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46 Sociedad SÁBADO 8 1 2005 ABC Salud CALEIDOSCOPIO JOSÉ MARÍA FERNÁNDEZ- RÚA ENFERMEDADES CORONARIAS CONTROL DEL PARKINSON Dos estudios vinculan una proteína al desarrollo de enfermedades del corazón Rebajar la CRP puede ser tan beneficioso como controlar el colesterol b El siguiente paso de las investi- E l primer nombre que aceptó la comunidad científica a principios del siglo XIX fue parálisis agitante, pero como es habitual en medicina la enfermedad lleva el nombre de su descubridor. Así, James Parkinson fue el primero en describir en 1817 este trastorno neurodegenerativo, que es consecuencia de la degeneración de los ganglios basales, áreas neuronales específicas situadas en la base del cerebro y que son las encargadas de la coordinación de los grupos musculares y otras funciones. El principal neurotransmisor de estas neuronas es la dopamina, que se halla en una cantidad muy deficiente en los pacientes con Parkinson. La mayor parte de los síntomas de esta enfermedad están causados por una reducción significativa del neurotransmisor dopamina, sintetizado en las neuronas de la sustancia negra y responsable de los movimientos voluntarios. Por ello, la mayor parte de las investigaciones se han dirigido al desarrollo de las drogas dopaminérgicas, con las que se pretende reemplazar la dopamina perdida, imitar su acción o detener su destrucción. Aunque se trata de una enfermedad lentamente progresiva, cuyos síntomas empeoran a medida que pasa el tiempo, responden bien al tratamiento terapéutico, concretamente con levodopa, que se considera desde hace cuarenta años la piedra angular en la terapia contra el mal de Parkinson. Los neurólogos han constatado que, con el tiempo, puede suceder que los síntomas comienzan a reaparecer antes del momento de la toma de la siguiente dosis del medicamento. A medida que se hace más evidente, el lapso de tiempo durante el cual se experimenta una buena respuesta a esa molécula se hace más corto y el intervalo durante el cual se sucede una respuesta deficiente puede alargarse. Para la doctora Rosario Luquin, vicepresidenta de la Sociedad Española de Neurología, una estimulación dopaminérgica contínua, con levodopa, carbidopa y entacapona, podría cambiar el desarrollo de las complicaciones motoras de la enfermedad y también su tratamiento. Asimismo, una serie de estudios científicos basados en fundamentos teóricos de que una estimulación dopaminérgica más prolongada puede asociarse a menores complicaciones a largo plazo, tratan de demostrar que en la práctica se acompañan de ventajas a largo plazo para los pacientes con Parkinson. gaciones será averiguar si la reducción de los niveles de esta proteína puede prevenir accidentes cardiovasculares en personas sanas ALFONSO ARMADA. CORRESPONSAL NUEVA YORK. Dos estudios publicados en la revista New England Journal of Medicine aseguran que controlar el nivel de la proteína CRP podría servir para proporcionar preciosos indicios acerca de un inminente ataque cardiaco. Ahora contamos con serias evidencias clínicas de que reducir la CRP es por lo menos tan importante como rebajar el nivel de colesterol si se quiere prevenir un ataque de corazón, declaró al New York Times el doctor Paul Ridker, del Brigham and Women s Hospital de Boston. Ridker encabeza uno de los dos equipos que ha investigado el impacto de una proteína secretada por el cuerpo conocida como CRP (proteína reactiva C, como se la conoce en el mundo anglosajón) Un segundo estudio, del que daba profusa cuenta el Times el jueves en su primera página, dirigido por Steven E. Nissen, de la Clínica de Cleveland, hacía sin embargo especial hincapié en la necesidad de efectuar más estudios clínicos que prueben de manera inequívoca que el CRP causa enfermedades coronarias. Ambos estudios, sin embargo, concluyeron que el CRP sirve para pronosticar un ataque cardiaco. Equipo de reanimación cardiaca en un centro sanitario de Gijón los interrogantes suscitados a raíz de la publicación de los dos estudios, Ridker quiere ahora descubrir si reduciendo los niveles de CRP pueden prevenir ataques cardiacos en pacientes que no sufren obstrucciones coronarias u otro tipo de problemas cardio- JOAQUIN BILBAO Luz de alarma de un ataque cardiaco Como la mayor parte de las investigaciones han tenido como conejillos de indias a pacientes con graves enfermedades cardiacas, sigue siendo una incógnita si las personas sanas podrían beneficiarse de una reducción en sus niveles de CRP, un dato que se puede verificar mediante un análisis de sangre. La proteína que podría servir de verdadera luz de alarma de un paro cardiaco se produce en el hígado, en las paredes de las arterias coronarias y puede que en otras cavidades del cuerpo. El hecho de que los niveles de CRP se puedan rebajar mediante el ejercicio físico, la reducción de peso excesivo o el abandono del tabaco ha llevado a algunos expertos a deducir que el CRP es un indicador de riesgo, no el causante del mal, igual que el pelo cano es indicio de envejecimiento. El cardiólogo Valentín Fuster, ex presidente de la Asociación Americana del Corazón y director del Instituto Cardiovascular de la Escuela de Medicina Monte Sinaí, en Manhattan, considera que los estudios recién publicados están no sólo diciendo que el CRP es un factor de riesgo en sí mismo sino que deberíamos tratarlo de forma agresiva. Para responder a algunos de La proteína se produce de forma natural en el hígado y en las paredes de las arterias coronarias vasculares. En la nueva pesquisa tomarán parte 15.000 personas con niveles de colesterol normales, pero grados de CRP por encima de dos miligramos por litro de sangre (el nivel considerado normal es de un miligramo) La reveladora proteína fue descubierta hace setenta años por investigadores que trataban de averiguar por qué algunos tipos de bacteria desencadenaban enfermedades y otros no. Hace medio siglo, recordaba el Times médicos y analistas clínicos descubrieron que después de un ataque cardiaco la sangre estaba saturada de CRP. El alcoholismo aumenta un 45 el riesgo de sufrir isquemia cerebral Los hombres que toman tres o más bebidas alcohólicas por día aumentan en un 45 por ciento sus posibilidades de sufrir isquemia cerebral en comparación con los no bebedores, según un estudio del Beth Israel Deaconess Medical Center de Boston y la Harvard School of Public Health (Estados Unidos) que se publica en la revista Annals of Internal Medicine informa Europa Press. Durante este estudio también se descubrió que aunque los bebedores con niveles de consumo de alcohol menores parecían no tener riesgos mayores que aquéllos no bebedores cuando se producía un ataque isquémico, la frecuencia con la que consumían alcohol podía influir ligeramente en su propensión a esta dolencia. Los expertos se refieren a los ataques isquémicos como ataques cerebrales ya que esta enfermedad se desarrolla cuando una arteria en el cerebro se ve bloqueada por un coágulo de sangre. La privación de oxígeno y nutrientes en el cerebro puede provocar daños cerebrales o la muerte. El estudio se realizó durante 14 años y en él participaron 38.156 hombres de entre 40 y 75 años de edad. Los investigadores examinaron la cantidad media de alcohol consumida; los patrones de bebida; el tipo de bebidas consumidas (cerveza, vino tinto, vino blanco o alcoholes) Además analizaron la incidencia de ambos subtipos de ataques isquémicos: las embolias y los trombos.