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38 Internacional DOMINGO 9 1 2005 ABC Chunibhai Vaidya ÚNICO SUPERVIVIENTE DE LOS PRIMEROS SEGUIDORES DE GANDHI El Hermano Paterno como se le conoce en toda India, tenía 14 años cuando conoció al Mahatma. Su teoría de la no- violencia sigue siendo válida LA SEMANA INTERNACIONAL LOS OLVIDADOS DEL PARAÍSO Las burbujas de lujo para los turistas han desaparecido pero la miseria y las enfermedades se quedan multiplicadas por los efectos de la catástrofe MIGUEL SALVATIERRA En la India y en el mundo no hay otra salida que pensar en el otro TEXTO Y FOTO JESÚS BASTANTE, ENVIADO ESPECIAL AHMEDABAD (GUJERAT) Chunibhai Vaidya pertenece a esa extraña clase de personas bajo cuya presencia el ambiente se imbuye de silencio y respeto, en el que cada palabra y cada gesto cuentan. A sus 90 años, Tunikaka o el Hermano Paterno como se le conoce en toda India, es el último superviviente del grupo de intelectuales que ha mantenido viva la herencia intelectual y política de Mahatma Gandhi, el padre de la patria india. Siempre ha vivido en la misma casa de Ahmedabad- -la ciudad en la que nació y vivió Gandhi- donde nos recibe embutido en un sari blanco, con apenas un leve jersey naranja de punto. Habla despacio pero emocionado de los primeros años de la revolución de la no- violencia del Mahatma, la misma que impulsó a Luther King en Norteamérica, a Nelson Mandela en Sudáfrica y a millones de personas en todo el mundo, pese a que otros prefieran seguir votando a Bush ¿Qué recuerda del Mahatma Gandhi? -Tenía 12 o 13 años cuando le conocí. En aquellos años, la atmósfera humana y política vivía absolutamente impregnada por las ideas de Gandhi, por la independencia de la India a través de la no- violencia. Durante mi vida, he leído y estudiado las más de 33.000 cartas que él escribió en vida. Jamás se dejaba llevar por las emociones. Fue un gran intelectual y un referente mundial. La idea que más me impresionó de Gandhi fue el control. Era un ser tan frugal y austero para sí mismo, que consiguió que muchos dieran todo lo posible a los más pobres. ¿Qué queda hoy de Gandhi en la India? -Muchísimas cosas. Gandhi, después de muerto, ha sido una de las mayores fuentes de energía no sólo en la India, sino en todo el mundo. Su teoría de la no- violencia y de la educación para todos sigue siendo válida hoy en día. Una de las grandes ideas de Gandhi era que el pueblo fuera el gran protagonista y centro de todas las actividades políticas. Gandhi creía en la república del pueblo, que cada pueblo fuera una república en la que todos trabajasen en común y se resolviesen así sus necesidades. En la India estamos intentando, pueblo por pueblo, llevar esto a cabo. -Esta idea puede sonar trasnochada en un mundo tan globalizado como el nuestro... -Puede que sí. De hecho, son pocos los que todavía visitan pueblo tras pueblo para tratar de convencer a la gente de que deben ser autosuficientes, darse los unos a los otros para progresar, y es muy difícil convencer. Pero en la India y en el resto del mundo no hay otra salida que pensar en el otro. Queremos conseguir que la aldea sea el centro de la actualidad económica, porque en la actual era de la globalización los que más sufren viven en estos poblados. Todos los planes económicos de todas las aldeas de la India de- Gandhi decía que había que explotar la naturaleza en beneficio propio es una forma de violencia ben configurar el plan económico del país, y no al revés. Gandhi decía que la felicidad no consiste en tener más y más. Él se bañaba todos los días con el agua que recogía en un pequeño cubo, y cuando le decían por qué no utilizaba más, viviendo como lo hacía cerca del río, él siempre contestaba: El río es para todos. Yo sólo puedo utilizar lo mínimo necesario Es la doctrina opuesta a la seguida en Occidente: usar lo mínimo para sí, y dar lo máximo a los demás. Eso hacía Gandhi, y esto tratamos de hacer. ¿En qué se basa exactamente su trabajo? -En reconocer que los grandes problemas que tiene la gente son los económicos y de participación ciudadana. Hay que educarlos en ellos, porque si la gente se