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34 Madrid MIÉRCOLES 12 1 2005 ABC MADRID AL DÍA SECUELAS MANUEL MARÍA MESEGUER C onvengamos en que hacía tiempo que no se maldecía tanto a un año como al bisiesto que acaba de concluir. Para expresar que la bonanza o el desastre no tienen por qué igualar los años, sentencian en el campo que un año solo se parece al siguiente en lo largo, excepto los bisiestos a los que siempre se les ha tenido especial inquina como si el día de propina que ofrece febrero (el mes de los muertos y el dolor para los romanos) fuera más una pesada carga que una posibilidad de dicha. En algunos lugares se rima año bisiesto con año siniestro y se aducen todo tipo de malos augurios para un periodo tan aciago. Por ejemplo, un madridista nunca olvidará la eliminación de la Liga de Campeones del Madrid por el Bayern Munich el 29 de febrero del bisiesto 2000. A la mucha muerte que el bisiesto llevó en sus meses a causa del fanatismo se unió el furor de la Pachamama, la Madre Tierra, con el resultado de una mortandad sin precedentes. El terremoto de Valdivia de 1960 (otro bisiesto) con una magnitud de 9,6 grados, cambió la geografía chilena, sus montes, sus ríos y sus lagos; pero el terremoto en sí y el tsunami posterior causaron como mucho 6.000 muertes, apenas el número de europeos desaparecidos en el temblor de Sumatra. Así que las secuelas de la matanza del 11- M en Madrid, de la masacre en la escuela rusa de Beslán, de la inacabable posguerra de Irak y del desastre bíblico de Indonesia habrán de gestionarse con tino en un 2005 que lejos de ser un año de transición puede llegar a ser una estación final para unas cuantas cuestiones planteadas en el bisiesto, como la ratificación de una Constitución para una Europa unida y simultáneamente el rechazo a un intento de voladura controlada de la Carta española como parece pretender el plan Ibarretxe. Son secuelas que nos han dejado los convulsiones del 2004, el bisiesto funesto. En el caso de Madrid sería deseable que las sacudidas del subsuelo a las que a diario nos somete don Gallardón propiciaran, llegado el mes de julio, la elección de la capital para el 2012 como ciudad olímpica y políglota: bicos güi ar redy for yu La opinión del lector Urgencias Lo de las urgencias del Hospital Gregorio Marañón es algo que no viene en los escritos. Es triste decirlo, pero allí los enfermos permanecen casi hacinados por los pasillos, como abandonados a su suerte, y dándose el frecuente y lacerante caso de que no pocos de ellos, en espera de cama, son acomodados en sillas durante horas, e incluso días, sin que nadie, desde superiores instancias de gestión y responsabilidad, haga nada por remediar semejante caos. La dotación de los aparatos necesarios en tales servicios es tan insuficiente que hasta los porta sueros se los tienen que disputar los sanitarios porque los disponibles se pueden contar con los dedos de la mano. Los que hemos tenido la desgracia de conocer lo que allí ocurre, nos preguntamos cómo es posible que tal estado de cosas permanezca sin que a nadie se le caiga la cara de vergüenza por consentirlo. Es triste que la opinión pública no esté suficientemente informada de lo que ocurre. Da la impresión de que la sociedad en su conjunto y la Sanidad, en particular, están siendo víctimas de otra maldita ley del silencio desde la que se propicia la impunidad de tanto inepto disfrutando de cargos y prebendas, de espaldas al compromiso de deberes y responsabilidades. Julia Rubio Pueden dirigir sus cartas a esta sección: Por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena, 7. 28027 Madrid Por fax: 91 742 41 04. Por correo electrónico: cartas abc. es JULIÁN DE DOMINGO Vallas molestas Las calles de Madrid están plagadas de vallas. A la molestia suponen hay que añadir el abuso de muchas de ellas que, no sólo delimitan el perímetro de una obra, sino que, también, acotan un espacio de calle para depósito de materiales, camiones que esperan a cargar, en vez de hacerlo el tiempo justo, o de algún coche del ingeniero o de los obreros que allí trabajan. ¿No hay nadie que ponga coto a ese abuso? Alejandro de la Sota Semáforos de peaje Desde hace varios años llevo en mi vehículo monedas de euro que entrego diariamente a los limpiadores espontáneos de cristales de parabrisas que aparecen en los semáforos. Ayer, mecánicamente y de forma acostumbrada, fui a entregar el euro de tasa exigida y me encontré con el departamento vacío y sin ninguna moneda en el bolsillo. Ante este imperdonable olvido, intente esbozar una sonrisa y pedir perdón con las manos juntas por no poder pagar la tarifa exigida (por no hacer nada) El individuo en cues- tión me escupió en la ventanilla, me insultó y me rompió la antena del coche. Afortunadamente, se puso el semáforo en verde y salí rápidamente para evitar males mayores. A los pocos metros me encontré con un coche patrulla que había parado a otro vehículo y le sancionaba por no llevar el cinturón puesto. Creo que ganan los malos. Qué pena me da. Natalia- Tamara Martínez