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ABC DOMINGO 9 1 2005 Espectáculos 73 POP R. E. M. Concierto de REM: Michael Stipe (voz) Peter Buck (guitarra) Mike Mills (bajo) Ken Stringfellow (teclados) Scott McCaughey (guitarra) Bill Rieflin (batería) Lugar: Palacio de Vistalegre (Madrid) Fecha: 8- 1- 2005. MÚSICA POPULAR Dhafer Youssef y Eivind Aarset Concierto de Dhafer Youssef (laúd y voz) y Eivind Aarset (guitarra eléctrica) Lugar: La Casa Encendida. Madrid. SUFISMO CONTEMPORÁNEO EL SÍNDROME DE LOS OTROS JESÚS LILLO LUIS MARTÍN es sucede a los miembros de REM algo parecido, tres cuartos de lo mismo, que a la espectral familia de Los otros Dejando a un lado elementos formales, la gran diferencia entre ambos grupos radica en su forma de reaccionar ante el fenómeno de la muerte, física en el gótico relato de Amenábar y artística en el caso de la banda de Athens. Como el trío protagonista de Los otros REM cuenta con la asistencia de cualificado personal de servicio- -Ken Stringfellow, Scott McCaughey y Bill Rieflin- actores secundarios de una trama cuyo desenlace aquí todos conocen de antemano: los patrones están muertos. Pero si la sombría familia Stewart de la cinta de Aménabar no se quería enterar, REM se limita a disimular para satisfacer a la Warner, la empresa que les paga. A dos metros bajo tierra y tan a gusto. La exhumación- -la pasada temporada- -de Bad Day vigorosa canción compuesta en 1986 por el cuarteto fundador de REM, sirvió para prorrogar la confianza del público en la vitalidad de la banda, manifestada a lo largo del último cuarto de siglo y a través de álbumes que, una vez agotado el caudal creativo que marcó la soberbia primera época del grupo, revelaron, al menos, la inquietud del trío por el ensayo de nuevos formatos musicales. Aún seguían vivos. Pero Bad Day no pasó de ser un agónico viaje de ida y vuelta al pasado. REM regresó a Madrid en el peor momento de su carrera, con una colección de canciones- -las incluidas en su aseadito y afectado Around The Sun -que, afortunadamente, no pasan de ser el resorte mecánico para impulsar su actual gira y recordar sin rubor viejos éxitos, como cualquier grupo consciente, y orgulloso sobre el escenario, de su calidad de muerto viviente del mundo del rock. Unas cuantas canciones del último álbum, lo justo para aprovechar el rebufo de las radiofórmulas, y directos al disco duro: festín de historia y de zombis. Para los amantes del buen pop, REM es en 2005 como el Archivo de Salamanca. Cierto es que por el palacio de Vistalegre circularon anoche bastantes fotocopias, toscos facsímiles de una obra que a estas alturas merece ser recuperada- -si no de forma íntegra, empresa imposible- -con la veneración de una liturgia documental, legajo a legajo, pero REM supo estar a la altura de las circunstancias y prescindir de fantasmadas y autoengaños. Porque aunque, desde el más allá, Mi- L Michael Stipe, anoche, durante su actuación en Madrid chael Stipe y compañía graben discos mortecinos para una compañía multinacional, aún saben estar de cuerpo presente en una buena misa de difuntos, rezos y velas, y dejarse de bautizos inoportunos. Anoche pasearon durante un buen rato al niño, que se llama Around The Sun -para comérselo, como a los del anuncio de Vodafone- pero el argumento de su concierto giró alrededor de sus hijos mayores, piezas recuperadas de sus primeros álbumes, con un arranque apabullante Finest Worksong y Begin The Begin y sentidas paradas en algunos de los pasajes más intensos de su añeja discografía, como The One I Love Fall On Me e incluso 7 Chinese Bros una delicia perdida entre los surcos de Reckoning grabado hace ya veinte años. No llegaron a rozar los norteamericano, sensible omisión, las profundidades de