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ABC DOMINGO 9 1 2005 Sociedad 53 Éramos conscientes de que al final nos matarían a todos para no dejar testigos recuerda un superviviente que se hizo una colección particular de cerebros de niños minusválidos para sus investigaciones. Sobre la inmoralidad de lo que allí sucedía habla el sistema de fachadas con que la SS embellecía hacia afuera sus programas. Además de investigadores extranjeros, a la parte visible de la clínica fue invitada incluso la prensa foránea. La medicina que allí se ejercía consistía esencialmente en ejecución de enfermos y experimentos médicos con seres humanos, según los organizadores. Para los presos sólo había un mínimo tratamiento para prevenir epidemias y mantener la fuerza de trabajo, mientras enfermos y discapacitados eran seleccionados para las cámaras de gas o experimentaciones médicas. Miles de detenidos murieron a resultas de prácticas médicas indecorosas, justificadas por mor del progreso científico. Abandono de la ética médica La recolectada biografía de cuatro prominentes científicos implicados en los crímenes revela la tipología de quienes abandonaban toda ética médica, esencialmente científicos ambiciosos y aprovechados, antisemitas o simplemente sádicos Saul Oren, que entonces tenía 14 años, recuerda que cada día temblábamos ante el examen de los médicos En Sachsenhausen el frío Dr. Ehrsam fue el iniciador, y era conocido entre los presos como Dr. Grausam (brutal) por realizar amputaciones sin motivo alguno; en 1938 fue sustituido por el Dr. Jung, que en el crudo invierno de aquel año realizó sus experimentos sobre la capacidad del ser humano, sus tejidos y órganos para soportar la congelación; luego vinieron el Dr. I, el Dr. Ortsmann, el Dr. II, quien inoculaba tifus, tuberculosis y bacterias y venenos para probar antídotos; y los doctores Enbisch, Günther, Hempel, Horst, Winkelmann, Lucas, Hattler, Frohwein, quien experimentó infecciones urinarias en las ve- Prisioneros hacinados en un campo de concentración de la Alemania nazi jigas de los presos y publicó en Der Chirurg sus resultados, tal como denuncia en la exposición Witold Zegarski, una de sus víctimas. Y los médicos Rein, Lewe, Baumkotter, Schulz y Mutig, quienes entre otras cosas probaron munición sobre los prisioneros, granadas químicas y de fragmentación, balas explosivas, venenosas o que contagiaban hepatitis, septicemia, tuberculosis y tifus, o cargaban el proyectil con preparados para ralentizar el funcionamiento del corazón o crear insomnio. Aquí realizaron los científicos de la SS las pruebas con gas monóxido y Zyclon B, entre otros, que los médicos tenían que observar hasta establecer que producía muerte no sangrienta en 3 a 15 minutos En los últimos días, aún 550 enfermos fueron trasladados a Bernburg y Pirna y gaseados. A la inauguración han asistido algunos supervivientes, acompañados por la ministra de Sanidad y el presidente del Consejo Central de los Gitanos y Zíngaros, Romani Rose. Muchos de los que aún viven han cedido documentos y pruebas de su peripecia dice Ley. Un superviviente, presente en la inauguración, dijo que siempre fueron conscientes de que al final nos matarían a todos para no dejar testigos Los barracones RI y RII de la Enferme- AP ría han sido restaurados, y formaban parte importante en la red de experimentos médicos del nacional- socialismo y su programa sobre la mejora de la salud del pueblo alemán y el descarte de vidas indignas Durante décadas, el pueblo de Oranienburg, del que forma parte Sachsenhausen, intentó ignorar el campo de concentración en el que habían trabajado muchos de sus vecinos. Ha habido que realizar una exposición especial para abrir los ojos a los propios habitantes sobre el fantasma con el que conviven, reconoce el alcalde Hans Joachim Läsicke: Ahora todos lo saben, más vale tarde que nunca