educa en estas dos cuestiones, será muy difícil que caiga en el fundamentalismo. Esto ha pasado en Gujerat, donde gobiernan los fundamentalistas hindúes (VJP) Antiguamente, eran el pueblo quien hacía que las necesidades básicas se cumpliesen. Queremos una mayor participación del pueblo en las decisiones económicas, porque en esta era de globalización los que más sufren son los que viven en los pequeños pueblos. El trabajo no es fácil, porque los políticos utilizan la religión para sus intereses, y eso en un país como la India es muy importante. -Antes hablaba de la doctrina de no- violencia postulada por Gandhi. ¿Todavía hoy es posible? -Gandhi decía que había que enseñar a la gente que explotar la naturaleza en beneficio propio es una forma de violencia contra ella y contra los otros. Lo que vale para la naturaleza, vale para todo. Tratamos de convencer a los aldeanos del rechazo a la violencia y de que la felicidad no esta en la posesión de las cosas. El maestro hablaba de la no- violencia como la manera del hombre sencillo para enfrentarse a todas las armas de la Humanidad. P arece como si las catástrofes se cebaran siempre en los mismos. Los mismos cuyo estado natural es ya un desastre crónico. Indonesia, Tailandia, Sri Lanka, Turquía, Centroamérica, Haití. La frase surge por sí sola: a perro flaco todo son pulgas La miseria, el hambre, la falta de infraestructuras, el estado sanitario y, en suma, el subdesarrollo hace que los efectos del terremoto, maremoto o inundaciones se multiplique por cien o por mil y dispare el número de víctimas. También hay clases en este tipo de tragedias. La zona del Pacífico sí tiene alerta de tsunamis la del Índico, no. Un terremoto en la ciudad iraní de Bam con construcciones de adobe no tiene los mismos efectos que en Japón o Los Angeles, donde se aplica la tecnología punta en detección de seísmos. Los muertos también suelen tener distinto tratamiento informativo. La magnitud de la tragedia de Asia ha superado todos los baremos, pero con toda probabilidad si se hubiese limitado a unos treinta mil muertos, probablemente a estas alturas la noticia hubiera desaparecido de los medios de información. Y no son sólo los medios, la solidaridad y la ayuda se movilizan en un primer momento, pero a las semanas caen en picado. El propio secretario general de la ONU, Kofi Anan, instó esta semana a que la ayuda prometida al sudeste asiático no corra la misma suerte que la de Bam tras el terremoto y se quede en meros anuncios sobre el papel. Las ONG y la gente que trabaja sobre el terreno destacan la importancia de este aluvión de ayuda inmediata pero insisten en la extrema necesidad de su continuidad. Miles de personas se encuentran prácticamente a la deriva sin sustento ni medios para conseguirlo en un largo periodo de tiempo. Esos paraísos afectados por el maremoto con sus espléndidos hoteles, instalaciones hoteleras y puertos deportivos no pueden ocultar la realidad de que se encuentran en zonas olvidadas, subdesarroladas con escasas o mínimas infraestructuras. Las burbujas de lujo para los turistas han desaparecido pero la miseria y las enfermedades se quedan multiplicadas por los efectos de la catástrofe. De nuevo surge el debate sobre los fondos para el desarrollo, sobre la necesidad de que se dé preferencia a los sectores más vulnerables, que alcance a las zonas más alejadas y que se vincule a la reconstrucción. También surge la exigencia de que exista una estrecho control sobre la administración de esa ayuda para impedir que se desvíe y caiga en manos poco escrupulosas o simplemente se pierda. Estas tragedias sirven también para recordar que con el tercer mundo hace falta algo más de solidaridad y ayuda desinteresada. El Wall Street Journal publicaba el jueves una información en la que llamaba la atención sobre la brutal diferencia entre las tarifas aduaneras aplicadas a Sri Lanka y a los países escandinavos. El país asiático pagó por sus exportaciones 238 millones de dólares, algo más que el total pagado por los nórdicos (227 millones) aunque estos últimos vendan a EE. UU. doce veces más que Sri Lanka. Viva el libre comercio.