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4 Opinión LUNES 10 1 2005 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca Jefes de área: Jaime González (Opinión) Alberto Pérez (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Mayte Alcaraz (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Pablo Planas (Reportajes- corresponsal político) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO AL FONDO, CIU A tibia reacción de Rodríguez Zapatero ante el plan Ibarretxe no es únicamente producto de su tendencia natural a tomarse las cosas con calma. Es, sobretodo, fiel reflejo de la debilidad parlamentaria del Gobierno socialista. En efecto, Esquerra Republicana ha resultado ser- -como era previsible- -un aliado errático, muy dividido en corrientes internas y que traspasa con frecuencia los límites del sentido común, incluso en una interpretación muy generosa. A su vez, Izquierda Unida tardará en superar las secuelas de su reciente congreso, resuelto con la supervivencia bajo mínimos de Gaspar Llamazares. No es extraño, pues, que algún dirigente del PSOE se haya planteado (incluso en público) la conveniencia de un giro estratégico o, para decir lo mismo con un eufemismo, de una ampliación de la estabilidad parlamentaria No se trata sólo del desafío soberanista, sino de que en los meses que llevamos de legislatura cada vez que el Gobierno necesita los votos de ERC se ve obligado a una negociación específica, que concluye siempre en nuevasconcesiones para formar una cadena interminable. En la práctica, la posibilidad real de modificar la política de alianzas es bastante reducida. Ni siquiera secontempla la hipótesis de una gran coalición con el Partido Popular a efectos de política territorial y otras cuestiones de Estado. No hay nada que hacer, a día de hoy, con el PNV, aunque habrá que ver cómo se plantea el asunto después de las elecciones vascas. Queda, por tanto, la opción de Convergencia i Unió y por este camino apuntan las pretensiones del Partido Socialista, que van más allá al parecer de una mera reflexión teórica. Es cierto que el nacionalismo catalán moderado no pasa por su mejor momento: Durán Lleida, líder flexible y pragmático, contempla con preocupación los guiños hacia el radicalismo de la L actual dirección convergente, perdida en una difícil travesía del desierto tras la retirada de Jordi Pujol- -quien ayer mismo criticó los modos y maneras del tripartito- -y la derrota electoral. Con CiU como socio, el PSOE podría abordar una reforma profunda pero asumible del Estatuto de Cataluña. Sin embargo, los socialistas deberían recordar que tampoco pueden contar con este nuevo apoyo en materias de altovalor simbólico como los papelesdel Archivo, las selecciones deportivas o el debate lingüístico, que dañan sin remedio su estrategia como partido de ámbito nacional. La singular coyuntura política que vive Cataluña introduce factores muy complejos. ERC pretende un Estatuto demáximos que, salvo poruna mayorcontención retórica, apenas se distingue en su contenido del texto aprobado por el Parlamento vasco. Los sectores más sensatos de la sociedad catalana rechazan la visión antipática e insolidaria que los republicanos transmiten hacia el resto de España. Maragall, verdaderocerebro de la política territorial socialista, no está dispuesto por ahora a que se ponga en peligro el tripartito, porque ello supondría un serio problema para su permanencia en el poder. Pero si la cuerda se tensa en exceso, no es descartable la opción de convocareleccionesautonómicas, queelPSC abordaría en este momento con expectativas favorables segúnlasencuestas. He aquíalgunaspiezas interdependientes en este complicado tablero de ajedrez. Es llamativo, sin embargo, que la grave situación creada por el desafío frontal a la Constitución sea objeto de análisis por algunos políticos en términos estrechos de interés partidista y coyunturales. La gran mayoría de los españoles exige al presidente del Gobierno alturade miras y sentido de Estado, más allá del oportunismo táctico. Empieza una semana importante. PALESTINA, HORA CERO V SOLIDARIDAD Y GLOBALIZACIÓN E L tsunami del Índico ha sido la mayor catástrofe del mundo globalizado del siglo XXI. Ha afectado tanto a pobres campesinos y míseros pescadores del sureste asiático como a turistas de la opulenta Europa. El movimiento de solidaridad que ha despertado la catástrofe ha sido igualmente global, y los gestos de apoyo y compasión con las víctimas se han reproducido en todo el