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ABC MIÉRCOLES 12 1 2005 25 Ariel Sharón llama al nuevo presidente palestino, Mahmud Abbas, para felicitarle por su triunfo electoral EE. UU. estudia crear en Irak escuadrones de la muerte según revela la revista Newsweek Quince días después del tsunami la capital de Aceh (Sumatra) no sabe cómo volver a empezar. El trabajo convencional se ha suspendido, el mercado es un objetivo imposible y las clases no se reanudan hasta el día 26, un mes después. El reto es la ayuda internacional Volver a empezar en Banda Aceh TEXTO: LAURA L. CARO ENVIADA ESPECIAL AP tenta fortalecer su control militar y tomar ventaja sobre la guerrilla. Los militares indonesios impusieron la ley marcial en Aceh en mayo de 2003 y prohibieron la presencia de la mayor parte de los periodistas y cooperantes extranjeros a la provincia al tiempo que incrementaban su lucha contra los insurgentes. El Gobierno levantó las restricciones al trabajo de los cooperantes extranjeros y de los periodistas tras el tsunami pero mantuvo el estado de emergencia. BANDA ACEH (INDONESIA) No debe ser fácil la vuelta al cole cuando uno despidió para las vacaciones de Navidad a 1.672 alumnos y repasa encima de la mesa una lista con los nombres de, por ahora, 514 que nunca van a regresar. En la madrassa de Min Banda Aceh, escuela coránica para niños de 6 a 12 años, prefieren no pensar en el próximo 26 de enero, la fecha señalada por el Gobierno para reanudar las clases suspendidas en la zona afectada, y siguen retirando sin ninguna intención de llegar a tiempo la cuarta de barro que ciega el patio. Y que hoy estará otra vez ahí, cuando por la tarde la tormenta de todos los días inunde de nuevo el colegio que más parece la casa del terror. Quince días después del tsunami Banda Aceh no sabe muy bien cómo volver a empezar. Cabizbajos, abatidos como una interrogación, los vecinos que se han quedado por aquí arrastran los pies y el dolor macerado de dos semanas, que más parecen dos siglos, entre calles fantasma, donde todavía hay que saltar entre las montañas de maderas y toneladas de basuras varias que arrastró la ola. Y no hay asomo de que nadie vaya a recogerlo. Banda Aceh se acabó dice Sansung, de profesión chófer espontáneo de extranjeros. Apenas sale agua por los grifos, y no es potable, tampoco hay muchas horas de electricidad, el trabajo convencional se ha suspendido, y el mercado se ha convertido en un reto imposible. En el de Lambaro, uno de los dos abiertos, una onza de pescado en salazón que valía 500 rupias, se ha dis- parado ahora hasta las 3.000. El azúcar, de 2.700 cuesta ahora por encima de 10.000. Las mujeres cuentan apesadumbradas con una mano los billetes sucios mientras con la otra se sujetan a la boca las mascarillas, más bien en los puestos de la fruta, que es lo único que si acaso pueden pagar. Ante sus ojos, pasa el tercer convoy de ayuda humanitaria de la Metro TV de Yakarta con sus pancartas a los costados que titulan la mañana: Indonesia menangis Indonesia llora. Sin lágrimas Pero a su manera, sin lágrimas. Porque llevan el castigo escrito en la cara, pero nadie llora. Los imanes nos han dicho que eso es hacer a nuestros muertos sufrir, que rezar a Dios es mejor, que recemos, que llorar no sirve para nada Es la explicación que me improvisa Furqan, convencido de lo que habla y que se antoja tan difícil de cumplir. No por los cadáveres que continúan llegando a camiones llenos a las fosas comunes abiertas en cualquier solar. Ayer, en el agujero abierto en la carretera del aeropuerto, los soldados habían contado 256 a mediodía, que un adolescente tirando a niño subido en una excavadora trataba de enterrar con más voluntad que fortuna, rompiendo con los dientes de la pala las bolsas con los cuerpos, que se revolvían desmembrados con la tierra empapada de la lluvia de anoche. No son los muertos lo peor, que por ellos hay muy poco que hacer. Son los vivos. Nos sentimos como mendigos Quien habla es Hedí Sahputra, coordinador de un campo de refugiados urbano, de llega de vuelta de implorar por dos poskos de distribución de ayuda para los 600 desplazados del campamento. Ha traído 300 huevos, eso es todo, y van a tirar con diez sacos de arroz que han ahorrado de otro día. No parece que el reparto funcione muy bien, por mucho que haya hasta 70 países- -decía ayer la Metro TV- -echando una mano por la ciudad. Hoy nos han dado algo en el centro de PP Angan, y hasta dentro de tres días no nos dejan volver a pedir. Vamos de uno a otro con la propuesta por escrito que nos piden, y empezamos a regresar con las manos vacías explica encogido de hombros y una nube de niños a su alrededor. Burocracia Sin saber que eso es lo que tienen estas cosas, que una vez apagada la angustia de los primeros días, todo se convierte en dar y dar, se enciende la burocracia y el cómo sé yo que no me engaña, que hace a los necesitados ir por la vida pidiendo perdón. Y ya está aquí. En un posko de ayuda cercano. El del despacho más grande indica que no puede informar de cómo organizan el reparto, que volvamos más tarde, que el jefe no está. Que por el momento están haciendo un mapa de necesidades. Los muertos no son lo peor, son los vivos. Nos sentimos como mendigos dice el jefe de unos refugiados Vivo, tras dos semanas en el mar AFP REUTERS BANDA ACEH. Ari Afrizal, un hombre de 22 años, llegó a Malasia, después de flotar durante dos semanas en alta mar. Trabajaba en una casa en Banda Aceh cuando fue arrastrado por el tsunami Primero pudo alcanzar una tabla de madera, luego avistó y subió a un bote vacío y finalmente se encontró con una balsa sobre la cual había una choza. Fue rescatado el lunes pasado, 15 días después del tsunami por un barco mercante tras alimentarse de cocos que encontraba y del agua que había en la balsa. En la imagen, Afrizal y la balsa avistada por el barco