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56 Los domingos DOMINGO 9 1 2005 ABC ELECCIONES. ¿Y AHORA QUÉ? (Viene de la página anterior) fronteras de 1967; el derecho al retorno de los refugiados palestinos de 1948 y las indemnizaciones a aquellos que perdieron sus propiedades; la liberación de los presos políticos; la elección de Jerusalén Este como capital de esa palestina que se cree formalmente; la demolición del muro ilegal; el desmantelamiento de todas las colonias judías de Cisjordania; la evacuación israelí de Gaza... No residía en lo que los más moderados y pragmáticos de los palestinos han pedido en multitud de ocasiones, y aquí también: el final de la violencia contra los civiles israelíes. Se acabaron los falsos atajos No, la sorpresa de Daoud, resignado a lo largo de los últimos años a las negociaciones sin rumbo, nacía en el rechazo firme, definitivo, sin paliativos, de principio, a cualquier acuerdo interino, parcial, entre paréntesis, a medio plazo, momentáneo entre palestinos e israelíes. No vale firmar un compromiso que aplace la resolución del problema; que cree falsas expectativas entre la población; que ofrezca, después de tanta hambre acumulada en los últimos cuatro años de Intifada de Al Aqsa, pan para hoy sin cordero para mañana... En definitiva: una paz justa, viable, sin atajos, sin concesiones, sin rendición. Ese era el mensaje lanzado por Darwish y sus compañeros de viaje en una carta con destinatario único, Mahmud Abbas (alias Abu Mazen) en una misiva que también llegó empero, a través de las páginas del diario Al Quds y de otros medios árabes, a este pequeño y coqueto establecimiento de la Ciudad Vieja de Jerusalén Este, donde Daoud, tras sorber con calma su cargado café de cardamomo y no dejar de fumar su pipa de agua, que no de la paz, la leyó y comentó con los otros clientes del local. Y esa paz, justa, viable, sin atajos, sin concesiones, sin rendición, es, o debiera serlo, el objetivo de Gobierno de Abu Mazen a partir de mañana. Ardua tarea, compleja misión, difícil encargo. Entre otras cosas, porque no depende de él; porque, por mucho que resulte elegido presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) su capacidad de maniobra será siempre limitada y dependerá de la cuerda que le dé desde su rancho de los Sicamores, en el desierto del Neguev, el dueño de este juguete roto desde hace décadas sin que nadie sea capaz de repararlo en Estados Unidos o Europa: Ariel Sharón. El dirigente israelí Ariel Sharón vo que han oído de boca de tan ilustres enviados especiales occidentales y árabes ha sido que hay que resucitar la Hoja de Ruta un plan de seguridad, no un compromiso de paz definitivo, y que el Estado palestino podría ser creado, violando de por sí la misma Hoja de Ruta que quieren ahora desenterrar, a finales de 2008 o en 2009. Así además lo sentenció hace sólo unos días Sharón ante sus embajadores en el extranjero reunidos en el Ministerio de Asuntos Exteriores: No habrá transición directa entre la evacuación de Gaza (prevista para este verano) y la Hoja de Ruta Palabra de Arik Demasiado largo se lo fían al amigo Abbas, que diría Cervantes en este año emblemático de su Quijote. Y él lo sabe. El líder de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y presidente desde mañana de la ANP es consciente de que su candidatura ha levantado una ola de optimismo y esperanza que puede ahogar de un plumazo las expectativas y convertirse, precisamente por lo exagerado de las mismas, en un mar de frustración, de desencanto, de desastre nacional. El valor de su éxito sería proporcionalmente similar al dolor de su fracaso, y ahí está el peligro explica el profesor israelí Menahem Klein, involucrado en todas las iniciativas de paz en los últimos años, incluida la más justa, razonable y viable de las redactadas hasta la fecha: la de Ginebra. Éxito o Una