mundo. Es más, a veces da la impresión de que Estados Unidos y la UE se han lanzado a una especie de carrera de benevolencia, decididos a aparecer en las estadísticas en el primer lugar de la clasificación de donantes. Se ha llegado a un punto en el que algunas organizaciones humanitarias, como Médicos Sin Fronteras, han decidido suspender sus campañas de recaudación, porque reconocen que carecen de capacidad para gestionar el caudal recaudado. A todos los que desean participar en los esfuerzos de la reconstrucción les hace falta una buena dosis de realismo, porque sería muy necesario que la competición se estableciese con la lista de los logros cumplidos y no con la de las promesas. No se puede aplazar ni un día más la puesta en marcha de sistemas de prevención y alerta en todos los lugares del mundo donde se sabe que existe el riesgo de que se produzcan fenómenos tan destructivos como éste, porque es moralmente intolerable que, con los medios científicos actuales, esa parte del mundo carezca de un sistema de alerta que con toda seguridad hubiera salvado miles de vidas. Por otra parte, las características de esta tragedia no deberían hacernos olvidar que sigue habiendo lugares en el mundo, donde, aun sin necesidad de cataclismos, persisten dolorosas situaciones de miseria que deben ser una llamada de atención permanente para las conciencias de las sociedades desarrolladas. La voluntad de poner fin a los sufrimientos humanos no puede concentrarse exclusivamente en los momentos de gran emoción, sino que este esfuerzo de llevar ayuda a los millones de víctimas del maremoto debería contribuir a mejorar la eficiencia de los canales para transportar permanentemente la solidaridad hacia los seres humanos que comparten con nosotros el planeta y que, hasta ahora, no han logrado ser más que las víctimas de la globalización. ENCIÓ la sensatez de los palestinos. Y lo hizo en el peor de los contextos posibles: a unas semanas de la muerte de Arafat, el rais que ha capitalizado el liderazgo de la causa palestina en los últimos años, y en medio de un complejo equilibrio interno dentro de las familias que aglutinan a un pueblo acostumbrado a la violencia desde que se inició el conflicto israelo- palestino hace casi sesenta años. En este sentido, la victoria de Mahmud Abbas (Abu Mazen) por tan amplio margen de votos sobre sus contrincantes y el fracaso del boicot de los grupos radicales que han tratado de sabotear las elecciones, abre un escenario de esperanza y posibilidades para un pueblo necesitado de paz y estabilidad. Su perfil pragmático y su moderación han sido factores a tener en cuenta- -sobre todo de cara a los forjadores de opinión y los sectores emergentes y técnicos de un pueblo que vive, no lo olvidemos, su particular e influyente diáspora elitista en los países occidentales- aunque probablemente haya tenido más importancia ante las masas populares palestinas su compromiso con la causa representada por la OLP desde su nacimiento, acompañando a Arafat desde los inicios de esta organización. El tira y afloja entre los milicianos palestinos y el Ejército israelí y las consiguientes operaciones de represión de éste han gravitado como una amenaza durante estos días. Quienes deseaban que el conflicto pudiera proyectar su virulencia como las ondas concéntricas de un seísmo que se engarzase con el que vive Irak de cara a las elecciones del próximo 30 de enero, han visto frustradas sus expectativas. Afortunadamente, el grado de compromiso de la comunidad internacional y, en especial, la presión ejercida por Naciones Unidas, los EE. UU. y Europa se ha hecho sentir esta vez y ha sido determinante. De hecho, la buena voluntad resultó paradigmática y ejemplar. La contención impuesta desde los sectores moderados palestinos y la responsabilidad exhibida por el Gobierno israelí durante el proceso electoral han hecho posible la victoria de la democracia en las urnas. Con todo, la incertidumbre sigue ahí, gravitando sobre un escenario muy difícil, enquistado por desencuentros reiterados y afrentas recíprocas extraordinariamente dolorosas. Israel ya no tiene ante sí la excusa de Arafat. Palestina ha demostrado que puede encontrar interlocutores dispuestos a negociar. Ahora hace falta que la neurosis colectiva israelí sea desactivada y que la desvertebración violenta de los palestinos se transforme en un progresivo proceso de afianzamiento institucional y de estabilidad. Sigue siendo la hora de la responsabilidad: ahora en el difícil día a día.