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4 Opinión MARTES 11 1 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca Jefes de área: Jaime González (Opinión) Alberto Pérez (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Mayte Alcaraz (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Pablo Planas (Reportajes- corresponsal político) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO ALTERNATIVAS FRENTE AL DESAFÍO ANTO PP como PSOE debatieron ayer, en sus respectivos órganos ejecutivos, la posición que fijarán definitivamente ante el plan Ibarretxe, en una semana marcada por la ronda de encuentros que van a celebrar el lendakari y el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Ambas formaciones reiteraron los criterios que han venido exponiendo en los últimos días. Habrá coincidencia momentánea sin estrategia estable frente a la propuesta soberanista del nacionalismo vasco. El PP ha perseverado en la oferta de un pacto con el PSOE para decidir una respuesta conjunta frente a una ofensiva que, en contra de lo que pudiera hacer pensar la actitud de Rodríguez Zapatero, ni empezó con el plan Ibarretxe ni acabará con su votación en el Congreso. Por su parte, el PSOE ya ha descartado cualquier acuerdo explícito con el PP, demostrando que la fotografía del rechazo conjunto al plan del lendakari en el Congreso agota su capacidad de convergencia con los populares. La consecuencia es que el Gobierno y el PSOE no promoverán ningún gesto específico hacia el PP, pese a la sensación de incertidumbre que está extendida en la sociedad española, y lo que debería ser un motivo de esperanza, la reunión el próximo viernes de Rajoy con el jefe del Ejecutivo, se debilita por momentos a medida que el Gobierno pone tierra por medio y sólo parece interesado en mejorar las estadísticas personales de Rodríguez Zapatero frente a las de Aznar. La apelación del Gobierno a la razón democrática ante el plan Ibarretxe tendría que ser, sin embargo, un estímulo para favorecer un acuerdo político con el PP, y no para excluirlo de una respuesta conjunta, como si el apoyo de los populares se limitara a su aportación numérica el día de la votación. Ahí es donde Rodríguez Zapatero se equivoca, porque su partido no puede hacer frente, por sí solo, a la embestida nacionalista, como tampoco podía el PP, pese a EUROPA SIN DEBATE XISTEN, sin duda, muchas y buenas razones para pedir el voto favorable de los españoles ante el referéndum del próximo 20 de febrero sobre la Constitución Europea. Sin embargo, el Gobierno parece haber optado por eludir el debate racional para buscar una vía sólo en apariencia más rápida y sencilla: apelar a la influencia emocional sobre los ciudadanos de ciertas figuras mediáticas en el ámbito del deporte o del espectáculo. No es el mejor camino, aunque se trata de un recurso muy socorrido en la sociedad de masas contemporánea. La política democrática exige que se dé primacía a la razón, derivada del intercambio de argumentos que permitan convencer y ser convencido. Por el contrario, hay un exceso de populismo y de desconfianza en la capacidad del pueblo al que se apela cuando se utilizan únicamente ciertas fórmulas que simplifican el mensaje. Los españoles deben conocer con rigor y precisión los grandes elementos políticos que configuran la Europa de Estados y ciudadanos que estamos construyendo; cuáles son las nuevas instituciones comunes y qué significa la ampliación ya realizada y la que se prevé para el futuro; en particular, las ventajas y los inconvenientes para España de la nueva distribución del poder. No se trata de aburrir a la gente con sesudos análisis técnico- jurídicos o con debates especializados sobre macroeconomía, pero es imprescindible que se planteen con claridad los pros y los contras de un texto que debe ser analizado con matices, como ha reconocido el propio presidente del Parlamento europeo, Josep Borrell, pero que tiene, sin duda, la gran virtualidad de convertirse en dique de contención de los nacionalismos radicales en sus peligrosas aventuras secesionistas. Algo sobre lo que poco se ha dicho en un momento político trascendental para España. El Estado constitucional tiene su fundamento en la discusión racional y libre de los asuntos públicos. En este sentido, el Gobierno se ha precipitado (o, tal vez, no ha sido previsor y se encuentra ahora con falta de tiempo) al