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52 Sociedad DOMINGO 9 1 2005 ABC El trabajo os hará libres queda escrito en la verja de entrada al campo de concentración de Sachsenhausen AFP Una exposición en el campo de concentración de Sachsenhausen (Alemania) muestra ahora cómo el progreso médico cabalgó sobre la deshumanización ante la avidez y el poder científico en el III Reich El fantasma de Sachsenhausen TEXTO: RAMIRO VILLAPADIERNA BERLIN. Esto era uno de los quirófanos más modernos de su tiempo, pero no se hizo para curar a nadie muestra la comisaria de una exposición única, descorazonadora, de la que se sale con un intenso frío. Mengeles hubo muchísimos, ambiciosos, amorales, con la soberbia que da el respaldo de la ciencia, como lo han atestiguado historiadores como Ernst Klee, Martin Lugmayr o la doctora Astrid Ley, que dirige esta exposición. Un capítulo poco estudiado sale a la luz dice Günter Morsch, que está al frente del complejo conmemorativo del campo de concentración de Sachsenhausen, a 42 kilómetros de Berlín, uno de los cuatro primeros campos, levantado con la llegada misma del partido nazi al poder en 1933. Tan poco estudiado que hasta hace poco la ciencia alemana se cuidó mucho de ocultar el destino posterior a 1945 de muchos de los experimentos y grandes nombres que abusaron de la rebaja moral del nazismo, como ha revelado Ernst Klee en Los médicos del Reich y Eutanasia: La aniquilación de vidas indignas Más tarde, en Qué hicieron, quiénes fueron apuntó sobre médicos, juristas y profesionales implicados en dar cobertura a la experimentación y el exterminio conocido como programa T 4. Entre 20 y 30 experimentos fueron desarrollados en la Enfermería de Sachsenhausen, entre 1936 y 1945, por cuenta de las mayores instituciones científicas de Alemania, que entonces figuraba a la cabeza de la ciencia mundial: la Sociedad Max Planck o el Instituto de Psiquiatría de Viena, el Instituto de Antropología, Genética y Eugenesia Kaiser Wilhelm, al que Ernst Klee considera como el centro de gravedad científico del programa nazi de la Higiene Racial por el gasto que ocasionaban a la administración o por su origen o su orientación política, sexual o religiosa. En febrero de 1945, cuando el Ejército Rojo alcanzaba el Oder, a 80 kilómetros de Berlín, los médicos de la SS seguían ejecutando pacientes e impedidos, explica la comisaria. Los que quedaban estaban hacinados, tres en cada cama Una parte está dedicada a políticos y conjurados del atentado contra Hitler de 1944, trasladados aquí para los infaustos interrogatorios de la SS; Medicina y Crimen La antigua sección de patología y la morgue son sobrecogedoramente parte de esta exposición montada con un millar de documentos y sobre 800 m 2 del barracón original de la Enfermería: Aquí estaba el quirófano donde tantas veces se extraían órganos en vivo, muestra la comisaria Astrid Ley. La exposición Medicina y Crimen examina los ángulos de la colaboración entre ciencia, deshumanización de la persona y política, desde la asistencia médica y farmacéutica a las investigaciones y experimentos con prisioneros de campos de concentración, hasta el exterminio de pacientes y, posteriormente, de personas consideradas como lastres o indeseables, fuese Entre 20 y 30 experimentos fueron desarrollados de 1936 a 1945, por cuenta de las mayores instituciones científicas de Alemania No sólo los nazis utilizaron a los científicos, sobre todo éstos usaron a los nazis para violar preceptos profesionales otra, al programa de investigación sobre el pueblo gitano, a cargo del afamado Ritter Institut, que sirvió para justificar científicamente el exterminio de esta etnia, así como la eutanasia de enfermos y la castración y esterilización de detenidos con distintas dolencias o anormalidades. Dibujos de la enfermería realizados por prisioneros atestiguan la sospecha de lo que tras sus muros sucedía. No sólo los nazis utilizaron a los científicos, sobre todo éstos usaron a los nazis para violar preceptos profesionales, decía este experto en la presentación de su libro La medicina alemana en el III Reich donde traza la inverosímil carrera, antes y después de 1945 de unos 750 médicos, algunos incluso premio Nobel. Así, la genetista Karin Magnussen contó para sus experimentos con el beneficio de cientos de ojos provenientes de ejecutados en los campos de Auschwitz- Birkenau, que le enviaba el propio Josef Mengele. El director del Instituto Kaiser Wilhelm, Otmar von Verschuer, cuyo asistente había sido Mengele, obtendría irónicamente en 1951 la primera cátedra alemana de Genética Humana; y el premio Nobel de 1939 Adolf Butenandt, el fisiólogo Heinrich Kraut, el doctor Siegfried Kreff o Julius Hallervorden,