mujer palestina y un vendedor callejero, en Ramala, entre carteles electorales fracaso. Sin término medio. Sin soluciones de compromiso. Sin paréntesis. Sin plazos. Sin acuerdos interinos que la fuerza de los atentados suicidas, los hechos consumados, la ocupación, el muro ilegal, los asentamientos judíos, se llevan por delante. Éxito o fracaso que dependen de muchas cosas, aunque no de tantas. Dependen, por ejemplo, de que Abu Mazen sea capaz de poner fin a la violencia, de desmilitarizar una Intifada que debería volver a sus orígenes populares, como destaca el sociólogo de Ramala, Jalil Shikaki: No vale la excusa de la guerra civil entre los palestinos. No hay ningún peligro de guerra civil. Resulta imprescindible crear un marco propicio para que las medidas que se apliquen sean eficaces. Y ese marco debe facilitarlo Israel, que sólo lo hará bajo la presión internacional. Y esa presión internacional sólo apretará a Sharón cuando se compruebe sobre el terreno que los atentados suicidas, por ejemplo, no sólo han sido aparcado sino que ni siquiera se piensa en sacarlos del estacionamiento de vehículos viejos y usados Problema. Hamás, el Yihad Islámico y las propias Brigadas de los Mártires de Al Aqsa, brazo armado de Al Fatah, el partido de Mahmud Abbas, se muestran reacias a abandonar la resistencia activa mientras dure la ocupación. No habrá tregua, no pondremos fin al lanzamiento de cohetes Qassam asegura desde Gaza el portavoz del Movimiento de Resistencia Islámico, Sami Abu Zuhri. Abu Mazen es un hombre práctico, pragmático. Así le ven los palestinos, por eso va a ganar las elecciones explica el profesor Klein. Sabe que sin poner fin a la violencia poco le puede ofrecer Israel. Pero no debe pensar sólo en Israel, debe pensar también en su pueblo, y su pueblo, entre otras muchas cosas, necesita trabajar y comprobar que la economía se recupera El factor económico Desde el periodo de los Acuerdos de Oslo, hace más de una década, los palestinos han recibido la friolera de ocho mil millones de dólares en ayudas internacionales. De ese dinero, un tercio ha sido invertido en infraestructuras físicas y sociales: escuelas, carreteras, clínicas, depuradoras, edificios públicos, red eléctrica, combustible... Otro tercio se ha dedicado a cubrir las necesidades presupuestarias de la ANP: pagos a funcionarios, Fuerzas de Seguridad y policías, etcétera. Y el último tercio se ha perdido en un laberinto de corporaciones financieras, de monopolios de dudoso origen, que ha alimentado una corrupción desbocada y que ha dañado considerablemente la imagen de los políticos entre su propia gente. Acabar pues con la corrupción, ponerle coto como viene haciendo en los últimos años el ministro de Finanzas, Salam Fayyad, con el apoyo y el visto bueno de la comunidad internacional, se antoja imprescindible. Como también lo es, según informes del Banco Mundial (BM) y de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) la necesidad de apartar las ma- Suspense internacional Pese al entusiasmo que despierta la nada hipotética victoria de Abbas en Washington, Bruselas, Ammán, El Cairo y Tel Aviv, las primeras señales recibidas en el pequeño café de la Ciudad Vieja de Jerusalén Este no son demasiado positivas. Es verdad que toda la comunidad internacional, casi sin excepciones, se ha acercado a Ramala en las semanas previas a la descafeinada campaña electoral para depositar con antelación su papeleta impresa en España en las urnas danesas: en todas y cada una de ellas, el mismo nombre sin distinción: Mahmud Abbas. Pero también lo es que lo más positi- Abbas siente el peso de las esperanzas que se han depositado sobre él. Tantas, que el fracaso sería trágico. Nadie quiere más plazos El israelí Sharón contribuye al optimismo que se esfuerzan en sentir en Washington, Bruselas, El Cairo... Un optimismo medroso y escarmentado