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ABC LUNES 10 1 2005 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Monseñor Uriarte olvida que a veces el objetivo de los violentos ha sido justificado y bendecido por sectores de la Iglesia vasca LAS CUATRO BOMBAS N el País Vasco acaban de estallar cuatro bombas. No es noticia que sorprenda mucho, porque allí están acostumbrados desde hace muchos años a estas desgraciadas peripecias políticas, tantas veces mortales. Esta vez, las bombas no han causado muertos. Tres de ellas las ha hecho estallar la banda etarra. La cuarta es cosa de monseñor Uriarte, obispo de Donostia. Las tres bombas etarras han estallado en otras tantas empresas, una en Bilbao, la segunda en San Sebastián y una tercera en Ordizia. No estabandestinadas a matar, sino a avisar. Es la manera que tienen los terroristas vascos de recordar a los empresarios que deben pagar el llamado impuestorevolucionario La vigilancia internacional que se ejerce desde hace algún tiempo sobre los fondos de ETA, ha debilitado sin duda la pujante economía de la banda, y los que quedan allí tienen que dedicarse a reponer fondos. De algo han de vivir los trabajadores del asesinato, aunque ahora asesinen menos. La producción etarra de cadáveres ha descendido en los últimos tiempos, tal vez en espera de comprobar cómo termina Ibarreche su trabajo de asesinar la Constitución y de mutilar España. Ese descanso que se han tomado los etarras en el ejercicio de su profesión ha emperezado a algunos empresarios en el molesto cumplimiento de pagar el impuesto a los asesinos, y las tres bombas de ahora están destinadas obviamente a refrescar su memoria y agilizar el movimiento muscular necesario para sacar la cartera. No conviene que el empresariado vasco se relaje demasiado en su obligación de patrocinar el independentismo a la fuerza. Que eso es lo que está en marcha en el País Vasco y en la Diócesis de monseñor Uriarte: el independentismo pagado con impuestos forzosos y con la cabeza de los contrarios, de los remisos o de los indiferentes. Las nucas agujereadas de los indiferentes también sirven de aviso. Monseñor Uriarte discrepa de sus compañeros de la Conferencia Episcopal respecto del peligro que para la convivencia de los vascos y de todos los españoles supone el denominado plan Ibarreche Y ha escrito una Carta pastoral para mostrar públicamente esa discrepancia, desmarcarse de sus hermanos en el episcopado y advertir a su rebaño de fieles que las consideraciones de la Conferencia de obispos no son vinculantes. Menos mal que ya no está en la silla episcopal de San Sebastián monseñor Setién, que si lo estuviera quizá habría ido un poco más allá. Habría considerado heterodoxos a los obispos, les habría declarado herejes y les habría entregado al tribunal terrible de la inquisición etarra. He leído con toda atención y muchísimo respeto lo que recogen los periódicos de la Carta de monseñor Uriarte. Es una carta impecable como la ha calificado el PNV, si hubiese sido escrita y publicada en un territorio donde reine la paz, el trabajo, el respeto a las ideas de cada cual y nadie utilice la violencia para imponer sus deseos y aspiraciones. Pero monseñor Uriarte se olvida de que esas circunstancias no se dan por desgracia en su Diócesis ni en del País Vasco. Y que en demasiadas ocasiones el objetivo de los violentos ha sido justificado y bendecido por sectores de la Iglesia vasca. E JUAN MANUEL DE PRADA El maremoto de Extremo Oriente está provocando una de esas periódicas orgías solidarias en las que las sociedades prósperas se zambullen para ahogar las ladillas de la mala conciencia SOLIDARIDAD DE PACOTILLA E L maremoto de Extremo Oriente está provocando una de esas periódicas orgías solidarias en las que las sociedades prósperas se zambullen para ahogar las ladillas de la mala conciencia. Estas orgías solidarias precisan, para desencadenarse, dos circunstancias detonantes: 1) Que sobrevenga una catástrofe de dimensiones atroces, con miles de muertos simultáneos y 2) Que la catástrofe acaezca en los arrabales del atlas. Estas dos circunstancias delatan la naturaleza falsorra de las orgías solidarias, que no son sino la escenificación de una hipocresía social azuzada y bendecida por la propaganda mediática. Pero basta analizar los mecanismos que impulsan estas orgías para desenmascarar la pacotilla. Mencionaba arriba la necesidad de que los muertos sean simultáneos para que la orgía se desate. El maremoto de Extremo Oriente ha provocado una mortandad acongojante, aunque desde luego muy inferior a la constante mortandad que desatan plagas, hambrunas y guerras tribales; pero esta mortandad más copiosa la computamos a beneficio de inventario, como una especie de tediosa rutina contra la que no se puede combatir y que, por lo tanto, no reúne las condiciones precisas para impresionar nuestro ánimo. Sorprende también que las orgías solidarias siempre tengan como destinatarios a los habitantes de Pernambuco o Sebastopol; diríase que se hubiese entronizado una nueva perversión del sentimiento, una (si la contradicción es tolerable) compasión de lejanías que sólo se dirige hacia personas a las que no conocemos. Pero la verdadera compasión en el sentido etimológico de la palabra, necesita un rostro concreto en el que poder reflejarse, un dolor vecino que nos interpele y nos incite a remediarlo, o siquiera a mitigarlo, mediante una intervención directa. No niego que uno pueda compadecerse de un niño de la Cochinchina, pero sólo después de haberse compadeci- do del mendigo de la esquina. La solidaridad de pacotilla, sin embargo, se salta el enojoso trámite de la vecindad y vuelca sus esfuerzos hacía las regiones antípodas, quizá porque el dolor del mendigo de la esquina nos salpica y zahiere, mientras que el dolor que sufren en los arrabales del atlas- -convenientemente filtrado por la televisión- -es más aséptico y difuso y nos permite- -nunca mejor dicho- mirar hacia otro lado La orgía solidaria desatada por el maremoto de Extremo Oriente está propiciando manifestaciones especialmente obscenas de fariseísmo. Empresas que se lucran con el trabajo estajanovista de los damnificados y abaratan costes contratándolos en condiciones inhumanas sacan pecho aportando donaciones millonarias para reparar los efectos de la catástrofe. Pero quizá la expresión más vomitiva de esta orgía solidaria la protagonicen esos millonetis- -actores, deportistas y demás celebridades mediáticas- -que, previo comunicado de prensa, destinan un óbolo de miles o millones de dólares a la causa, en realidad unas migajas excedentes del dineral que amasan. Con este óbolo, aparte de acallar su mala conciencia, posan de estupendos ante la galería: nunca les ha salido más barata la promoción de sí mismos. A la postre, descubrimos que esta solidaridad de pacotilla es exactamente lo contrario de la verdadera caridad, que no es jactanciosa ni se hincha En estos días de orgía solidaria, conviene releer aquellas palabras del Nazareno: Estad atentos a no hacer vuestra justicia delante de los hombres para que os vean. Cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados de los hombres; en verdad os digo que ya recibieron su recompensa. Cuando des limosna, no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna sea oculta, y el Padre, que ve lo oculto, te premiará