llevar el asunto hacia un terreno sentimental y emotivo, cuya eficacia, por cierto, no está acreditada en ningún país del Continente cuando se trata de la Unión Europea. Todavía hay tiempopara promover una campaña bien orientada, que permita conocer de manera suficiente una norma fundamental para nuestra convivencia política. El Tratado constitucional que votaremos en febrero se inspira en una civilización de la razón que debe prevalecer sobre el oportunismo coyuntural del Ejecutivo para encauzar los resultados de un referéndum por el que apostó seguramente sin pensarlo dos veces, en una nueva demostración de su tendencia a huir hacia adelante y de apelar al talante y a la buena fortuna para resolver los problemas más complejos. T su mayoría absoluta en la pasada legislatura, motivo por el que ambos partidos desarrollaron dos tácticas para una misma estrategia constitucional que el socialismo ha cancelado en virtud de un cálculo electoral. Ahora el PSOE rehúye cualquier pacto con el PP por temor a incomodar su política de alianza con los nacionalismos, de la que, a pesar de todo, no está excluido el PNV. Es razonable no dar pie a un escenario frentista, pero otra cosamuy distinta esrehuir la confrontación política, cuando es inevitable, y consentir que sean los nacionalistas los que califiquen y fiscalicenlos acuerdos de Estado entre los grandes partidos nacionales. Ni el PP ni el PSOE deben renunciar a lo que son y a lo que representan ante la sociedad española. No lo hicieron cuando firmaron el Acuerdo por las Libertades y Contra el Terrorismo, en 2000, cuyo preámbulo es suficiente para que el PSOE se sienta obligado a hacer más en beneficio de la unidad política frente al nacionalismo vasco. El frentismo es indeseable, sin duda, pero también lo es confundir las prioridades del momento y no calibrar los riesgos de la situación, más aún cuando el frentismo es la opción política natural de los nacionalismos- -Declaración de Barcelona, pactos de 1998 con ETA y la izquierda abertzale, el propio plan Ibarretxe- Un acuerdo de principios entre PP y PSOE no sería un acto frentista, sino la alternativa más legítima y democrática para la defensa de la Constitución, la expresión última de un objetivo común frente al desafío al Estado, impulsado por los dos grandes partidos para lanzar un mensaje tranquilizador a la sociedad española. Que tal acuerdo no exista permitirá al PSOE no descomponer su espinosa coalición con ERC y sosegar su permanencia en el poder, pero el sistema de partidos habrá perdido una ocasión histórica para demostrar que la defensa de los valores fundamentales está por encima de la contienda partidista. E POR BUEN CAMINO D URANTE estas Navidades se han producido en España 139 muertos en accidentes de tráfico, 59 menos que en las anteriores. El descenso es, por tanto, de un 28,7 por ciento. Son, a pesar de que este año se computan dos días menos que el anterior, unos buenos resultados que, sin embargo, no pueden estimarse como satisfactorios. El problema continúa siendo grave. Es preciso, como ha expresado el ministro del Interior, no bajar la guardia y continuar aplicando las medidas adoptadas. El descenso de la siniestralidad es mayor aún si se consideran las cifras de otras campañas, como las de 91- 92, con 321 víctimas mortales, o 98- 99, con 277. La clave se encuentra en el aumento de los controles de alcoholemia y velocidad, con la instalación de nuevos radares fijos, el endurecimiento de las penas previstas en el Código Penal, la proliferación de campañas de concienciación ciudadana y el anuncio de nuevas medidas, como el carné por puntos. Al fin y al cabo, se trata de adoptar en nuestro país lo que se ha revelado ya eficaz en otros. La combinación de prevención educativa y de endurecimiento sancionador no deja de surtir buenos efectos. No se debe subestimar la relevancia de las campañas educativas, como la instalación de paneles en las carreteras. No obstante, los datos siguen siendo alarmantes. Hay que seguir dando la batalla. Los expertos indican también la importancia de la inversión en infraestructuras que mejoran la red vial y eliminan los puntos negros. También queda mucho por hacer entre los jóvenes, que siguen siendo los más afectados, pues en ellos se combina el aumento de riesgo con la inexperiencia. Pero lo importante es constatar que marchamos por el buen camino y seguir avanzando.