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ABC DOMINGO 9 1 2005 65 Cultura y espectáculos Retrato de Londres por Virginia Woolf Reúnen por vez primera en español todos los artículos sobre su ciudad natal, incluido uno inédito b ABC desvela el informe completo de la Comisión de Expertos sobre la polémica del Archivo de Salamanca Lumen publica Londres un libro que reúne sus seis artículos sobre la capital británica, entre ellos Retrato de una londinese hallado recientemente Aguas profundas El 28 de enero de 1941- -gélidas debían estar las aguas- -Virginia Woolf, hija de sir Leslie Stephen, hombre de letras, entró caminando en el río Ouse sin ánimo de retornar. Ni el amor de su marido, Leonard Woolf, ni el cariño y complicidad de su hermana Vanessa, pudieron impedir el progreso de una enfermedad que la visitaba con frecuencia. La escritora revolucionaria, una de las grandes del siglo XX, manifestó en cierta ocasión que se había entrenado en el silencio, inducida a ello por el terror que tenía a su propia capacidad de sentir. Virginia se encontró varias veces al borde del colapso nervioso, como, por ejemplo, en 1936, cuando tuvo la impresión de que su vida y su obra habían llegado a un punto muerto. Siempre estuvo atrapada por el doloroso combate de los sentimientos. Vanessa también sufrió depresiones, pero a diferencia de su hermana, se endureció y se hizo estoica ante determinadas situaciones. Vanessa, como pintora, y Virginia, como escritora, formaron parte del grupo Bloomsbury, precisamente el nombre del barrio bohemio al que se trasladaron cuando dejaron la elegante zona de Kensington al morir su padre. De aquel grupo formaron parte inteligencias como la de Dora Carrington, Lytton Strachey, Gerald Brenan, Roger Fry... SOFÍA SOLANO MADRID. A veces se habla de libros mayores o menores, pero tener entre las manos uno de Virginia Woolf siempre es un lujo, el del siempre asequible placer de la literatura. Lumen publica una pequeña joya de la autora bajo el título Londres nada extraño si se tiene en cuenta que en esa ciudad nació el 25 de enero de 1882. No se trata del retrato al uso de un lugar esplendoroso. Virginia, como la señora Crowe, que protagoniza la primera historia- -son seis las que ocupan las páginas del libro- no observa su ciudad como una esnob. Si la mujer que creó era una coleccionista de relaciones que dibujaba con el diálogo no la vasta metrópoli sino la crónica de lo que de humano hay en ella; Woolf nos lleva a pasear por un Londres diverso que, gracias a su palabra, nos conduce de modo magistral por los lugares que elige. Retrato de una londinense Los muelles de Londres El oleaje de Oxford Street Casas de grandes hombres Abadías y catedrales y Esta es la Cámara de los Comunes son las piezas de la obra. Estos relatos completos ven la luz por vez primera en español y fueron publicados en la revista Good Housekeeping Nacidos en la primavera de 1931, fueron apareciendo en entregas bimensuales, a partir de diciembre de ese año y a lo largo de 1932. Juntos aparecieron en Gran Bretaña editados por Random House en 1982. Retrato de una londinense se creía perdido desde hace algún tiempo, encontrarlo significó poder completar la obra. Virginia Woolf, en uno de sus retratos Emociones depositadas La escritora, en sus diarios, menciona Londres Concretamente el 17 de febrero de 1931, recién terminada Las olas se pregunta si podría terminar el nuevo título a tiempo. Para escribir facetas de su ciudad natal, Virginia se preparó a fondo, como una paseante que deposita sus emociones en cuanto llama su atención, y así, junto con su marido, escuchó un debate en la Cámara de los Comunes, subió a una lancha de la London Port Authority, para visitar los muelles o visitó las casas de Keats y Carlyle. El caso es que en una semana escribió lo que ahora llega a nuestras manos, si bien asegura que esta tarea le obligó a adoptar ligeros cam- bios en su modo de escribir. La autora convierte Londres en uno de sus personajes y se adentra en lo cotidiano, en lo popular, en la belleza, en un todo, en fin, en el que se mezclan la bruma, las torres de las iglesias y catedrales, los visitantes y las personas- -el oleaje- -que se han instalado en Oxford Street buscando su medio de vida, una calle, dice, en la que es inútil intentar llegar a conclusiones ¿Qué pensaría la autora de Orlando si contemplara el Londres de hoy? ¿Qué sentiría? La respuesta se queda suspendida en el tiempo de lo imposible. Pero a buen seguro que sabría encontrar los rincones que le permitirían rendir homenaje a la ciudad que amó sobre cualquier otra. Llegaría, sin duda, hasta dónde la mirada de alguien que carezca de su sensibilidad y afecto no alcanzaría. Imagen tomada en Londres a principios del siglo XX, incluida en el libro