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ABC JUEVES 13 1 2005 Internacional 25 DEVASTADOR MAREMOTO EN EL SUR DE ASIA Yakarta restringe los movimientos a todos los extranjeros L. L. CARO BANDA ACEH (INDONESIA) No sólo las ONG, sino también los medios de comunicación, personas individuales aunque sean representantes de países y las agencias de la ONU, deberán solicitar por escrito un permiso especial para poder circular por la provincia devastada de Aceh, más allá de la capital y la ciudad de Meulaboh, únicos puntos declarados libres Y, en su caso, podrá serles designada una escolta de protección. Es la aclaración que el Gobierno de Yakarta hizo pública ayer a través del vicegobernador de la zona, Azwar Abubakar, que recordó que esta política que regula la movilidad de extranjeros ya existía antes del desastre y que ahora, pasado lo peor, ha llegado la hora de imponerla de nuevo. La medida, que obligará a los afectados a entregar en Exteriores un formulario en el que indiquen qué quieren hacer y dónde, ha sido justificada por el Gobierno por la necesidad garantizar la seguridad frente a las actividades violentas de un partido irregular en referencia a supuestos atentados del separatista Movimiento para la Liberación de Aceh. Las organizaciones humanitarias dicen que no existe preocupación por ese riesgo. Personal del Samur atiende a un herido rescatado por helicópteros de EE. UU. en el aeropuerto de Banda Aceh REUTERS El desorden más común son los trastornos del sueño, pero entre los adultos abunda el sentimiento de culpabilidad y, en los niños, la angustia y el miedo al agua. Son las otras cicatrices del desastre, que los psiquiatras recomiendan combatir con oración y terapia Las cicatrices del alma TEXTO LAURA L. CARO. ENVIADA ESPECIAL BANDA ACEH (INDONESIA) Hay cicatrices tan sangrantes como las del cuerpo en el alma de quienes vieron cómo una ola se llevaba su mundo por delante y dejaba en su lugar una alfombra de cadáveres. El pánico a que el océano se les eche de nuevo encima y la tierra se abra bajo sus pies, el recuerdo a cámara lenta de las secuencias del desastre y de los que perdieron, la sensación de no saber o no querer volver a empezar, están provocando entre la población desórdenes mentales y emocionales de alcance imprevisible. El más común, la dificultad para conciliar el sueño en todos sus grados, pero también se están detectando trastornos por sentimientos de culpa desgarradores en los adultos, a los que la idea obsesiva de que pudieron haber hecho algo por salvar a los suyos y no fueron capaces, les impide soportar sus propias vidas. Entre los más pequeños, ya hay casos en que se administran ansiolíticos y antidepresivos para neutralizar los episodios de angustia y la congoja de la madre, el padre, los hermanos muertos, o de varios de ellos a la vez, y se ha descrito también una reacción extendida de miedo insuperable al agua. Su trauma es inimaginable ha sentenciado desde Ginebra la Unicef. En el hospital militar de Fahkim, el más grande de Banda Aceh, las personas que acuden para que les ayuden a recuperar la paz son pocas, pero saben a ciencia cierta que todavía no es el mo- mento. Que a medida que se reparen las heridas físicas, y todavía hay camas en los pasillos, se abrirán en cadena las del espíritu. Y habrá llegado la hora de desplegar un esfuerzo que se antoja épico para salir a la calle a vacunar contra las secuelas de un horror de dimensión colectiva- -se habla de la generación tsunami están los pueblos que han perdido miles de vecinos- -e íntima a la vez. Vamos a necesitar muchos psiquiatras explica el doctor Peony, al frente del equipo enviado desde Yakarta que se está ocupando de pulsar la situación para precisar qué profesionales van a hacer falta y atender los primeros casos. La terapia en niños y mayores, explica, está pasando por incitarles a expresarse Muchos llegan aferrados a un silencio atormentado de días y el primer desafío es conseguir que cuenten lo que sienten para poder reconducir lo que está mal Rezar y rezar Que qué viene luego... ya se descargan un poco cuando logran hablar y alguien les escucha, y estamos recomendando sobre todo que recen y recen. Sí, oración. Pero lo importante es que recuperen el poder de creer en sí mismos y se convenzan de que ellos no pudieron prevenir el desastre. Ni hacer nada cuando se desencadenó Habla la médico psiquiatra Wyd Parmohusodo, también del dispositivo, que confiesa una especial preocupación por quienes están en campamentos de desplazados. Allí no hay gente con heridas -dice- -y se dedican a masticar juntos la desgracia de haberlo perdido todo, y eso provoca más desórdenes mentales que en los hospitales, donde pacientes y familiares se concentran en la curación Pero la clave, coinciden, va a ser la vuelta a cualquier situación de normalidad con especial atención al colegio en el caso de los niños, porque la circunstancia de vivir a la intemperie, soportar réplicas sísmicas por la noche o seguir cruzándose con los camiones que transportan los cuerpos, sólo sirve para refrescar el drama. Será a partir de entonces, insisten, cuando se pueda evaluar individuo a individuo en qué medida los padecimientos son provisionales, producto del estrés y el verdadero alcance de la gravedad. EL SAMUR, EN INDONESIA ROSA SUÁREZ Jefe de logística de la misión española en Sumatra NUEVOS HORIZONTES M ientras hoy esperamos la visita del ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, a los dos escenarios de la misión española en Sumatra, vamos a empezar a trabajar en un tercer frente. El equipo australiano encargado de resucitar el Hospital Provincial de Banda Aceh, que perdió un 40 por ciento de su plantilla en el maremoto, nos ha entregado una lista de las necesidades de personal de emergencia y estamos estudian- do cómo podemos cubrir esos puestos de médicos y enfermeras. Ayer atendimos a una treintena de personas en el dispensario de la Facultad de Medicina y una decena en los hospitales de campaña del aeropuerto, entre ellos una niña de 9 años, con neumonía e infección generalizada. Perdió a sus padres en el tsunami y ella estuvo a punto de morir ahogada. En las tres horas que estuvo con nosotros logramos que mejorara con antibióticos y antipiréticos, pero no le arrancamos ni una sonrisa, ni siquiera con un oso de peluche al que se aferró con fuerza.