Murmur de 1983; interpretaron, en cambio, los grandes éxitos, en su mayoría mediocres, de su última etapa discográfica, inclinando el concier- EFE No hace falta llamarse Marilyn Manson para que la música suene nítida en Vistalegre to, muy peligrosamente, hacia lo que en algunos momentos llegó a ser La hora Warner versión REM. Quizá sea el vicio, forzado por el mercado, de mezclar churras con merinas, de combinar la chusca Imitation Of Life con la visceral Life And How To Live It lo que deteriore la estampa de la banda, porque no resulta fácil tomarse en serio a alguien que no manifiesta respeto por sí mismo, por mucho que en directo saque las garras y trate de remediar los errores de producción plasmados en sus álbumes mediante ejecuciones medianamente agresivas. Eso no les pasa, por ejemplo, a los Rolling Stones. Graban tonterías, pero no las cantan. Sobre las tablas, sobriedad. Un decorado sintético, muy similar a los utilizados en sus últimas giras por Radiohead y Pet Shop Boys, y absoluto protagonismo de Michael Stipe, quien se recrea en sus previsibles y amaneradas coreografías y luce su habitual raya de ojos, modelo Blade Runner El buen equipo de sonido de REM demostró que no hace falta llamarse Marilyn Manson para que la música se escuche con cierta nitidez en Vistalegre, y el público, pese a los incomodidades del recinto, salió satisfecho de su cita con los superhéroes de Athens. Para estar muertos, no lo llevan mal del todo. articular interés en estas fechas de pertinaz sequía musical ha tenido el ciclo de música africana, desarrollado en La Casa Encendida. Música de valor testimonial y de relevo para las sonoridades más estandarizadas del pop. Música, en el caso del laudista y cantante tunecino Dhafer Youssef, para la reflexión y el pensamiento, pues, si bien son ideas que habíamos intuido antes en los discos, esta vez nos ha parecido que estaban más cerca de la recreación modernizada de la música tradicional de su tierra, que de la renovación jazzística que se aprecia en aquellos. Hay una jondura diferente en la garganta de este músico que se entretiene en sentir cuando relata sus letanías sinceras. Es canto, sacado de la tradición, unas veces, y repensado por él, otras. Ambas opciones lucen adornadas, en cualquier caso, por el vestido de cuerda de su laúd y por una milagrera maquinaria eléctrica que él ha elegido para que la tradición sea reciente y liberar improvisaciones cargadas de inspiración. Esta última sólo es un color distinto que se instala en el espacio que antes ocuparon instrumentos más añejos. No hay exhibicionismo en ello; si acaso, únicamente el que proporciona la propia técnica, capaz de hacer que, en directo- -esto es, asistiendo al acto mismo de la creación- -la voz de Dhafer Youssef y la percusión esencial de sus dedos golpeando la caja del laúd, se regraben y reproduzcan cuantas veces sea oportuno para la mejor resolución de la pieza. El noruego Eivind Aarset es el otro gran protagonista de esta exquisita cita. Ofrece una lección de justa decoración sonora para estas complicadas músicas. Y también de cohesión perfecta para lograr la mejor sonoridad. Aquel sonido establecido en los discos de Michael Brook junto al cantor irlandés Iarla Ó Lionaird y al pakistaní Nusrat Fateh Ali Khan. Y también, por qué no, en los del guitarrista Suso Sáiz con los txalapartaris dirigidos por Joxan Goikoetchea y Juan Mari Beltrán. Como ellos, Youssef y Aarset consiguen que su discurso se nos ofrezca más próximo a nuestra sensibilidad occidental. No hubo tregua en el concierto. Y todo para hacer cierto que la música de los pensadores sufíes es un vehículo fundamental para trascender, para llegar al contacto con el universo y encontrarse con uno mismo. Sobresaliente. P