos en Bizancio. Cuenta la Historia que mientras los turcos escalaban los muros de Constantinopla, en la ciudad discutían vehementemente los teólogos y filósofos sobre el sexo de los ángeles. No parece que el sexo de los ángeles sea un argumento que apasione a este filósofo del talante y este teólogo de la autodeterminación. Juan María Atucha, presidente del Parlamento vasco, entrega hoy en el Congreso de los Diputados el plan Ibarreche para que se debata en la institución que representa la soberanía indivisible del pueblo español, esa soberanía que los autores y patrocinadores del plan no reconocen. Podría parecer que todo este paripé que se traen gobernantes vascos y gobernantes de España sea una manera espectacular de perder el tiempo. Pues no, señor. Pasan las horas, pasan los días, pasan las semanas, pasan los meses y Zapatero sigue en La Moncloa, que es de lo que se trata. Y por otro lado, nadie podrá negar a Zapatero sus esfuerzos por hallar una fórmula que termine con el conflicto entre el País Vasco y España. Es el Gobierno de Madrid quien no quiere la negociación ni el diálogo para llevar la paz a Euskadi y acabar de una vez con el terrorismo. Ya saben ustedes que siempre que el nacionalismo habla de acabar con el terrorismo es siempre a base de ceder lo que el terrorismo y sus beneficiados exigen. Satisfechas las exigencias, se acabó el conflicto. Total, que a lo que nosotros puede parecernos tiempo perdido es en realidad tiempo ganado. Llegado a este punto, miro el reloj. Faltan diez minutos para que este diálogo con un final anunciado cumpla las cuatro horas de desarrollo. Yo estoy a punto de pensar que el lendakari y el presidente del Gobierno español se han puesto de acuerdo para echar una siestecita y así dar la impresión de que han pensado largamente las dos palabras sustantivas del diálogo: ¿Qué? ¿Que no? Me rindo. Para conocer lo que ya sabemos todos, me parece una espera demasiado dilatada. Y si hay alguna novedad, mañana será otro día. Al fin y al cabo, con este desafío del plan Ibarreche tendremos para rato. Lleva años esperando que llegue a La Moncloa alguien como Zapatero, que le da cuerda en vez de enviarlo a donde se debe enviar un documento que viola la Constitución: al Tribunal Constitucional. Pero Zapatero está dándole hilo a la birlocha. E CARLOS HERRERA Ese no ha devuelto a los paseantes la confianza en la sobriedad castellana, en la determinación histórica. Muchos meses mareando la perdiz sólo consiguieron desanimar a los que creían que el Estado se defendía desde la firmeza, que no desde la intransigencia RODRÍGUEZ DIJO NO ONÓ un estruendo en la España radial. Como una saeta afilada y negra, un no espeso e impenetrable surgió de las entrañas de Palacio y se esparció velozmente por los puntos cardinales que arrancan de ese rompeolas de secano al que siguen llamando Madrid. No, señor lendakari, mire mi sonrisa, lea mis labios, sonría usted también, que está en España: no puede aplicar su plan, no puede convocar el referéndum, déjelo todo como está o mire usted lo que están haciendo los catalanes, que son más listos; y ahora, sabiendo eso, ¿quiere tomarse una copita? La sensación estremecedora llegó hasta los restos de los bonsáis que cuidaba Felipe, hasta los álamos que bordean la carretera de La Coruña, hasta los pajarillos que sobrevuelan entretenidos la boca del búnker: el hombre de traje gris dijo No Un no bajito y educado, modulado desde ese talante que le hace hablar en una permanente esdrújula: dÉbo dÉcirle clÁramente que la pÓsicion gÚbernamental es cÓntraria a la cÓnstitución y en la cÓnvivencia de los Éspañoles Pero vamos, un no Dijo no No sería justo, por lo tanto, extender la sombra de la confusión o proyectar la deseada imagen de hombre débil, timorato, melifluo, tenue. Ayer, Rodríguez hizo lo que tenía que hacer: recibir la embestida, reconducirla, torear en redondo y darle salida a la misma. Lo debió de hacer con ese pasmo suyo, que tanto enerva a los toristas, y con esa sonrisilla que se le ha quedado en la cara desde que debutó. Pero lo hizo. Los habituales socios del inquilino del palacete monclovita lamentarán, desde hace no pocas horas, haber sido testigos de ese estremecimiento por el no como los álamos, como los pajarillos, como los bonsáis: los que le dan soporte a él están, en cambio, con el otro, y en esa paranoia van definiendo a diario la política española. El no de Rodríguez, no por esperado menos lamentado, ha abierto otras car- S nes sobre las que brasear determinadas impotencias: los del PP quisieran que hubiera dicho yes pero ha dicho no y eso les joroba la estrategia. Los amiguetes de Izquierda Unida titubean, como las hojas de los árboles de otoño antes de la caída final, y matizan su no cabreados por no decir sí que es lo que quisieran para derribar este Estado injusto lleno de Reyes y católicos. Un tal Juan Boada, portavoz de Iniciativa per Catalunya al que el brillante García Barbeito prefiere llamar Juan Bobada se ha convertido en un desamortizador renovado, en un nuevo Mendizábal, y ha exigido que las autoridades confisquen los bienes de la Iglesia y conviertan las catedrales en centros de cultura popular Es difícil de superar, reconozcámoslo. Decía que los diputados de IU se han reunido en el taxi que les lleva a todos al Congreso y han decidido no decidir nada y así parecer tan blandos como duros, desear que el toro coja al torero, pero que el torero corte luego dos orejas desde la enfermería. El morbo de los ocultos. El de los confusos, que tanto nos atraen a los buscadores de tesoros y de bobadas. Ese no ha devuelto a los paseantes la confianza en la sobriedad castellana, en la determinación histórica. Muchos meses mareando la perdiz sólo consiguieron desanimar a los que creían que el Estado se defendía desde la firmeza, que no desde la intransigencia. O sea, que se puede decir no y no ser un intransigente: ¡qué me dice usted! Al señor que vivía oculto tras un bigote y que atravesaba corriendo de madrugada la espesura de los bosques que circundan el caserón del no le hicieron un traje de intransigencia a la medida. En realidad, sólo se adelantó a los acontecimientos, visto lo visto. Que Rodríguez sea bienvenido al club de quienes son capaces de negarles caramelos a los niños cuando se sabe que están muy altos de azúcar. www. carlosherrera. com