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24 LUNES 10 1 2005 ABC Internacional Mahmud Abbas alza los brazos para celebrar su victoria, anoche, en la ciudad cisjordana de Ramala REUTERS Palestina se vuelca con Mahmud Abbas como sucesor de Arafat, pero mira de reojo a Sharón Israel espera que se ponga así término al terrorismo y a la cultura de odio y muerte b El candidato de Al Fatah promete el fin del sufrimiento de su pueblo, tras lograr el apoyo del 66 por ciento de los electores, 45 puntos más que su principal oponente. La participación rondó el 70 por ciento JUAN CIERCO. CORRESPONSAL RAMALA JERUSALÉN. Yaser Arafat ya tiene sucesor. Mahmud Abbas (alias Abu Mazen) recoge el testigo del viejo rais y se convierte, gracias al impresionante apoyo del 66 de su castigada y resignada población, en el nuevo presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) Hora y media después de anunciarse su éxito, Abbas agradeció en la puerta de la mukata el apoyo recibido, se felicitó del espíritu democrático, prometió a los palesti- nos que pondrá fin a sus sufrimientos y dedicó su triunfo a Yaser Arafat. Su victoria estaba cantada. Los palestinos se citaban en realidad ante un plebiscito, no tanto ante unas elecciones que habían sido boicoteadas por todos los partidos de la oposición, sobre todo por los fundamentalistas islámicos de Hamás, que se han reservado por el momento su reacción. Es la crónica de un éxito anunciado que, para ser completo, para no levantar dudas, para ofrecerle legitimidad para hacer frente, llegado al caso, a Hamás y a Israel, necesitaba de dos puntos de apoyo fundamentales: una alta participación y un respaldo más que considerable de sus electores. No le bastaba, pues, con ganar una vez, tenía que vencer y convencer con tozuda reiteración. Y lo logró. Con creces. Contó con la inestimable ayuda de la extensión en dos horas del horario electoral, lo que sin duda aumentó el nivel de participación hasta hacerlo más aceptable para su entorno y su partido, Al Fatah. Pero los resultados conocidos al cierre de esta edición no ofrecían lugar a resquicios por los que introducir inquietudes. Abbas consiguió el respaldo del 66 del electorado, cifra más que suficiente para dotar a su triunfo de la legitimidad imprescindible apara acometer con ciertas garantías la compleja tarea que se le avecina. El nivel de participación, pese a las dudas que se habían sembrado a lo largo de toda la jornada, también le vino como anillo al dedo. En torno a un 70 por ciento de los electores se acercó hasta las urnas. También, más que suficiente para que nadie le tosa, ni de lejos ni de cerca, al nuevo líder de la causa palestina. Como comentaba un dirigente de Al Fatah a las puertas de uno de los colegios electorales más concurridos de Ramala, hemos conseguido lo más fácil; nadie dudaba de nuestra victoria. Ahora, en cambio, viene lo difícil, porque no depende sólo de la voluntad de nuestro presidente sino del primer ministro de Israel, Ariel Sharón, y sabemos de sobra cómo se las gasta cuando se trata de negociar una paz justa Nada más cerrarse los colegios electorales, miles de personas se lanzaron a las calles de Ramala y de otras localidades de Cisjordania y Gaza para hacer sonar las bocinas de sus coches, disparar al aire, lanzar petardos y celebrar por todo lo alto la victoria del eterno número dos de Arafat. Todas hicieron caso omiso de las denuncias del segundo de los candidatos, Mustafá Barghuti, que no pudo más que acercarse al 20 por ciento de los sufragios. El doctor Barghuti tachó de in-