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18 Nacional LUNES 10 1 2005 ABC GERMÁN YANKE LA POLITICA COMO ANESTESIA E l presidente Zapatero se defiende. Ni debilidad ni falta de respuesta a las pretensiones de los nacionalistas vascos. Si hay que hacer caso a alguna crónica periodística- -lo que anoto porque no deja de tener su simbólica gracia- el presidente trasladará el viernes al principal líder de la oposición las iniciativas gubernamentales y, con ello, le tratará con más deferencia que la que él recibió cuando era líder de la oposición con Aznar Así, Rajoy sería el principal de los varios líderes de la oposición mientras Zapatero fue, en su momento, el único. Pero quizá sea sin más una trascripción periodística aventurada, de esas que ponen al personal nervioso sin motivo alguno. Porque este hombre no es que sea impasible, es que pretende anestesiarnos, hipnotizarnos a todos con una sonrisa. En una ocasión, en la que debí mostrarme más radical y alterado de lo aparentemente debido, el entonces líder de la oposición me dijo que me calmara, que en su casa me ganarían siempre en antinacionalismo gracias a su esposa, aunque añadió, como si hubiera que compensar la confesión, que nadie como ella se oponía también a la guerra de Irak y a la doctrina de los ataques preventivos. El otro día, con motivo del encuentro navideño con los periodistas, el ahora presidente me volvió a reprochar la inquietud apelando a las urnas en el País Vasco y a que él sabía más que yo. Lo que no sé es si entonces sabía que el Plan Ibarretxe- -que es un monumento antidemocrático trufado de totalitarismo y apoyado por el terror- -iba a ser aprobado en el Parlamento vasco y que él mismo, nueve días después, tendría que apañárselas para defenderse del pecado de pusilanimidad estableciendo criterios para el inmediato futuro. Porque lo malo de lo que pasa es que, cuanto más se sabe, más motivos hay para el juicio grave y la alteración nerviosa, que no siempre es un defecto sino, a veces, un mecanismo de defensa que mueve a la acción. El presidente no quiere bloques ni medidas de excepción, aludiendo para este último aspecto a Manuel Fraga y no a su compañero Rodríguez Ibarra, que también debe dar muestras no ya de alteración sino de crisis nerviosa. Pero nadie le pide bloque alguno en casa del principal líder de la oposición Más bien se lo reclaman los demás: vamos viendo que ese monstruo semántico de la comunidad nacional en Cataluña y en el País Vasco, con el nacionalismo gallego al fondo, significa precisamente la exclusión de una parte de la sociedad que sería bloqueada por la restante. Hay exclusión manifiesta, netamente fascista, en el Plan Ibarretxe, la hay formalmente en el pacto de Gobierno Ante este reto antidemocrático lo que no puede hacer el Gobierno es excluir al PP ni tampoco establecer con él una suerte de inesperada coincidencia final en Cataluña y la desean los nacionalistas gallegos, que apoyaron la investidura del inalterable presidente, como los nacionalistas vascos que ahora inician el año- -unto a ETA- -con este grave desvarío. Así que bienvenido sea para los próximos días, si es verdad, una nueva muestra del arte de rectificar y que Zapatero, por fin, acabe con esa política de bloques y exclusiones. Porque ante este reto antidemocrático, lo que no puede hacer el Gobierno es excluir al PP. Ni tampoco establecer con él una suerte de inesperada coincidencia final. Y si no fue tratado antes del 14 de marzo como exigía el Pacto Antiterrorista, Zapatero no debería caer ahora en el mismo error. Sus criterios son la convivencia constitucional y la razón democrática que son principios, límites, pero no un programa concreto. Si no ha bastado la retórica para luchar contra la violencia de género o la telebasura, tampoco debería ser suficiente contra un plan que lleva el nombre de un señor que sabe que, hasta el momento, y sin coste alguno, ha hecho todo lo que los demás, muy tranquilos, aseguraban que era imposible. Por mucho que Zapatero nos anestesie, Ibarretxe nos despierta. José Borrell conversa con José Blanco durante las jornadas EFE Borrell pone pegas a la Constitución europea porque tiene carencias Dice que tendrá que modificarse antes de 50 años, pero pide el sí en el referéndum de la Eurocámara advierte que hay que luchar contra la indiferencia y a favor de crear una identidad común para todos los europeos ABC MADRID. El presidente del Parlamento Europeo, el socialista José Borrell, reconoció ayer que el Tratado por el que se establece una Constitución para la UE es incompleto, insuficiente, tiene carencias y tendrá que ser modificado antes de que pasen 50 años. Pese a realizar esas puntualizaciones, Borrell pidió a los españoles que voten sí en el referéndum que se celebrará el próximo 20 de febrero por su proyección política. Borrell clausuró ayer el Euroforo b El presidente Joven organizado en Madrid por el Grupo Socialista en el Parlamento Europeo y por las Juventudes Socialistas de España, y que el sábado fue inaugurado por el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos, informa Servimedia. Durante su intervención, el presidente de la Eurocámara aseguró que España está más comprometida que otros países, porque esta Constitución no habría visto la luz como Tratado si no hubiese habido un cambio de Gobierno En opinión de Borrell, José María Aznar bloqueó su aprobación junto a otros jefes de Estado que se escondieron tras él. José Borrell explicó que, jurídicamente, el texto es un tratado porque ha sido firmado por los Estados, no por el Parlamento; pero políticamente es la Constitución, porque define las reglas de juego, el entramado institucional, los derechos y deberes y las bases sobre las que se puede crear un pueblo europeo Esta Constitución europea, sin embargo, tiene una característica especial ya que, a diferencia de la mayoría de los textos constitucionales, nace sin estridencias, sin drama, en un momento apacible, quizá el más apacible de la historia de Europa Como no hay drama, sangre, imperios que se derrumban ni dictadores que se mueren advirtió Borrell, corre el peligro de caer en el mayor enemigo de las democracias: la indiferencia y la ignorancia Por ello, animó a luchar contra este riesgo para que los ciudadanos sean conscientes de la trascendencia política del texto, necesario para crear una identidad común con los valores que unen a los europeos.