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4 Opinión JUEVES 13 1 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca Jefes de área: Jaime González (Opinión) Alberto Pérez (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Mayte Alcaraz (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO EL COSTE ECONÓMICO DE LA SECESIÓN OCASIÓN PROPICIA E L Círculo de Empresarios Vascos, organización que agrupa a las 70 principales empresas vascas- -aunque haya sido calificado como un mero club privado de ejecutivos por la vicelendakari- ha mostrado su preocupación por los previsibles efectos negativos que se derivarían para el empleo y la actividad económica del proyecto de Estado Libre Asociado. Suenan así las primeras voces que desmienten una de las falacias sobre las que está construido el plan Ibarretxe: que todo seguirá igual en la economía y en el bienestar de los ciudadanos. Como si la ruptura de la unidad de mercado en España- -de la que ya había alertado en septiembre del año pasado el propio Círculo- o la no pertenencia al mercado único europeo o a la zona euro no tuvieran consecuencias económicas graves para los propios vascos... Es obligación de un medio responsable informar sobre las consecuencias que tendría en el nivel de vida de la población una decisión tan trascendente. Negar la realidad sólo contribuye a alimentar delirios secesionistas. Hora es ya de recordar, con el máximo respeto constitucional y rigor técnico, los costes del ejercicio de un presunto derecho de autodeterminación. Un País Vasco independiente sería necesariamente un lugar más pobre, con más paro y menos protección social. Las empresas vascas venden en el resto de España dieciséis veces más que en otros países y la Teoría Económica predice que estas ventas se resentirían con una separación, por muy amistosa y exenta de barreras comerciales que fuera. Si los nacionalistas vascos lo dudan, que se lo pregunten a los productores de cava catalán. El Concierto es un régimen fiscal que bien podría ponerse encima de la mesa de negociación si se tratara tan sólo de volver al espíritu constitu- yente del 78 como solicita Josu Jon Imaz, dado que no parece haber cumplido sus objetivos de integración y supone un importante coste para la Hacienda Pública y la solidaridad interregional. En caso de secesión, el Gobierno vasco tendría que hacerse cargo de competencias hoy asumidas por el Estado que le supondrían, según los expertos, un déficit público superior a los 4.000 millones de euros, un 9 por ciento del PIB vasco, una vez contabilizados como ingresos propios los que dejaría de percibir y descontado el pago del cupo. Un déficit de esa magnitud no es compatible con una economía próspera y eficiente, ni con un Estado de Bienestar propio de tal nombre, ni con tipos de interés que permitan la inversión y el consumo a largo plazo, ni con una moneda estable, ni desde luego con la pertenencia a la Unión Monetaria Europea. Tampoco la Seguridad Social vasca sería viable con los niveles de prestaciones actuales, dado el escaso crecimiento demográfico y la dinámica del empleo en la Comunidad. Por no hablar del retraimiento de la inversión extranjera, que ya hoy es un 40 por ciento inferior a la que le correspondería a una economía de su tamaño, ante las incertidumbres políticas regulatorias, e incluso respecto al derecho de propiedad que generaría un hipotético Estado vasco en el que la izquierda abertzale tuviera protagonismo. Con este panorama, no es pues de extrañar que los que apoyan el plan Ibarretxe no quieran hablar de economía, sino de sueños; no quieran saber nada de números y realidades, sino que alimenten mitos y delirios históricos. Aunque en el fondo sepan, como reconoció el propio Arzalluz, que están dispuestos a pagar cualquier precio para desarraigar de una vez la ocupación española Reconocimiento implícito de que al proyecto soberanista del lendakari no le cuadran las cuentas y está construido sobre un mundo imaginario. S COMISIONES BANCARIAS B ANCOS y Cajas obtienen ya más del 30 por ciento de sus ingresos de negocio a través de las comisiones que cobran a sus clientes. Con una tendencia imparable a extenderse a los ya escasos servicios que siguen siendo gratuitos. Durante el año 2003 el conjunto de la banca obtuvo por este concepto 9.200 millones de euros, cantidad que se aproximó a los 10.000 en 2004. De ellos, casi el sesenta por ciento engrosó el beneficio de los bancos, y el resto, el de las Cajas. Ahora algunas entidades estudian el cobro de una comisión por sacar dinero en los cajeros propios, en principio sólo fuera del horario de apertura al público y que vendría a sumarse al que ya cobran por hacerlo en cajeros de otros bancos o cajas. Un paso más sin que se ofrezcan suficientes opciones. Porque la tendencia es a ir disminuyendo la atención al público en las oficinas bancarias y a potenciar el sírvase usted mismo a través de la red de cajeros, donde las operaciones resultan cada vez más caras. En definitiva, el autoservicio bancario sustituye a la clásica ventanilla y los costes, como siempre, los paga el cliente. Es la alternativa para lograr mayores ingresos ante la fuerte competencia y el estrechamiento de márgenes. Cierto es que hay que buscar fórmulas que hagan rentable el negocio, pero cobrar por todo obliga a las entidades de crédito a elevar los niveles de exigencia y, especialmente, a esmerarse en el trato dispensado a una clientela que, perdida en la letra pequeña, cada vez paga más sin que ello se traduzca en un mejor servicio. E diría que toda una serie de circunstancias se han alineado de forma inesperada para favorecer un gran paso adelante en la estabilidad internacional. Lo que se presentaba como obstáculo insalvable para el diálogo palestino- israelí ha desaparecido de forma natural, justo después de la reelección de George W. Bush, en contra de los augurios de muchos de los dirigentes europeos que estaban incómodos con la política exterior de la Casa Blanca. Hace una década nadie hubiera dicho que ambas cosas podrían coordinarse con otros acontecimientos políticos y geoestratégicos para llegar a poner sobre la mesa la oportunidad histórica de reactivar las tormentosas relaciones entre Estados Unidos y algunas de las potencias europeas, precisamente como resultado de la puesta en marcha de las negociaciones por la paz en Oriente Próximo. Y si ambas cuestiones se cumplen, las consecuencias habrían de apreciarse también en Irak, donde las elecciones deberían ayudar a cambiar las cosas. Todos estos escenarios se revelan conectados unos a otros y resulta inevitable pensar que es especialmente importante para todos aprovechar esta oportunidad. La premura por favorecer la solución de paz para Oriente Próximo parece ser el objetivo esencial en el lado europeo, pero a los estadounidenses también les interesa romper el bloqueo sordo y permanente que ralentiza la participación de la Alianza Atlántica en operaciones importantes como la de Irak. La visita que Bush ha programado para finales de febrero a Bruselas será la mejor oportunidad para poner en marcha este mecanismo. Todo apunta a que un elemento tan concreto como la retirada israelí de Gaza es la prueba que unos y otros esperan para confirmar que la corriente vuelve a pasar entre las dos orillas del Atlántico. Que en Israel se esté formando un gobierno de unidad nacional es una circunstancia favorable añadida que apoya las perspectivas de que esta vez, por fin, el avance hacia la paz puede ser factible, tal como parecen indicar las primera señales que se han enviado Ariel Sharón y Abu Mazen, el nuevo dirigente palestino. Sería inexplicable que norteamericanos y europeos no fueran capaces de aprovechar este momento único para acrecentar la paz y la estabilidad en el mundo. Es una responsabilidad histórica que debe llevar a la reflexión a los dirigentes de los dos lados del océano, porque, si desperdiciasen la ocasión, quizá no hubiera un momento como éste en décadas. Unos y otros deberían ver los beneficios de una coordinación estrecha, pero no solamente en Oriente Próximo, sino también en Irak, donde se juega buena parte del futuro de la estabilidad del mundo.