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28 Internacional DEVASTADOR MAREMOTO EN EL SUR DE ASIA LUNES 10 1 2005 ABC Todos y cada uno de los heridos que los helicópteros estadounidenses recogen de las costas de Indonesia pasan por las manos del equipo sanitario desplazado a Banda Ache por la Agencia Española de Cooperación. Son la única fuerza médica de choque en la región más devastada una isla de fortuna en medio de una pampa de muerte Españoles en primera línea del desastre TEXTO: LAURA L. CARO, ENVIADA ESPECIAL BANDA ACEH (INDONESIA) Heridos arrancados de una poza de agua estancada en la que han estado atrapados más de una semana y llegan con las bacterias anaerobias de la podredumbre. Fracturas terribles en piernas partidas por tres sitios, infartos a causa de la hipertensión, amputación de dedos, infecciones severas y de diez centímetros de profundidad que requieren primero un pinchazo de anestesia para aliviar el alarido de sacar toda la pus. El propio equipo está desconcertado por recibir gente que ha aguantado en semejantes circunstancias, algunos sin ayuda y sin comer, catorce días, los que hace que el océano y el terremoto desplomaran media Sumatra. Tal como llegó Nurdin ayer desde Calang Aceh, uno de los pueblos extinguidos del mapa, hecho un cadáver en vida de 55 años, con los ojos hundidos y la piel de cartón viejo pegada a los huesos. Sin fuerzas siquiera para parpadear cuando le metieron la vía de suero para intentar atajar su deshidratación extrema. La fase de impacto -el periodo inmediatamente después de la catástrofe en que se siguen encontrando personas vivas- -está siendo exagerada en Indonesia. En Bam, en el desastre de hace justo un año, no pasó de cinco días y aquí van más del doble y creen que seguirán recibiendo pacientes durante unos cuantos más. Lo dice Sonia Jiménez, Médico de Bomberos en excedencia, residente en Tortosa, 35 años, en cuyas manos enfundadas en látex una querría poner cualquier dolencia después de verla trabajar. En Irán el problema fue mas localizado, -dice- -pero en esta zona tan inmensa, donde no han quedado ni carreteras, vendrá gente herida mientras los americanos sigan descubriendo pueblos a los que no han llegado aún Una embarazada es trasladada por soldados norteamericanos a un puesto del Samur en Banda Aceh para los que no revistan gravedad, pero primero triaje, estabilización, cura y operación si es necesario en la tienda de campaña amarilla que han instalado a pie mismo de la pista de aterrizaje del aeropuerto para no perder un minuto. Con diccionarios indonesio- español en folios a bolígrafo colgados en los postes hinchables con la traducción de ¿qué le duele? o ¿qué le ha pasado? para no perder un minuto. Es una célula de sacar adelante cuerpos a menudo desahuciados, de mantener vidas a toda costa. Es como una isla de fortuna en mitad de la pampa de muertos que ahoga la vista de pena, por los que ya no hay nada que hacer. Son casi las doce del mediodía y de golpe llegan dos: alrededor del primero en solo un segundo un cirujano, un enfermero un técnico sanitario y el traductor para atender una erosión con mala pinta en la pierna izquierda. El segundo, en un estado que encoge el alma, es Nurdin. En veinte minutos traen más enfermos, y al rato otros más, mientras llaman de nuevo porque trasladan a una embarazada de siete meses con dinámica ya de parto, al parecer. Fuera llueve caliente y a mares, y los cuatro de Córdoba- -de los que los sanitarios hablan con una devoción festiva que da gloria oír- -cavan una zanja de drenaje que les tiene la cara entera salpicada de barro. Dentro, el movimiento es continuo y abrumador, pero sin tensión ni atropellos innecesarios, aquí no hay teatro como en las series de la tele. El viernes, sólo entre las once y las dos, atendieron a 36 personas. En seis días, van más de 220. Verlo para creerlo, pero es verdad: los norteamericanos en mono de helicóptero que vienen con los pacientes se quedan entre medias a ver funcionar, a ver esa maniobra insólita de coordinación según la cual, cada vez que llega un paciente, toman posiciones tres o cuatro especia- AFP listas y ejecutan con la precisión armónica de una orquesta sin apenas tenerse que hablar. Sin parar hasta la noche No paran hasta la noche, cuando los helicópteros ya no pueden volar. Es además el equipo que se ocupó del apostentamiento, de colocar los puestos y el instrumental. También en el Hospital de Fakimah, donde tienen un dispensario médico para asistir directamente a la población. Pasaron días sacando barro- fue lo más duro, porque es muy importante mantener viva la ilusión explica Pablo Muelas, de AECI, responsable del operativo- haciéndose hueco en la Facultad de Farmacia donde duermen, pero puestos a la obra, y hoy hay relevo de muchos que no se quieren ir. Ni por los temblores que sacuden el suelo a media noche, que ya sabían donde venían. Sonia, que se queda, dice que un médico no puede pedir más. Echar un mano a la gente que si no vienes, lo mismo, nadie va a ir a ayudarles Pablo Yuste, también de AECI, habla de la satisfacción y de que son el mejor equipo, el mejor entrenado y se quita el mérito aclarando ellos, que yo no soy sanitario Ellos que no le escuchan, que hay mucho que hacer. Que hoy cogen el avión para irse porque vienen los nuevos, pero que se marchan con ganas de más. Cuarenta y dos en total Sonia es una más del equipo desplazado por la Agencia Española de Cooperación (AECI) a Banda Aceh. Veinte miembros del Samur de Madrid, catorce de la Sociedad Española de Médicos de Catástrofes (Semeca) con profesionales de Sevilla, de Cataluña o del Servicio de Urgencias Canario, cuatro más del Summa 112 también de Madrid y cuatro bomberos procedentes de Córdoba. En total 42. Que desde el tres de enero son el primer y único equipo sanitario de choque que funciona en el corazón del desastre: todos los heridos, todos, los que rescata Estados Unidos cada día en el vasto escenario indonesio del caos, llegan directamente a sus camillas desde los helicópteros de evacuación. Luego estarán los hospitales si hace falta un ingreso o la derivación a un campo de refugiados La Tierra sigue resonando Las reverberaciones del maremoto siguen sintiéndose en la Tierra dos semanas después de la catástrofe, según declararon ayer unos científicos australianos. Equipos de medición sumamente precisos de un laboratorio de Canberra demuestran que el planeta sigue resonando como una campana declaró Herb McQueen, de la Australian National University. Esto corresponde a un movimiento vertical de un milímetro de la tierra dijo. Poco después del seísmo y del maremoto del pasado 26 de diciembre, dos geofísicos estadounidenses dijeron que la Tierra osciló sobre su eje y que el mapa de Asia había sido modificado por la desaparición de pequeñas islas y la alteración de grandes partes de litoral de las zonas afectadas.