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58 Los domingos DOMINGO 9 1 2005 ABC ENTREVISTA RAFAEL NOJA Experto en grandes catástrofes La Protección Civil española está totalmente descafeinada Era el hombre que siempre estaba ahí la voz de mando que procuraba el orden tras el caos de las grandes catástrofes que han golpeado Madrid en los últimos treinta años. Curtido en el trato con políticos de todo pelaje, Rafael Noja, leyenda en la Proteccion Civil española y funcionario más antiguo del Estado, se jubila con el relevo de un año que se ha ido dejando tantísimo dolor TEXTO: VIRGINIA RÓDENAS FOTO: JULIÁN DE DOMINGO Aquí sólo piensa el jefe. Así rezaba el cartel que durante años presidió el despacho madrileño del onubense Rafael Noja, obsequio de los miembros de su equipo- -al que no faltaba una pizca de mala uva- hartos de perder tiempo y saliva con un hombre que para cada problema tenía siempre, antes que nadie, la solución. Porque Noja ha sido desde la delegación gubernativa de la capital del Reino una especie de máquina de los remedios, ya fuera para organizar las primeras elecciones, para coordinar la seguridad de la Conferencia de Paz, de las visitas del Papa, restablecer el orden tras una catástrofe aérea con dos centenares de muertos o para repartir subvenciones entre las películas que se hacían en los setenta. Y por supuesto para que imperase la eficacia tras la terrible ventanilla kafkiana de nuestras pesadillas, porque el dogma de este laureado funcionario es que el administrado tiene que estar informado en todo momento de lo que necesite. El contribuyente- -asevera- -no puede perder un mes para saber qué ha pasado con su escrito, o que sus asuntos queden a expensas de la manida frase hay que ponerlos en marcha ¿Hay que ponerlos? No hombre, no, póngalos en marcha en este mismo momento. Y si hacen falta más medios, que se den; pero la Administración no debe ser nunca un lastre. Verá- -me dice sonriendo- -yo es que soy lo menos funcionario que se podía ser -La descoordinación en el socorro a la población tras el desastre del maremoto en el sudeste asiático pide a gritos unidad en el auxilio. ¿Será posible que algún día nos pongamos de acuerdo? -Es imprescindible la creación de una fuerza internacional de Protección Civil que podría coordinarse cada año por un país, y cuyo cometido sea la atención inmediata y organización del socorro exterior en casos de grandes desastres. Eso, evidentemente, requiere la buena voluntad de la comunidad internacional y su abordaje no debe retrasarse más. En este caso quiero ser optimista. -Criticamos la organización tras el desastre del tsunami y, sin embargo, en España asistimos cada año al espectáculo de miles de personas atrapadas en las carreteras ante la llegada de las primeras nieves. -Así es, sorprendente. Yo me he quedado helado cuando he visto que ha vuelto a pasar. ¿Cómo es posible que a pesar de la experiencia no estuviéramos preparados? Le aseguro que en las carreteras de Madrid todos los años hemos intentado que nada nos sorprendiera, y me extraña que se haya llegado tan tarde a algo previsible, independientemente de que el ciudadano no sea capaz de llevar cadenas y se meta en carreteras que se pueden quedar bloqueadas. ¿También cree, como el Gobierno socialista, que la culpa es del contribuyente? -No, de ninguna manera; pero eso no quita para decir que el ciudadano puede ir mejor preparado. Hay que prever que el ciudadano falle y, por eso, lo que no puede fallar jamás es la Administración. -Parece que la Protección Civil española anda un poco descafeinada. -Totalmente descafeinada. Yo tengo mi propia idea y debíamos volver al mando único que es fundamental. La Dirección General de Protección Civil se ha quedado sin contenido. ¿Qué razones hay? Las de la propia España para los asuntos políticos: las comunida- El ciudadano puede fallar y no ir preparado para afrontar una nevada, por eso lo que no debe fallar jamás es la Administración En 1983 pasé por los tres momentos peores de mi vida: los accidentes aéreos de Mejorada y Barajas y el incendio de Alcalá 20 des quieren tener cada vez más poder y los Ayuntamientos lo mismo. Así que el Estado se va quedando sin nada. ¿Qué fue lo que más le preocupó cuando tuvo que coordinar los actos públicos de las visitas del Papa? -Pensar con sentido común. Ahí me apunté un tanto con el agua. Imaginé qué puede ocurrir en una aglomeración a 36 grados. Pues que se desplome la gente. Así que pedí al Canal de Isabel II ocho aljibes de agua y 80.000 bolsas de un litro. Montamos cuatro grandes hospitales de campaña alrededor de la Castellana. Pero el agua dio la vida al millón de personas congregado. ¿Y cómo se inventa uno la organización de las primeras elecciones en España? -Usted lo ha dicho: fue un invento con todas las de la ley. Juan José Rosón, que fue el primer gobernador civil de Madrid de la democracia, me dijo que buscase un equipo y nos pusimos en marcha haciendo primero una cantidad ingente de papeleo que, ahora, cuando veo la preparación de los comicios al cabo de los años, y que ronda todavía por ahí algún documento mío, me satisface pensar que no estábamos tan equivocados; sin embargo, la realización de las primeras elecciones en Madrid, cuyos resultados no se supieron hasta seis días después, fue dificultosísima porque creé un sistema por medio de motos que tenían que llevar a Cibeles unos telegramas, y fue el lío padre, así que a los siguientes comicios se suprimieron y se mejoró el sistema. Lo ideal sería el voto electrónico, pero eso en España va a ser muy difícil porque somos muy desconfiados y eso de que toques un botón y hayas votado... También me mandaron a Andalucía y a Cataluña a organizar las elecciones de 1982 y lo único que pedí fue que los gobernadores civiles, con todo el respeto por mi parte y sabiendo cual era su dignidad, no se atravesaran en mi camino, porque mandaban la tira, te podían detener, y, sobre todo, te podían hacer la vida imposible. En Barcelona, al principio, pinché en hueso con José María Belloch, el padre del actual alcalde de Zaragoza, que me recibió de uñas, y además la Prensa había dicho: Una vez más, la Administración central no se fía de los catalanes y manda a Noja ante su medallero de 50 años un director de elecciones de Madrid Me dieron más que a una estera, pero todo acabó bien. -De aquellas motos a internet. ¿Cómo se ha vivido el avance tecnológico en la función pública? -Jesús Sancho Rof, que era entonces el subsecretario de Interior y que estaba al frente de las elecciones, no creía en los ordenadores. Para él era muy difícil; no entraba por ahí hasta que me dijo en Madrid, hacer lo que queráis y ya veremos cuál es el final y el final no fue otro que salió tan bien que me volvió a llamar para decirme explícame eso de los ordenadores que lo va-