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30 Internacional LUNES 10 1 2005 ABC El jefe militar de Gibraltar se suicida tras ser acusado de pederastia b David White, de 50 años, que Histórico acuerdo de paz entre el Gobierno sudanés y los rebeldes del sur El pacto pone fin a 21 años de guerra civil, que han dejado más de dos millones de muertos b Los representantes del sur, cristiano y animista, obtienen una representación en el Gobierno central y un referéndum de independencia dentro de seis años ocupaba el cargo desde mayo de 2004, había sido relevado del cargo y requerido a presentarse en Londres cuanto antes AFP LONDRES. El número uno de las fuerzas británicas en Gibraltar, David White, hallado muerto en su piscina el sábado, se suicidó después de ser relevado de su cargo por el Ministerio de Defensa, afirma este lunes The Sun. Según el diario londinense, David White estaba siendo investigado por pederastia y fue relevado de su cargo el viernes. El Ministerio británico de Defensa negó que White hubiera sido relevado de sus funciones, aunque sí reconocieron que se le había pedido que regresara a Gran Bretaña cuanto antes y que era objeto de una investigación de la policía militar. Las fuentes del Ministerio de Defensa declinó confirmar la tesis del suicidio. Según The Sun, unos investigadores habían interrogado a David White acerca de la posesión desde hace meses de cientos de fotografías de niños con carácter pornográfico. Como todo el mundo es inocente mientras no se demuestre que es culpable, intentábamos dar el beneficio de la duda al comandante White declaró a The Sun una fuente anónima de la Marina británica, pero con las informaciones que nos habían llegado la semana pasada de los investigadores, su posición se había vuelto insostenible David White, de 50 años, dirigía las fuerzas británicas en Gibraltar desde mayo de 2004. ABC NAIROBI. El Gobierno de Sudán y los rebeldes del sur pusieron ayer fin a más de dos décadas de guerra civil con la firma, presenciada por varios efes de Estado y de Gobierno africanos, de un acuerdo de paz logrado después de tres años de negociaciones. El vicepresidente sudanés, Ali Osman Mohammed Taha, y el líder del rebelde Ejército Popular de Liberación de Sudán (EPLS) John Garang, estamparon su firma en el documento final en un estadio de la capital de Kenia. Testigos de honor fueron el jefe de Estado del país anfitrión, Mwai Kibaki, y el de Uganda, Yoweri Museveni, a su vez presidente de la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD en inglés) organismo regional del este africano que ha auspiciado las conversaciones de paz. El secretario de Estado de EE. UU, Colin Powell, fue la primera personalidad internacional que suscribió el documento como testigo, y a él siguieron representantes de la ONU y la Unión Europea, entre otros. Bailes africanos, canciones, vítores e invocaciones a Dios y a Alá no dejaron de sonar en la ceremonia, que marca el fin de una guerra que se ha cobrado la vida de más de dos millones de personas, a causa de los combates, el hambre y las enfermedades exacerbadas por la contienda. En su discurso, Powell se refirió tam- El vicepresidente Taha y el líder rebelde, Garang, tras la firma del acuerdo bién al conflicto paralelo de la región noroccidental de Darfur, que desde febrero de 2003 ha causado más de 70.000 muertos y más de un millón de desplazados. El conflicto no es en este caso de tipo religioso- -como el que enfrentó al norte y el sur- -sino racial: las guerrillas árabes sudanesas tratan de llevar a cabo una tarea de limpieza étnica de poblaciones negras también musulmanas. AP Hoja de ruta El presidente sudanés afirmó ayer que el acuerdo de paz es una hoja de ruta para resolver el conflicto de Darfur y aseveró que una vez haya paz en todas las esquinas del país, Sudán será un ejemplo de tolerancia y de coexistencia de diversas tradiciones La guerra ha enfrentado desde 1983 PETRÓLEO Y ESCLAVISMO FRANCISCO DE ANDRÉS res análisis distintos envuelven el regalo de principios de año del acuerdo de paz de Sudán. El primero, el pesimista, pone el acento en la fragilidad del pacto que incluye su propio mecanismo de autodestrucción- -un referéndum de independencia para el sur- aunque el plazo dado de seis años para probar la fórmula federal es muy generoso. Si el acuerdo de gobierno funciona y vuelve la paz social, ningún sudanés querrá al final la partición para asegurar un mayor rendimiento de los enormes recursos petrolíferos del país. T El segundo análisis se abona a la tópica interpretación cínica de cualquier proceso de mediación en el que interviene Estados Unidos: las autoridades de Jartum y los rebeldes del sur van a limitarse- -según esa lectura- -a repartirse los dividendos del petróleo en un momento en el que Washington está apurado por asegurarse la fuente sudanesa ante el carácter volátil del mercado árabe. El pueblo seguirá en la miseria, y al final la codicia volverá a encender la mecha de la guerra. El planteamiento quizá más correcto del acuerdo de paz es sin embargo el más idealista. Sudán representa un excelente precedente para el experimento democrático que Estados Unidos pretende aplicar también a Irak. El mayor de los países de África es también, como el país del Éufrates, un mosaico de etnias con tres religiones preponderantes. El norte es musulmán. El sur, cristiano y animista. Durante siglos, éste fue el territorio de caza de esclavos de los jeques árabes. El mercado humano sureño prosiguió tras la independencia del Sudán en 1956, y el levantamiento armado del sur se hizo moralmente incuestionable. La guerra civil sudanesa tuvo una pausa entre 1972 y 1983, pero a partir de esa fecha conoció niveles inéditos de crueldad. A la práctica esclavista se sumó la aplicación de la Sharía, la intolerante ley islámica, a las provincias del sur, en una huida hacia adelante por parte del régimen musulmán de Jartum que ha acabado por agotarle; y por agotar la paciencia de la Administración Bush, que por una vez ha sabido apretar con acierto las clavijas de su diplomacia en el Tercer Mundo sin hacer sangre. al norte musulmán con los rebeldes del sur, que se levantaron en armas cuando el régimen de Jartum impuso la Sharía o ley islámica en todo el país, incluido el sur, donde la población es mayoritariamente animista o cristiana. Las conversaciones de paz se iniciaron en 2002 y han resultado en la firma de siete protocolos y un acuerdo de alto el fuego permanente. Los acuerdos prevén un periodo de transición de seis años durante el cual la ley islámica no será aplicada a las comunidades sureñas y a cuyo término se celebrará un referéndum en el que la población decidirá si se independiza del norte musulmán. Las partes también han acordado compartir al cincuenta por ciento los beneficios de los yacimientos petrolíferos, el dispositivo de seguridad que prevalecerá en el país durante la transición, las fórmulas para compartir el poder político y el estatus y administración de las montañas de Nuba, el Nilo Azul y Abyei, regiones entre el norte y el sur del país en disputa por ambas partes. Un experimento de convivencia El líder del EPLS, John Garang, que puede convertirse pronto en vicepresidente primero sudanés, recordó que mientras ayer se ponía fin a la guerra del sur, otras continúan en el este y el oeste de Sudán El problema surge de un intento de imponer un estado árabe monolítico sin tener en cuenta la diversidad de Sudán, un país con 500 grupos étnicos, más de cien lenguas y tres religiones: cristiana, musulmana y animista dijo. La marginación causa la rebelión de los excluidos y la solución es evolucionar hacia un Sudán que incluya a todos independientemente de su religión, raza o género añadió John Garang.